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jueves, marzo 5, 2026

¿Pobres de derecha? || Galo Betancourt

Por Galo Betancourt*

“Los invito a trabajar igual de duro que estamos trabajando en el Gobierno, la misma cantidad de horas, y estoy seguro de que se van a comprar varios platos de comida…”

– Daniel Noboa 

Muchos nos preguntamos en Ecuador y en toda América Latina: ¿por qué los pobres votan por la derecha?  

El sociólogo brasileño, Jessé Souza, aborda con lucidez esta paradoja en su libro: O Pobre de Direita (Los pobres de derecha), y lo hace desde una perspectiva que va más allá de los análisis políticos y económicos tradicionales.

El prólogo del libro inicia con una frase tan provocadora como certera:

“Nunca foi a economia, tolinho!” (“¡Nunca fue la economía, tonto!”)

La expresión revela que las personas no votan únicamente en función de sus intereses económicos (de su bolsillo) -sino además y quizá sobre todo- impulsadas por sus heridas morales, su necesidad de reconocimiento y desde la lucha desesperada por preservar su dignidad.

El respaldo de las clases populares a proyectos de ultraderecha, sostiene Souza, no es un acto irracional, es el resultado de una historia de profunda exclusión, humillación y manipulación emocional meticulosamente cultivada.

Y ahí es evidente que la izquierda en Ecuador y Latinoamérica ha fallado al no construir un discurso simbólico, capaz de ofrecer verdadero reconocimiento a quienes han sido sistemáticamente despreciados, dejando así un vacío que hoy la derecha ocupa con facilidad.

Los mecanismos para captar estos votos son las nuevas y sofisticadas formas de manipulación de la opinión pública, impulsadas por redes sociales, noticias falsas y algoritmos diseñados para amplificar el odio y el miedo.

Pero más allá de la estrategia comunicacional, lo que está de fondo en este proceso es la necesidad de calmar las ansiedades morales. Sobre esto, Souza sostiene que las clases populares han sido educadas bajo una moralidad impuesta por las élites, que les enseña a culparse a sí mismos por su pobreza y a despreciar a otros pobres como ellos, especialmente si son negros, indígenas, mujeres, personas LGBTI…

Por ejemplo, cuando una persona empobrecida o desempleada defiende el castigo severo al “vago” o eliminar sin compasión a un delincuente, muchas veces lo hace para sentirse superior a “otro pobre”. Es lo que Souza llama “salario psicológico”: una forma simbólica de compensación emocional que desde las élites se les otorga a personas en situación de desventaja económica.

Por esa misma lógica, cuando las clases desfavorecidas votan por la derecha, el acto se convierte en una forma de revancha contra sus iguales y de reafirmación personal, aunque en la práctica terminen reforzando las mismas estructuras que profundizan su marginación.

En Ecuador este patrón moral se reproduce con símbolos locales. El relato conservador ha erigido figuras como la “gente buena”, los “quiteños de bien”, o incluso el discurso del propio Daniel Noboa, quien al ser cuestionado por el aumento del IVA respondió:

“Los invito a trabajar igual de duro que estamos trabajando en el Gobierno, la misma cantidad de horas, y estoy seguro de que se van a comprar varios platos de comida…”

Con esa declaración, Noboa no solo evade su responsabilidad como gobernante, sino que además reafirma la lógica meritocrática de que “el pobre es pobre porque quiere”, despolitizando la desigualdad estructural y trasladando al propio pueblo la culpa de su marginación.

A través de estas representaciones se construye una moral que exalta a quienes “cumplen con las reglas” y “trabajan sin protestar”, presentándolos como moralmente superiores a “los correístas”, “los indios que vienen a destruir Quito” o “los guambras que protestan colgando un cartón en el Quito Fest”.

Más que ofrecer soluciones materiales, este discurso otorga a sectores de clase media y populares una identidad “virtuosa” que los diferencia de quienes son estigmatizados como la causa de la corrupción, el desorden o la inseguridad.

Así, aunque en medio de la precariedad, el sentirse parte de los “buenos” funciona más por la necesidad de pertenencia. Quienes viven sin empleo formal, sin servicios públicos de calidad, sin estabilidad… encuentran en esa distinción simbólica una forma de dignidad imaginaria, un pequeño refugio emocional frente al abandono real del Estado y la indiferencia social.


* Galo Betancourt, documentalista y comunicador audiovisual con más de dos décadas de experiencia en el ámbito público, académico y periodístico. Ha dirigido múltiples proyectos de comunicación institucional y ejercido la cátedra en universidades ecuatorianas. Reconocido con más de diez premios, incluyendo el Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo, Categoría Institucional (2023 y 2024), ha combinado la creación audiovisual con el análisis político. Su trabajo ha sido distinguido por su enfoque creativo y comprometido con los derechos humanos.

Imagen de portada generada con IA por el autor del texto.

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PENSAMIENTO CRÍTICO
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2 COMENTARIOS

  1. Wrong: los pobres y la clase votamos por Noboa, no porque la Robulucion Ciudadana sea de izquierda que no lo es, es una lumpen-oligarquia aliada a los narcos cuyo único propósito es la rapiña generalizada para constituirse en una verdadera oligarquía y como todavía no lo es mucho mas corrupta que las oligarquías tradicionales…

  2. Perspectiva¡, cierto, en el contexto político. Sin embargo dándole una mirada más amplia, es posible tratarse con prevención. De que individuos no adquieran consiencias críticas, no solo en este aspecto, al contrario en todos los posibles.

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