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viernes, marzo 6, 2026

Ajuste sin recesión, ajuste con sensatez

Por Alberto Acosta y John Cajas-Guijarro*

El Ecuador enfrenta una coyuntura llena de urgencias fiscales y con un ambiente internacional muy complejo –incluyendo el efecto del coronavirus– que estrangula las cuentas externas. Sin embargo, tales urgencias solo manifiestan una crisis económica estructural, profunda y de larga duración.

Entre una crisis estructural y una fragilidad mortal

Una crisis en donde se combinan la dependencia extractivista; la falta de transformación de la matriz productiva; los elevados niveles de concentración de mercados, finanzas y riqueza; la incapacidad de generación de empleo de calidad; el aumento del empleo inadecuado y la pobreza (con mayor Ć©nfasis en las zonas rurales y campesinas); una producción y una demanda interna estancadas por aƱos; la existencia de problemas – quizĆ” hasta monetarios – que han obligado a sostener la liquidez interna (en especial del sector fiscal) vĆ­a endeudamiento externo agresivo; y, por supuesto la falta de una polĆ­tica económica coherente e integral.

“[…] la coyuntura internacional coincide con un momento en el cual al paĆ­s se le ha vuelto extremadamente cara la colocación de mĆ”s deuda externa, con un Ć­ndice de riesgo paĆ­s cercano a los 2 mil puntos (implicando que, en promedio, la deuda ecuatoriana se cotiza con una tasa de interĆ©s 20 puntos mayor a los bonos de tesoro de los Estados Unidos)”.

Esa crisis estructural, que se expresa por la enorme fragilidad del país ante shocks externos, empezó a ser mÔs visible desde fines de 2014. Ahora esa crisis se vuelve cada vez mÔs grave. Para el presente año 2020 el gobierno ecuatoriano estimó un precio de exportación del barril de crudo ecuatoriano de 51,30 dólares, con lo cual se esperaba obtener un ingreso al presupuesto de 3.261 millones de dólares. Sin embargo, con la abrupta caída del precio del petróleo vivida el 9 de marzo de 2020 (con un precio internacional del crudo que pasó de 45 a alrededor de 30 dólares por barril en apenas un día), el barril de crudo ecuatoriano pasó a cotizarse en alrededor de 20 a 22 dólares, prÔcticamente mermando los ingresos petroleros presupuestados para el año (mÔs si se toma en cuenta que en varios campos petroleros, los costos de extracción superan ampliamente los 20 dólares por barril).

Para colmo, la coyuntura internacional coincide con un momento en el cual al país se le ha vuelto extremadamente cara la colocación de mÔs deuda externa, con un índice de riesgo país cercano a los 2 mil puntos (implicando que, en promedio, la deuda ecuatoriana se cotiza con una tasa de interés 20 puntos mayor a los bonos de tesoro de los Estados Unidos). Si bien este indicador es mÔs que cuestionable, en especial por su carÔcter especulativo, es innegable que es una muestra de cuÔn frÔgil se ha vuelto la capacidad del Ecuador de acceder a los mercados financieros para obtener mÔs deuda.

Ante una crisis estructural tan compleja y con coyunturas mortales rondando en el aire, es urgente proponer medidas de corto plazo coherentes que se combinen con un enfoque integral de largo plazo. Las urgencias fiscales no pueden primar por sobre otras urgencias que tambiƩn deben atenderse para evitar que la economƭa del paƭs pase del estancamiento a un colapso con resultados -y plazos- inciertos.

Como muestra de que las medidas fiscalistas y los tĆ­picos programas de austeridad no son ni económica ni polĆ­ticamente viables, se tiene a las medidas recesivas que el gobierno ecuatoriano ha intentado imponer en especial desde 2019 con la presión del acuerdo firmado con el Fondo Monetario Internacional (FMI); acuerdo que, por cierto, hace aguas a medida que el propio FMI ha retrasado desembolsos originalmente programados para marzo de 2020. Entre esas presiones a aplicar un programa prĆ”cticamente inviable, y el estancamiento económico de aƱos, el mayor resultado es claramente visible: una frustración y desesperanza crecientes, sobre todo en sectores populares cada vez mĆ”s abandonados en medio de la incertidumbre…

