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jueves, marzo 5, 2026

Confesiones de Lady Di antes de partir || Hugo el búho

Por Hugo el búho

Así somos las Dianas: impredecibles. ¿Les cayó de sorpresa mi renuncia? Para que vean que yo he sido una fiscal sorpresiva. Renuncié de manera irrevocable, y como ya me voy de este país de ingratos, hoy sí les diré la verdad de la milanesa; a la final mi patrón bananero se quedará por cuatro años, así que relax por mucho tiempo. No sé si irme donde Trump o donde Milei, dos ejemplos de líderes que el mundo necesita.

Ya no me importa que me digan fiscal de bolsillo, empleada del mes de Moreno, de Lasso y de Noboa, sirvienta full time de banqueros, lacaya del poder de turno, perseguidora con cronómetro de correístas y luchadores sociales, y tantas verdades que me han lanzado día tras día. Ya no me importa, sarta de malagradecidos.

Me voy con la conciencia tranquila. Cumplí la orden que me dieron el día que me posesionaron los trujillos: perseguir y destruir a Correa y su gente. Había que acabar con esos autoritarios, prepotentes y perseguidores. Así lo hice. Y sí, confieso que, salvo dos o tres casos importantes, nunca he podido actuar con autonomía. Algo dentro de mí requiere que siempre me estén dando órdenes por debajo de la mesa. Se siente tan bonito que gente poderosa te mire, te sonría y te mime. Se siente tan bonito que gente que te odia se revuelque en su fango. Se siente algo así como un aire purificador que empresarios, banqueros, dueños de medios de comunicación y analistas de los chéveres te llamen: señora fiscal.

Lamento decepcionar a mi pueblo afro y a ese montón de pobres que pensaron que una fiscal, por ser mujer, pobre y afro, iba a ser diferente. La verdad es que no se puede. Es tan tentador tener tanto poder, que a una le ganó ese prurito de codearse con la sonrisa y beneplácito de los poderosos. Que te toquen el hombro y te guiñen uno de esos ojos claros es casi orgásmico.

Yo sé que algunas causas contra correístas fueron hechas mientras suspiraba viendo una foto de Lasso y Noboa. Los ricos tienen un no se qué, que qué se yo. Procesos al apuro, bueno sí. Causas sacadas de algún libro de ciencia ficción, pues sí. ¿Se acuerdan del influjo psíquico? Mientras escribíamos eso con mis asesores nos matábamos de la risa. Había que darle su merecido al prófugo, a sus porristas y a unos cuantos desubicados que hablaban de causas sociales. Tan ingenuos ese Iza, esos guevaristas, aquel Defensor del pueblo y otros desobedientes que viven de ilusiones. 

Sí. Confieso que esa tesis con la que me gradué fue plagiada. Sí. ¡Y qué! ¿Acaso importa? Medio mundo plagia en este país y no le dicen nada. Vagos hay lo que quiera. Tanto relajo por una tesis. Vayan a ladrar a otro lado, o terminarán como esa señora que ya no es Asambleísta. Todo mi respeto a ese antro maravilloso llamado TCE. Ellos sí saben de sentencias. Y aquí entre nos, son peores que yo. Pero como los tenía agarrados del cuello.

Me voy, sí me voy. Y antes de partir, hablamos con mi jueza favorita, la Camachito, para que ese gran hombre de la banca, ese dulce de leche añejo, ese ilustre hombre de bien, Guillermín, salga libre de toda culpa. Ya sé que era culpable, que su familia y amigos estaban involucrados con la mafia albanesa, obvio. Ya sé que en su banco se lava dinero que da un contento, pero conmigo siempre fue buena gente. Amor con amor se paga.

Agradezco a todos aquellos que me defendieron con uñas y garras y fauces. Gracias Carlos Vera, padre e hijo, colorada Janeth, Pelagatos, Ecuavisa, Teleamazonas, La Hora, El Universo, Bonil, Ortiz, y tantos otros que escondieron esos chats de Villavicencio con esta servidora, en donde, bueno, ustedes saben, había que hacer lo que había que hacer por el bien del país. Todo se vale con tal de que esos correístas se esfumen del planeta.

Ecuatorianos. Aunque todo vaya mal con el país, aunque se caiga a pedazos, aunque estemos peor que Haití, aunque la gente sea asesinada todos los días, aunque los cuatro niños de Guayaquil hayan sido… bueno, aunque ya seamos una hacienda bananera (¡uy, qué emoción!), aunque ya no tengamos futuro y nos vayamos al despeñadero, nunca pero nunca permitan que regresen esos horribles progres. Así todo vaya espantosamente mal, siempre voten por los ricos. Ellos todo lo hacen mal y solo velan por sus intereses, pero son guapos, buen apellido y salen en revistas famosas, como Lavinia.

Hasta pronto ecuatorianos. Perdón si fui extremadamente sincera, pero ya me voy, así que, ahí jódanse ustedes por votar por sus verdugos. Los quiero. Bye.

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