Carteles, tambores, pitos y consignas llenaron el ambiente. La cantidad de policías y militares era impresionante. Era como si estuviéramos en guerra. Y no, no estaban donde en realidad se los necesita. Llegaron -con órdenes superiores- para hacerse los gallitos y súper machos en contra de hombres, mujeres y abuelos. Todos sabían que más temprano que tarde los iban a reprimir.
Luis Noboa Naranjo amasó una fortuna. Se volvió el hombre más rico y poderoso del Ecuador. Pero al principio -cuentan sus biógrafos, pagados por su familia- era pobre hasta el dedo meñique del pie, mucho más, hasta el uñero del mismo dedo. Esta es una breve biografía de quien demostró que el pobre es pobre porque quiere, porque si no quisiera ya hubiesen12 millones de Noboas explotando a los otros… explotando sus talentos.
Me voy con la conciencia tranquila. Cumplí la orden que me dieron el día que me posesionaron los trujillos: perseguir y destruir a Correa y su gente. Había que acabar con esos autoritarios, prepotentes y perseguidores. Así lo hice. Y sí, confieso que, salvo dos o tres casos importantes, nunca he podido actuar con autonomía.
Posiblemente es un tema que no les interesa mucho a las nuevas generaciones. Ellos dirán: cosas de viejitos y juntitos. Pero si para algo sirve el periodismo es para hacer memoria de aquellos hechos que marcaron a toda una generación. Hablar del cine Alhambra, por ejemplo, debe ser para los jóvenes de hoy como si les contaran sobre los discos acetato o los casets de cinta o el teléfono de disco. Nostalgia de abuelos.