Tanto la experiencia histórica como las condiciones concretas de la economĆ­a ecuatoriana llaman a romper con la repetición de las viejas recetas de ajuste: recetas que son exigidas por grandes grupos de poder, en especial económico y polĆ­tico, que buscan aprovechar del momento para exigir mayores flexibilizaciones laborales y ambientales a pretexto de mejorar la ā€œcompetitividadā€ del aparato productivo. Apelar a las flexibilizaciones en tiempos de incertidumbre, con una estructura económica altamente informal, en donde los sectores que conectan al Ecuador con el resto del mundo funcionan principalmente bajo lógicas de enclave y con muy baja generación de encadenamientos productivos y de empleo de calidad, casi parece equivalente a dar un salto al vacĆ­o (y en donde quienes mĆ”s riqueza han concentrado sobrevivirĆ”n a costa del resto de la sociedad).

Los ajustes que apelan a una creciente liberalización y flexibilización con seguridad ahondarÔn aún mÔs el estancamiento, con efectos cada vez mÔs complejos e inciertos en términos económicos, sociales y también políticos. ¿Qué garantía existe de que la flexibilización laboral (mÔs de la que ya se ha aplicado en tiempos correístas y morenistas), aumente y mejore las condiciones de empleo?, ¿acaso empresas pequeñas y medianas que agrupan a mÔs del 70% de trabajadores podrÔn ampliar el empleo en medio de una demanda interna estancada?, ¿cómo pueden estos sectores financiar sus posibilidades de ampliar el empleo cuando instrumentos clave como el crédito se encuentran concentrados en muy pocos oligopolios financieros?

Es innegable que el Ecuador requiere de un ajuste económico urgente. El problema es que ese ajuste no se lo quiere aplicar a los poseedores del poder económico y político, sino a sectores populares y de clase media. En definitiva, la propia decisión de cómo ajustar no es un mero problema económico y técnico; es, ante todo, una cuestión política. Existen grupos que lucraron y siguen lucrando aún en medio de la crisis estructural que vive el país. Por un mínimo de sensatez, son esos sectores (incluyendo tanto a grandes capitales como a burocracias doradas) los primeros que deberían pagar los costos de un ajuste para enfrentar la crisis, mÔs aún en medio de las coyunturas mortales que se avecinan.

Dada esta necesidad de aplicar un ajuste urgente con capacidad incluso de reactivar el aparato productivo, aquí proponemos algunas ideas-fuerza para la discusión.

PolĆ­tica fiscal integral, eficiente y equitativa

Por un lado, la política fiscal debe asegurar el uso eficiente de los recursos del Estado, y por otro, debe basarse en un esquema tributario equitativo: el que mÔs gana y el que mÔs tiene debe contribuir mÔs, de manera no solo proporcional, sino progresiva. Bajo esta lógica, proponemos para la discusión algunos puntos.

Primero: Instrumentación de los ajustes tributarios planteados en la propuesta económica presentada por el Parlamento de los Pueblos a fines de 2019. En especial:

  • Incrementar al 4% la meta de recaudación de impuesto a la renta a los 270 grupos económicos mĆ”s ricos del paĆ­s. Con ese incremento, se podrĆ­a recaudar 1.223 millones de dólares adicionales por impuesto a la renta.
  • Imponer un impuesto o una contribución de 1% sobre los activos de los 270 grupos económicos, que permitirĆ­a obtener 1.157,2 millones de dólares.

“Un impuesto especial a ganancias extraordinarias, aplicable a empresas que sobrepasen, por ejemplo, el 20% de utilidades sobre el patrimonio; hay empresas como las telefónicas con utilidades anuales sobre patrimonio neto de mĆ”s del 90%”.

Adicionalmente cabrĆ­a introducir:

  • Un impuesto especial a ganancias extraordinarias, aplicable a empresas que sobrepasen, por ejemplo, el 20% de utilidades sobre el patrimonio; hay empresas como las telefónicas con utilidades anuales sobre patrimonio neto de mĆ”s del 90%.
  • Renegociar los contratos existentes en la concesión de petroleras, asegurando una rentabilidad mĆ­nima permanente para el Estado.
  • Incremento progresivo del impuesto a la renta para quienes ganan mĆ”s que el presidente de la RepĆŗblica.

