Por Alejandro Moreano*

1. El triunfo de Octubre en las elecciones 2021

Sorprende encontrar afirmaciones tanto de la candidatura de Pachakutik –Floresmilo Simbaña, incluida la izquierda radical, Alejandra Santillán- cuanto de las filas del “progresismo” –Andrés Arauz- que proclaman los resultados de las elecciones del 7 de Febrero de 2021 como una contundente derrota del neoliberalismo –refiriéndose a Guillermo Lasso y Lenín Moreno-, y un triunfo de ambas tendencias que sumadas sobrepasan el 50 %, tal como ocurrió en las elecciones bolivianas donde la candidatura de Luis Arce del MAS, integró los votos de movimientos indígenas y progresistas y alcanzó el 55 % del total.

La derrota del neoliberalismo –Lasso, Nebot y Moreno- sería aún más espectacular si consideraríamos incluida la votación de la Izquierda Democrática, dada la larga época de Rodrigo Borja enemigo de la derecha -Febres Cordero y Nebot como sus mayores oponentes- y proclive a posiciones desarrollistas. En tal medida, la votación ecuatoriana del 7 de Febrero se parecería entonces a la del referéndum de Chile en que las posiciones de la derecha tuvieron apenas el 20% del total de votos. En efecto, en el Ecuador, la derecha abiertamente neoliberal tuvo apenas el 20 % de los votos.

Por Ela Zambrano

La promulgación del decreto ejecutivo 883, en Octubre de 2019, provocó un estallido de movilizaciones de diferentes sectores sociales, pero fue la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) la que mayor protagonismo adquirió convirtiéndose en la interlocutora frente al gobierno de Lenín Moreno. 

En Octubre de 2020, con la pandemia como telón de fondo, se generaron decenas de debates sobre los sucesos de 2019; se recuperaron sonidos, fotos; se hicieron documentales; medio metrajes; paneles virtuales; se editaron varios libros, unos en papel, otros digitales, hasta la ex ministra de Gobierno, María Paula Romo, hizo su versión de los sucesos. 

En ese mes y en ese año, hubo un excesivo uso de la fuerza por parte del Estado: murieron 11 personas y otras, muchas, quedaron heridas. Pero en pleno proceso electoral a Octubre de 2019 y sus consecuencias ya no se mencionan. 

Para Leonidas Iza, presidente del Movimiento Indígena Campesino de Cotopaxi (MICC), Octubre de 2019 ha sido silenciado porque los candidatos no quieren reconocer el poder del pueblo, y pretenden convencernos de que las elecciones son el único camino para solucionar cualquier disputa en democracia.

Hasta ahora los eventos de octubre se mantienen ocultos, incluso por parte del candidato de Pachakutik, pero en la agenda de quien ocupe el sillón de Carondelet es esencial que conste la investigación de todos los hechos.  

Por Jorge Basilago*

El humo se aplacó junto con las protestas de Octubre. Las mingas limpiaron calles y (bien dispuestas pero involuntariamente cómplices) borraron huellas. Cada roca de Quito volvió a su lugar, para alivio de ciertos “nervios patrimoniales” inflamados. El descontento masivo y creciente fue cubierto por un oportuno telón pandémico. 

Pero muchas alambradas, reales y simbólicas, siguen allí. Las vidas y ojos arrancados asedian a sus verdugos, y las voces acalladas aún buscan la forma de hacerse oír. Gargantas de roca y pintura gritan con ellas desde los muros. Persisten en la voluntad común de recordar lo que no debe ser olvidado. Resisten. Cuestionan.

Jaime Chuchuca Serrano*

Dos fenómenos han cambiado la vida de los pueblos en estos años: las movilizaciones masivas y la situación pandémica y los dos se corresponden con la fractura del metabolismo natural. Sigo sosteniendo que la estructura del panóptico pandémico fue ideado más para contrarrestar las movilizaciones que para solucionar la emergencia sanitaria. De tal modo que lo pandémico es un nudo de conceptualizaciones filosóficas, sociológicas, políticas, económicas y, en último lugar, médicas. Las transformaciones pandémicas sometieron a la población a los múltiples circuitos gubernamentales: Estados de excepción, reformas laborales, tributarias, de extracción de recursos naturales, de endeudamiento para beneficiar a los capitalistas y de control biopolítico poblacional.

