Carteles, tambores, pitos y consignas llenaron el ambiente. La cantidad de policías y militares era impresionante. Era como si estuviéramos en guerra. Y no, no estaban donde en realidad se los necesita. Llegaron -con órdenes superiores- para hacerse los gallitos y súper machos en contra de hombres, mujeres y abuelos. Todos sabían que más temprano que tarde los iban a reprimir.
Por Ela Zambrano
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