Segundo: Proponemos implementar nuevas formas de pago a todos los servidores públicos (incluyendo burocracia, salud, educación, policía y fuerzas armadas) con salarios que superen los 1.500 dólares mensuales (en realidad debería ser de 1.200 dólares, monto promedio aproximado que se obtiene cuando se toma el PIB ecuatoriano, se lo mensualiza y se lo divide para la población trabajadora). Todos los sueldos que superen al mencionado nivel deberían pagarse en dos partes: los 1.500 dólares con dinero convencional, y el resto a través de bonos u otros mecanismos de pago -pudiendo incluirse al propio dinero electrónico- que no puedan ser inmediatamente canjeables por dólares ni que puedan usarse para transacciones en el exterior, que servirían para disminuir la necesidad de dólares por parte del Estado y para ampliar la capacidad de compra tan restringida por la propia crisis.

Tercero: El impuesto a la salida de divisas no debe eliminarse, sino racionalizarse. Ese impuesto debe aumentar para la importación de bienes de consumo suntuario y de lujo; mientras se reduce solo en la importación de insumos para la producción.

Cuarto:Ā Revisar el subsidio a los combustibles con criterios fiscales, productivos, sociales y ambientales, creando subsidios para el transporte masivo de personas y de carga.

Quinto: Rechazar todo intento de privatización de las empresas y activos estatales, pero tampoco tolerar la ineficiencia y falta de transparencia en su gestión.

Sexto:Ā Racionalizar el gasto pĆŗblico dentro del presupuesto militar y policial, lo que demanda una moratoria en la compra de armamento.

Séptimo: Es urgente replantear y transparentar el manejo de los recursos adquiridos por endeudamiento público. Es urgente liberar el crudo atado a las preventas petroleras pactadas desde el gobierno anterior.

PolĆ­ticas financieras de apoyo al empleo adecuado y de fortalecimiento monetario

La LĆ­nea de Fuego
El 8% de la población de Quito se encuentra en desempleo.

“[…] se debe romper el oligopolio bancario privado para fomentar masivamente el crĆ©dito productivo para empresas medianas, pequeƱas y micro, cooperativas y asociaciones, sector informal, priorizando a campesinos y demĆ”s sectores rurales, el turismo comunitario y el sector artesanal”.

Urge plantear medidas para generar empleo adecuado y mejorar ingresos, capacidad de consumo y en general la calidad de vida de una población que se estÔ quedando sin futuro. Población y sectores populares no merecen que se les cargue de forma injusta un ajuste económico. En este punto hay que buscar reducir los costos elevados para la producción que provocan las altas tasas de interés, en particular. Aquí el dinero electrónico y otras formas de pago pueden usarse, aclarando que su uso puede ser una posible tabla de salvación de la dolarización y herramienta para oxigenar la economía en este crítico momento. Todo, evidentemente, siempre que se aplique con sensatez y con los respectivos controles, y recordando que sostener la dolarización no puede ser el fin último de una economía que, en realidad, debería servir al bienestar de su población.

Primero: Desde la banca pública (con activa participación del Banco del Pacífico y del Banco del IESS) se debe romper el oligopolio bancario privado para fomentar masivamente el crédito productivo para empresas medianas, pequeñas y micro, cooperativas y asociaciones, sector informal, priorizando a campesinos y demÔs sectores rurales, el turismo comunitario y el sector artesanal.

Segundo: Otorgar créditos y microcréditos pre aprobados incluso usando dinero electrónico para facilitar el acceso a sectores actualmente no bancarizados (aquí se podría aprovechar la banca pública y el Banco del Pacífico, del cual rechazamos su venta).

Tercero: Brindar mayor apoyo a cooperativas, cajas de ahorro, y otras alternativas de financiamiento, a fin de completar el trabajo de la banca pública en la entrega de créditos comunitarios, créditos asociativos, con tasas de interés mÔs bajas que la banca privada.

Cuarto:Ā Eliminar todos los beneficios injustificados de la banca, como las comisiones por servicios bancarios.

Quinto: Impulsar masivamente el uso de dinero electrónico en la venta de combustibles y el pago de servicios bÔsicos (y mÔs adelante de impuestos). Para ello, y para el pago de salarios, es necesario que el dinero electrónico vuelva a manos del Estado y sea manejado de manera sensata a través de mecanismos y entes de control descentralizados.

Sexto: Romper las estructuras oligopólicas presentes en muchos mercados es una tarea urgente para permitir la inserción de empresas medianas y pequeñas, así como otras formas de organizar las actividades económicas en mejores condiciones en la economía nacional.

