Cuando  suceden  las Guerras del Opio y la Rebelión de Taiping en el siglo XIX o el levantamiento bóxer y la caída de la Dinastía Manchú en 1911 China era un país autista, una nación que vivía su mundo aun consciente del entorno y sus desafíos,  país con  revueltas campesinas y sociedades secretas conspirando sin dejarse insinuar por el occidental  liberalismo burgués. La Gran Muralla sostenía su autarquía.