Por Carlos Villacís*

La realidad y la ficción se parecen tanto que, en estos tiempos profundamente mediáticos, es muy dificil distinguir las líneas que la separan. Esto aconteció en estos días, ante nuestros ojos, en las últimas elecciones presidenciales realizadas en los Estados Unidos, donde triunfó el demócrata Joe Biden, enterrando al fascista republicano Donald Trump.

Por Jaime Chuchuca Serrano

A día de hoy, EE.UU. sigue siendo la principal potencia mundial aunque está siendo desplazada en varios asuntos estratégicos por China, con la que se disputa la hegemonía mundial. De 1944 a 1991, EE.UU. consolidó el imperialismo financiero y venció a la Unión Soviética en la guerra fría. El capitalismo tiene varias fracturas irreparables y desde 2008 ha caído en una crisis hasta ahora insuperable, peor con la pandemia en la que varios mercados fueron bloqueados y se contrajo la producción. La reacción ciudadana se reactivó con las movilizaciones mundiales desde agosto y entraron al corazón de norteamericano con el asesinato de odio a George Floyd.

Por Jaime Chuchuca Serrano

Después de la Segunda Guerra Mundial, EE.UU. se convirtió en el centro imperialista mundial. Europa continúo bajo su égida y la guerra fría con la URSS duró hasta el desplome de esta última en 1991. Sin embargo, desde 1929 no había tenido una crisis tan abismal como ahora. El desgobierno del republicano Donald Trump es el gran culpable. La contracción del PIB del segundo trimestre de 2020 fue de 9,5%, algunos creen que el espasmo en el consumo llega al 32,5% o 35%*. El economista estadounidense James Kenneth Galbraith, así como otros, dicen que la principal causa de la contracción del PIB es la caída del consumo. 

De la doctrina Monroe a la diplomacia del palo y la zanahoria.

Desarrollar un ejercicio de aproximación a la situación de las economías latinoamericanas y en particular a la de nuestro país, supone ubicar la problemática en el contexto de la estrategia seguida por las economías centrales, especialmente EEUU y su gobierno de turno, en el marco de sus políticas de supremacía en la región.

Por nuestro enviado especial

EE.UU., 26 de julio

En esos días en Washington sólo se escuchaba hablar del testimonio del fiscal especial Robert Muller, quien durante más de dos años estuvo investigando, a solicitud de las autoridades de justicia norteamericanas, si había habido injerencia extranjera en las elecciones presidenciales de 2016.

En contexto

Después de la Segunda Guerra Mundial, Alemania fue dividida en la parte occidental que mantuvo relaciones capitalistas de producción y la oriental que estableció la propiedad social de los medios de producción. Mientras Alemania occidental registraba en un crecimiento económico significativo hasta constituirse en la mayor economía de Europa y elevaba el nivel de vida de la población, en Alemania Oriental las condiciones económicas y sociales eran diferentes, y además la población no podía movilizarse libremente fuera de sus fronteras.