11.6 C
Quito
jueves, marzo 5, 2026

Foucault y la “cultura de cancelación”

Por Samuel Guerra Bravo*

Michel Foucault (1926-1984) ha sido sin duda un pensador que ha aportado muchos instrumentos teóricos a filósofos, historiadores, antropólogos, sociólogos, científicos sociales en general. Se puede rastrear con facilidad su influencia en la intelligentia europea y americana, sobre todo en el último cuarto del siglo XX. AdemÔs de sus obras, se conocía de su homosexualidad, de su muerte a causa del SIDA, pero a nadie le importaba su opción sexual a la hora de contar con temas poco usuales por su enfoque y profundidad en el Ômbito de la reflexión, como los manicomios, las cÔrceles, los hospitales, las prisiones, la sexualidad, etc. Se entendía que su obra teórica rebasaba con mucho sus inclinaciones personales. 

En los Ćŗltimos dĆ­as, sin embargo, se han tenido revelaciones realmente comprometedoras sobre su sexualidad. Un amigo suyo, el ensayista, economista y periodista francĆ©s Guy Sorman, expone en su libroĀ Diccionario del Bullshit,Ā el abuso sexual de niƱos (pedofilia), por parte de Foucault, en una temporada en la que vivió en elĀ pueblo de Sidi Bou Said, cerca de TĆŗnez, a donde tambiĆ©n acudió Sorman a pasar sus vacaciones de Pascua, en los Ćŗltimos aƱos 60 del siglo pasado. El autor ha reafirmado esta denuncia en estos dĆ­as en un artĆ­culo titulado ā€œMichel Foucault abusaba sexualmente de niƱos en TĆŗnezā€, en la prensa britĆ”nica.

Sorman revela detalles escabrosos: ā€œLos niƱos le corrĆ­an detrĆ”s diciendo ā€˜ĀæY yo? ĀæY yo? Ā”LlĆ©vame a mĆ­!’. TenĆ­an ocho, nueve o diez aƱos. Ɖl les tiraba unos billetes y les decĆ­a ā€˜nos encontramos a las 22, en el lugar de siempreā€™ā€ (el cementerio de Sidi Bou Said). ā€œHacĆ­a el amor con los chicos entre las lĆ”pidas. La cuestión del consentimiento ni siquiera se planteabaā€ (Citado por Luisa Corradini,Ā La Nación, Buenos Aires, 30 de Marzo de 2021).

Dejemos los aspectos de personalidad para los psicólogos y remarquemos mĆ”s bien algunos aspectos socio-polĆ­ticos vinculados a este hecho ā€œrepugnante, moralmente horribleā€, como lo califica Sorman:Ā 

1)Ā Ā La dimensión colonial y racial del hecho (de eso sabemos bastante en AmĆ©rica Latina): mĆ”s allĆ” de la cuestión moral, este hecho era una concreción aberrante, en la persona de Foucault, del ā€œimperialismo blancoā€.

2)  Foucault nunca fue incomodado por la justicia tunecina, a pesar de que nada escapaba a su conocimiento. Nada justifica, sin embargo, el silencio de quienes lo sabían (Sorman incluido), y la cobardía de la policía tunecina que permitía que un pedófilo francés abusara de sus niños. 

3) ĀæLa condición de ā€œvaca sagradaā€ que por su obra intelectual adquiere un autor, legitima un comportamiento alejado de normas humanas, Ć©ticas, y sociales elementales? Los medios francesesĀ Ā conocĆ­an del comportamiento de Foucault: ā€œHabĆ­a periodistas presentes en ese viaje, hubo muchos testigos, pero nadie hizo historias asĆ­ en ese momento. Foucault fue elĀ rey filósofo. Es como un dios en Francia”, dice Sorman.Ā ĀæEl hecho de ser considerado ā€œun dios en Franciaā€, le permite a un intelectual cualquier tipo de comportamiento? En Francia no, pero en TĆŗnez sĆ­, lo cual revela el posicionamiento colonial y racista de Foucault en estos casos especĆ­ficos de pedofilia con niƱos Ć”rabes. Sorman sostiene queĀ FoucaultĀ Ā pensó ā€œque sus argumentos le daban permiso para hacer lo que querĆ­a”.Ā 