Por Jorge Basilago*

La puerta está abierta en espera de los visitantes. A simple vista, el ordenado espacio interior no parece la vivienda de un músico de rock: cada libro en su lugar, posters con bastidores y colgados prolijamente… La delgada figura de Jaime Guevara asoma de pronto, como para confirmar que sí es su casa. Detrás de la obligada mascarilla, su boina negra y su cabello larguísimo saludan con una reverencia a distancia prudencial, como marcan estos tiempos pandémicos.

“Tenía el pelo más tupido, pero en octubre me lo jodieron, igual que el ojo derecho”, relata sin preámbulos, bien predispuesto para la entrevista con La Línea de Fuego. “Nos acorralaron en la caseta del parque El Arbolito y nos dieron bomba en ese recinto cerrado. Se perdió todo escrúpulo: en mis años de militante de la guitarra nunca he visto tal represión, ni siquiera en los tiempos de la bestia de (León) Febres Cordero”, agrega. 

Habla, por supuesto, de lo que vio y vivió durante el violento accionar estatal de octubre de 2019; y lo compara con otras situaciones similares de los últimos 50 años, de las que también fue testigo, protagonista y narrador –guitarra en mano- al mismo tiempo. Rememora alegrías y desilusiones. Se entusiasma con el renacer de la rebeldía popular, en igual medida que descree de las soluciones políticas partidarias. Canta y cuenta, que de eso se tratan su vida y su arte.

Durante el Paro nacional en octubre-2019, la Fuerza Pública del Ecuador no solamente apuntó sus armas a los cuerpos de los manifestantes, también usó gas lacrimógeno caducado. Mientras la ministra de Gobierno, María Paula Romo, niega el peligro de estas bombas, químicos, toxicólogos y abogados adviertes que un Estado no debe utilizar armamento caducado.

Por Jorge Basilago*

Quito, 29 octubre de 2019.- El estruendo de las bombas y pedradas se cuela a través de las ventanas. Flota en el aire el picante olor del gas lacrimógeno. Los helicópteros y trucutrus atruenan el cielo y la tierra. Cada esquina y cada parque se llenan de barricadas. Mientras el impotente poder reprime, la televisión emite dibujos animados. Los muertos y mutilados no están allí; los miles de manifestantes anónimos, tampoco.

Por Esteban Daza*

En tiempos en los que nos acecha el capital a través de su violencia neoliberal, miles de mujeres y hombres con temple de páramo y vestidos de tierra, irrumpieron en aquella indignación popular condenada al silencio, la liberaron. Son los hijos del levantamiento indígena y de las resistencias al ALCA de fines del siglo XX, son de agua y semilla pero también de asfalto y redes sociales.

Por Adriana Rodríguez Caguana

Hace un año, en octubre de 2019, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) volvió a ser protagonista de un levantamiento popular que estremeció las estructuras coloniales de un país que, a pesar de ser “plurinacional e intercultural”, continúa mostrando sus estructuras racistas. 

Por Romano Paganini, Tomado de Mutantia.ch*

Mientras las estaciones de televisión mostraban dibujos animados, los pueblos y nacionalidades indígenas se movilizaban hacia la capital ecuatoriana. Algunos llegaron a pie, otros en camionetas o camiones. Sin embargo, en los días del Paro de 2019, la mayoría de los campesinos se quedó en sus comunidades, manteniendo las casas y bloqueando los accesos locales. Compartimos una crónica escrita desde la Sierra central donde sus habitantes vivieron 12 días entre el cuidado, la indignación y la preocupación por los compañeros en la capital.

Por Jaime Chuchuca Serrano*

Las movilizaciones globales de Octubre de 2019 se dirigieron contra las crisis cíclicas del capitalismo y las crisis inducidas por los gobiernos, las que han generado pobreza en la población e incrementado la riqueza de los capitalistas mundiales. La efervescencia mundial se formó contra los planes de la deuda, la esclavitud asalariada y no asalariada, el neoliberalismo privatizador, la precarización, la generación de la miseria y el neocolonialismo. En tiempos de pandemia y crisis total, los más ricos han acrecentado su capital por miles de millones de dólares.

Por Carlos Villacís Nolivos

El 28 de mayo de 1990, un grupo de indígenas y algunos mestizos, entraron a una iglesia en pleno centro histórico de Quito y se encerraron en su interior. Con el tiempo esta parte de la historia sería conocida como la toma de la Iglesia de Santo Domingo, cuyo fin era presionar al entonces gobernante, el socialdemócrata Rodrigo Borja Cevallos, para que impulse acciones en favor de los indígenas, un sector históricamente postergado, excluido y explotado del Ecuador.