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miƩrcoles, octubre 21, 2026

El anticorreĆ­smo gobierna al Ecuador

Galo Betancourt*
16 de abril de 2025

El anticorreísmo volvió a ganar. Y no fue un triunfo improvisado. Fue el resultado de una maquinaria política, mediÔtica y emocional que supo reconstruirse tras un inicio incierto en primera vuelta, capitalizando errores e imprudencias ajenas, reforzando símbolos de clase y alineando narrativas con los afectos mÔs bÔsicos del electorado. El anticorreísmo, mÔs que una corriente ideológica, es un sistema emocional y comunicacional profundamente enraizado en la sociedad ecuatoriana.

La imagen de una señora celebrando el triunfo de Noboa con un cartón, en medio de una inundación, resume con crudeza las múltiples contradicciones del Ecuador actual: el país mÔs peligroso de la región, sin empleo digno, sin inversión estatal, pero donde el anticorreísmo sigue ofreciendo una ilusión de pertenencia.

Porque valga decir que el anticorreísmo permite algo poderoso: unir a ricos y a sectores populares contra un enemigo común. La señora que celebra en la inundación y un hombre que vive en la vía a Samborondón pueden estar en orillas opuestas del modelo económico, pero por un instante comparten la misma victoria simbólica.

La clase media, especialmente en Quito y en menor medida en Guayaquil, encuentra tambiĆ©n en este relato una especie de alianza emocional con las Ć©lites: la lucha contra el correĆ­smo es tambiĆ©n la lucha contra ā€œel otro inferiorā€. El Movimiento IndĆ­gena y los sectores progresistas caben en el mismo saco de lo que ā€œno se debe serā€.

Rechazar al correísmo o al Movimiento Indígena no sólo es una postura política, es una forma de mostrarse y así distinguirse del pueblo que aún cree en lo público, en lo redistributivo, en lo colectivo.

Estamos frente a una sociedad que no privilegia los datos ni los proyectos de futuro, sino las emociones rÔpidas del algoritmo. Como diría Byung-Chul Han, la era digital no produce pensamiento crítico sino reacciones impulsivas. La política ya no se gana con propuestas, sino con frames, con memes, con tendencias. La gente no vota por quien gestiona, vota por quien representa una aspiración. Y vaya que Daniel Noboa, con su juventud, su familia de catÔlogo, su fortuna y su actitud bully, cumple con ese ideal.

En el Ecuador actual, la aspiración vale mĆ”s que la gestión. Se prefiere votar por quien supuestamente encarna al Ć©xito, aunque ese Ć©xito lo construya exclusivamente para su familia y para sĆ­ mismo. AhĆ­ radica el verdadero poder del anticorreĆ­smo: no en un programa polĆ­tico —porque no lo tiene— sino en su habilidad para representar una identidad aspiracional que se impone frente al miedo de un pasado manipulado, ese que hoy se usa para justificarlo todo.

“Rechazar al correĆ­smo o al Movimiento IndĆ­gena no sólo es una postura polĆ­tica, es una forma de mostrarse y asĆ­ distinguirse del pueblo que aĆŗn cree en lo pĆŗblico, en lo redistributivo, en lo colectivo”.

– Galo Betancourt


*Galo Betancourt, documentalista y comunicador audiovisual con mÔs de dos décadas de experiencia en el Ômbito público, académico y periodístico. Ha dirigido múltiples proyectos de comunicación institucional y ejercido la cÔtedra en universidades ecuatorianas. Reconocido con mÔs de diez premios, incluyendo el Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo, Categoría Institucional (2023 y 2024), ha combinado la creación audiovisual con el anÔlisis político. Su trabajo ha sido distinguido por su enfoque creativo y comprometido con los derechos humanos y las causas populares.

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1 COMENTARIO

  1. Se olvida el articulista que como el correismo es el gobierno de una lumpen oligarquĆ­a aliada de los narcos y del crimen organizado, por tanto el anticorreismo es estar contra eso.

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