4. Sorman quiere encontrar una razón estructural para estas actitudes de Foucault y de otros intelectuales franceses (Gauguin, Gide, Celine…) y sostiene:Ā ā€œFrancia todavĆ­a no es una democracia, tuvimos la revolución (francesa), proclamamos una repĆŗblica, pero todavĆ­a hay una aristocracia, es la intelectualidad, y ha tenido un estatus especial. Cualquier cosa servirĆ”. Ahora, el mundo estĆ” cambiando repentinamenteā€.

Otro dato sobre Foucault, de interƩs para AmƩrica Latina

La filósofa francesa Stephanie Roza publicó el aƱo pasado el libroĀ ĀæLa izquierda contra la Ilustración?Ā (Fayard, 2020), en el que expone un documento de la Central de Inteligencia Norteamericana (CIA), elaborado en 1985 y desclasificado en 2010. En ese documento tituladoĀ ā€œFrancia, la defección de los intelectuales de izquierdaā€, la CIA hace una evaluación de Foucault y de otros nuevos filósofos franceses de aquella Ć©poca, que habĆ­an tomado distancia con la Unión SoviĆ©tica. En el marco de la Guerra FrĆ­a, la CIA advirtió algo que otros se negaban a verlo: que existĆ­a ā€œun nuevo clima intelectual en Francia,Ā una especie de antimarxismo y antisovietismo que harĆ” difĆ­cil para cualquiera movilizar una opinión intelectual significativa contra las polĆ­ticas de los Estados Unidosā€ (Cf. Claudia Peiró,Ā Infobae, 26 de Septiembre de 1920).

Con su sentido prĆ”ctico por delante, lo que le interesaba a la CIA era determinar hasta quĆ© punto esta nueva filosofĆ­a francesa –y, por supuesto, esta ā€œnueva izquierdaā€ā€“ era funcional a los intereses de Washington. Y realmente lo era en el sentido de que esta filosofĆ­a propinaba duros golpes no solo al marxismo, sino a la tradición socialista que se fundamentaba y se fundamenta en proyectos colectivos de transformación del orden social en favor de los dominados, de todos los dominados.

No llamó la atención a nadie el giro a la derecha deĀ Bernard Henry-LĆ©vy y AndrĆ© Glucksman. Pero Foucault era otro asunto: Āæcómo podĆ­a ser que la filosofĆ­a anti-sistema del pensador francĆ©s, ā€œlo mĆ”s top de la subversión, elĀ nec plus ultraĀ de la radicalización, (el filósofo) que deconstruye todas las normas, que va al fondoā€ contribuyera con su pensamiento a fortalecer el orden social dado? Para colmo, otro intelectual francĆ©s,Ā HervĆ© AlgalarrondoĀ seƱalaba que elĀ Ā ultra garantismo o abolicionismo penal, que se defendĆ­a en Francia en las dĆ©cadas de los aƱos 70-80 del siglo pasado, inspirado en los planteos de Foucault, idealizaba al delincuente o al marginal y dejaba sin combatir la inseguridad que afectaba antes que nada a los pobres y a los trabajadores.Ā 

