Por Hugo, el búho

Muero, qué feo llegar a viejo para algunitos. Dios no quiera y el diablo no permita que una, ya abuela, y a estas alturas de la vida, vaya dando vergüenza con los que medio le conocen. Yo, que tengo la misma edad que Don Diego Oquendo, les tengo dicho a los verdugos de mis hijos: si ven que desvarío constantemente, si quedo en ridículo tres veces por semana y antes que cante el gallo; por dios, ya no me dejen hablar cualquier cosa, quítenme la computadora, bloquéenme el facebook y el twitter. Hay que envejecer con dignidad.

Augusto de la Torre, ex jefe del Banco Mundial para América Latina y el Caribe, ha tomado la posta como vocero de quienes, por mérito propio, se han hecho acreedores al calificativo de terroristas económicos. En estos días salió a defender el plan económico presentado por el presidente Lenín Moreno bajo el nombre de Ley Humanitaria y, días después, «sugirió» que para enfrentar la situación  económica del país debería reducirse el salario básico vigente.

Parece que la irracionalidad se ha apoderado totalmente del gobierno. Envía una Ley Humanitaria a la Asamblea Nacional para recortar los salarios de la población durante nueve meses. Cuando miles de personas están impagas y siguen siendo despedidas y de modo inconstitucional manifiesta que una comisión de la sociedad civil elegida a dedo manejará estos dineros públicos. ¿Por qué no actuar como otros gobiernos y hacerse cargo del 70% de los ingresos básicos de las economías informales y populares y de las pequeñas empresas quebradas?

La cepa actual del coronavirus llamada Covid-19 no es una perita en dulce. A pesar de no tener “patitas”, camina rápido. A su paso deja una estela de muerte y dolor, pero no sólo eso, tiene tanto poder que ha levantado el velo que cubría todas las miserias del capitalismo. Sí, del sistema en el que vive la humanidad desde poco más de dos siglos. El corrimiento del velo ha puesto, de un solo golpe, ante nuestros ojos la cara oculta del sistema, aquella parte oscura que la publicidad y la mentira política encubren de manera sistemática y científica.

Para el gobierno de Lenín Moreno hay un conjunto de indicadores que demostrarían la superación de la peor fase del coronavirus en el Ecuador; argumenta que existe desaceleración en el número contagios y muertes, así como también una reducción de las emergencias sanitarias y las consultas médicas. Por ello, decidió reemplazar el régimen del aislamiento o cuarentena por el del distanciamiento social.

En 1890, existió en Quito un pequeño Ateneo, que lo formó Juan León Mera, con sus amigos Julio Castro, Roberto Espinosa, Carlos León, Manuel Casares y  Leónidas Pallares. En una velada artística, se hizo la instalación pública del Ateneo de Quito y se nombró miembro honorario al presidente Antonio Flores Jijón, el  2 de abril de 1891. Se le conoció, también, como el Ateneo de Mera, al igual que el Ateneo de Olmedo, en Guayaquil.

Orden, disciplina y control son las grandes tentaciones del poder político. Suponen una condición ideal para gobernar, es decir, para conducir a una sociedad hacia donde alguien creer que debe llegar. Los derroteros pueden significar una aproximación a la felicidad o una salida de la desdicha, tal como hoy ocurre con el Ecuador. El gobierno y sus cortesanos piensan que con las decisiones que están tomando nos alejarán de la catástrofe del coronavirus.

Ni el gobierno, ni los trabajadores de las artes y la cultura, ni la academia: nadie pudo haber previsto lo que está pasando. Ni Ecuador ni ningún país del mundo contaban con una estrategia o manual para enfrentar una situación tan abrupta en su llegada, tan incierta en su duración y con una incidencia tan grande en nuestras condiciones de vida. Pero la afectación de la pandemia en el sector cultural depende de su situación previa y en nuestro país esa afectación es muy profunda, devastadora.

No todo es falso en los comunicados oficiales. En medio de tantas fake news en redes sociales y mentirosos comunicados oficiales, a veces si se puede encontrar en los políticos, verdaderas muestras de honestidad y solidaridad y ponen a disposición todos los medios posibles para remediar el mal que actualmente padecemos y es entonces cuando detallan cómo está sufriendo la economía y anuncian su inmediato salvataje.