Por Alberto Acosta, Esperanza Martínez y Miriam Lang*

La historia de la Modernidad tiene dos caras: por un lado, es una historia de revoluciones y luchas por los derechos. Pero, por otro, está plagada de violencias, de injusticias y de abusos. Muchos de los filósofos políticos ilustrados e incluso héroes de la Independencia eran esclavistas en su época. Las declaraciones de derechos -en línea liberal de derechos- excluían a mujeres y hombres no-blancos, pueblos indígenas y pueblos afros. La misma noción de la Europa  conquistadora potenció la masacre, el saqueo y la explotación de trabajo gratuito. En tanto que se fue expandiendo la voracidad por acumular valores abstractos, se fueron marginando otros horizontes civilizatorios en las comunidades humanas y también las relaciones de armonía con la Madre Tierra. Las diversas relaciones de dominación subyugaron a las mujeres, a la Naturaleza, a los pueblos en cuyos territorios habían “recursos” acumulables.

Entrevista con Alberto Acosta

La situación caótica que vive Ecuador y el mundo respecto al cononavirus (Covid-19), para Alberto Acosta, puede dar paso a un repensar de muchos paradigmas que tenemos establecidos en el día a día, en lo que llamamos “normalidad”. Si bien las medidas adoptadas por el gobierno ecuatoriano, como pagar la deuda en lugar de destinar esos fondos a la emergencia sanitaria, dejan ver las costuras de un sistema social y económico que desde hace mucho ha estado a punto de romperse. Ahora esas costuras son más visibles, como ha sido costumbre, los menos favorecidos son los que tienen su existencia pendiendo de un hilo, sea por enfermedad o por hambre.

El Tribunal Internacional de los Derechos de la Naturaleza tutela la salud de la Tierra

Entrevista a Alberto Acosta

¿Usted estará en Lecce el 22 de noviembre para un día de estudio organizado por la Universidad de Salento [1], como miembro del Tribunal Internacional para los Derechos de la Naturaleza? ¿Puede ilustrarnos brevemente el objetivo de este Tribunal?