Aunque hay quienes pueden criticar los resultados de las movilizaciones de octubre en el Ecuador, yo diría que ganamos muchas de las cosas que habíamos perdido, sobre todo repusimos la posibilidad de reapropiarnos de la historia aunque el futuro siempre sea incierto. Pero para avanzar necesitamos hacer balances de los claros y oscuros que nos mostró la jornada.

Al igual que en la historia antigua heleno, judeo, cristiana en que la moral y la ética europea fuera edificada bajo preceptos religiosos con los cuales se crearon normas de convivencia patriarcales de dominación, el cinismo posmoderno parece echar raíces para regir el Siglo XXI, incidiendo amargamente en la reproducción simbólica de la sociedad actual.

La paz y la tranquilidad llegaron de nuevo al Ecuador, luego de que el presidente de la República Lenin Moreno decidiera mantener un diálogo directo y público con la dirigencia del movimiento indígena cuyas bases, por más de una semana, permanecieron movilizadas en distintas ciudades del país –principalmente en Quito- por la derogatoria del Decreto Ejecutivo 883 que imponía la eliminación de los subsidios a la gasolina y el diésel.

12 de Octubre, Día de la resistencia

10 de octubre de 2019 el Ecuador amanece cubierto de rabia, dolor y rebeldía tras el asesinato de Inocencio Tucumbí, cuya muerte se suma a la de Humberto Otto, José Chaluisa y Raúl Chilpe, hermanos luchadores que protestaban contra el sistema neoliberal y colonial de Lenin Moreno y el Fondo Monetario Internacional.

El pueblo ecuatoriano soporta no pocas necesidades materiales que desgraciadamente los gobiernos no están dispuestos a escucharlas, a conocerlas y a satisfacerlas. En el campo, la actividad productiva se vuelve sumamente difícil dada la pobreza de la tierra, la falta de semillas, el escaso desarrollo tecnológico, el difícil acceso al transporte, tierras comunales  vendidas para el monocultivo de las empresas, la escasez de riego, la presencia de plaga,altísimos índices de desnutrición y morbo-mortalidad infantiles…