Es increĆ­ble que los analistas de la CIA interpretaran el pensamiento de Foucault como una ā€œoperación de desacreditación del igualitarismo socialista echando sospecha sobre toda forma de movilización colectiva tendiente a un cambio social radicalā€.Ā Foucault efectivamente se interesó por las minorĆ­as (locos, prisioneros, marginales…) y, expresamente o no,Ā sustituyó con ellas a la clase obrera, a la militancia socialista de base. Foucault no hizo una suma social sino una resta: puso por delante problemĆ”ticas sociales de minorĆ­as que fragmentaron la lucha en una infinidad de causas (ecologistas, etnicistas, tecnófobos, etc.), o en bĆŗsquedas de ā€œcolectivosā€ identitarios con objetivos limitados, que tuvieron el efecto adverso de borrar, relegar o desacreditar las problemĆ”ticas sociales de las mayorĆ­as oprimidas, los ideales colectivos de igualdad y universalidad.Ā Para StĆ©phanie Roza,Ā ā€œel abandono de toda perspectiva de emancipación colectiva en provecho de la promoción del individuo, opuesto por principio a toda instituciónĀ (carcelaria, militar, religiosa, pero tambiĆ©n escolar o sindical) cuya normatividad es presentada como insoportable,Ā tiene algo de eminentemente liberalā€ (Peiró,Ā loc. cit.).

Y, sin embargo, Foucault debe ser leƭdo en AmƩrica Latina

ĀæDebemos dejar de leer/estudiar a Foucault por el hecho de que haya sido un pedófilo? La respuesta norteamericana, muy apegada al ā€œcancel cultureā€ es que sĆ­, que se debe separar completamente su vida de su obra, y que la vida de Foucault no avala su obra.Ā 

En AmĆ©rica Latina, sabemos que no, que no nos sumamos a tal ā€œcancelaciónā€ porque Foucault ofrece aĆŗn un instrumental de categorĆ­as y conceptos (por ejemplo: su idea del sistema como un mecanismo de vigilancia y castigo, su decodificación del discurso del poder, su hermenĆ©utica del sujeto, su concepción de historia de las ideas, etc.) que pueden abrir posibilidades interpretativas distintas a las que tradicionalmente se han usado en nuestros estudios históricos o filosóficos.Ā 

Lo que cabe es una ā€œlectura crĆ­ticaā€ de Foucault, que no dogmatice sus ideas sino que las utilice instrumentalmente, hasta cuando/donde puedan ser Ćŗtiles para una comprensión mĆ”s cabal de nuestras instituciones y de su función dentro del sistema de dominio. Cuando ya no permitan una comprensión mĆ”s clara de nuestros procesos habrĆ” que suplantarlas con categorĆ­as y conceptos elaborados por nosotros mismos. El uso instrumental de las categorĆ­as foucaultianas (y de cualquier otro autor) implica no solo ā€œtomar y aplicarā€ sino asumirlas como un desencadenante provisional del pensamiento, como un inicio o punta de lanza en una reflexión que a la final debe ser hecha por nosotros mismos. Si en ese camino intelectual logramos procesar categorĆ­as que expliquen mejor nuestra realidad (esa, al menos, debe ser la intención), habremos decodificado y superado los prĆ©stamos de los que partimos.

Nietzsche, Heidegger, Sartre, Foucault, nos acercan y nos alejan con sus vidas y sus obras. Como todos los mortales, estaban sometidos a determinaciones que no siempre supieron administrarlas como todos hubiĆ©ramos querido. Esas determinaciones estĆ”n presentes de alguna manera en sus obras.Ā Ā Aprender a ā€œleerā€ esas obras, decodificarlas, es lo que corresponde; no, dejar de leerlas. Lectura crĆ­tica: Ā”esa es la clave!

ā€œFrancia todavĆ­a no es una democracia, tuvimos la revolución (francesa), proclamamos una repĆŗblica, pero todavĆ­a hay una aristocracia, es la intelectualidad, y ha tenido un estatus especial. Cualquier cosa servirĆ”. Ahora, el mundo estĆ” cambiando repentinamenteā€.

–Guy Sorman

*Samuel Guerra Bravo es investigador independiente. Ha sido profesor de la Escuela de FilosofĆ­a de la PUCE. Autor de libros y artĆ­culos de su especialidad.

FotografĆ­a: revistadiners.com.co

Ā 

- Advertisement -spot_img

MƔs artƭculos

Deja un comentario

- Advertisement -spot_img

Lo mƔs reciente