PolĆ­ticas productivas y comerciales coyunturales y estructurales

Para transformar de raíz la economía nacional es necesario replantear las estructuras productivas y comerciales del país. Tal transformación puede tener como base, los siguientes puntos mínimos.

Primero: Brindar seguimiento, asistencia técnica y apoyo permanente a emprendimientos micro, pequeños y medianos, cooperativos y asociativos, en especial aquellos financiados desde la banca pública y ubicados en sectores rurales, campesinos e informales.

Segundo: Eliminar la tramitología innecesaria para desarrollar actividades económicas, así como brindar acceso preferencial a permisos (p.ej. exportación), licencias y demÔs a medianas, pequeñas y microempresas, cooperativas y asociaciones de producción y consumo.

Tercero: Transformar el bono de desarrollo humano en un bono productivo y comunitario, de mayor monto y atado al incentivo de que, quien lo recibe, emprenda en actividades productivas; dicho bono se debería aumentar en el caso de compra de productos alimenticios de campesinos y pescadores artesanales. Nuevamente el dinero electrónico y otros mecanismos de pago podrían usarse para financiar esos incrementos.

Cuarto: Crear centros de acopio populares y de políticas de sustentación de precios que garanticen a los campesinos y ganaderos un precio adecuado a sus productos, liberÔndoles de tanta intermediación y sobre todo de la especulación.

Quinto: Redireccionar las compras públicas para ampliar los mercados sobre todo de la economía popular, comunitaria y solidaria priorizando la adquisición de sus productos. A su vez, lo programas de desayuno y almuerzo escolares deben cubrirse por productos de campesinos y pescadores artesanales de cada cantón, con la participación de padres y madres de familia, maestros y maestras, y el apoyo de los gobiernos locales.

Sexto: Empezar a planear propuestas desconcentración de los mercados y la riqueza en el mediano y largo plazo, incluyendo medidas anti-oligopolio, reforma agraria, medidas que rompan la concentración financiera y similares.

Todos los puntos que apenas enunciamos deben estar en sintonĆ­a con polĆ­ticas económicas que permitan transitar hacia una economĆ­a que se libere de las ataduras primario-exportadoras y de la fragilidad mortal del paĆ­s ante shocks externos. Por ello, tambiĆ©n anotamos como urgente la consolidación de un espacio democrĆ”tico de discusión de la polĆ­tica económica del paĆ­s encaminado, incluso, a recuperar la planificación de mediano y largo plazo. Sin un espacio de ese carĆ”cter, que permita la participación activa de amplios segmentos de la población en la construcción de alternativas, la polĆ­tica económica se seguirĆ” discutiendo Ćŗnicamente desde los escritorios y en beneficio de un puƱado de grupos de poder. O democratizamos la economĆ­a ahora y cargamos el ajuste a quienes realmente lo deben – y pueden – pagar, o nos preparamos para que los sectores populares vuelvan a pagar una crisis sobre la cual jamĆ”s tuvieron oportunidad de decidir.

“[es] urgente la consolidación de un espacio democrĆ”tico de discusión de la polĆ­tica económica del paĆ­s encaminado, incluso, a recuperar la planificación de mediano y largo plazo”.


*Alberto Acosta. Economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ministro de EnergĆ­a y Minas (2007). Presidente de la Asamblea Constituyente (2007-2008). Candidato a la Presidencia de la RepĆŗblica del Ecuador (2012-2013).Ā 

Ā *John Cajas Guijarro. Economista ecuatoriano. Profesor de la Universidad Central del Ecuador. Doctorante en economĆ­a del desarrollo en FLACSO-Ecuador.


La LĆ­nea de FuegoFotografĆ­a principal: Juicio Crudo.

La LĆ­nea de FuegoFotografĆ­a en texto: Referencial de Pixabay.

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1 COMENTARIO

  1. De nuevo algunas buenas ideas mezcladas con la estrategia desdolarizadora de usar el dinero electronico y bonos como hizo la Argentina kitchnerista y que condujo a eliminar la convertibilidad y estÔ conduciendo ahora a una inflación desvocada y ojalÔ no se repita la hiperinflación en ese país. La estrategia desdolarizadora a lo único que conducirÔ es a beneficiar a los parientes y amigos de Acosta Espinosa es decir los banqueros y especuladores financieros que practicarÔn como lo hicieron en los 90“s la gimnasia bancaria, esta vez desde sus computadoras personales.

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