Las medidas económicas del ex presidente, Lenín Moreno, dejaron una serie de inconformidades y evidenciaron sus prioridades: cuando el país estaba en plena emergencia sanitaria, el gobierno nacional pagó por adelantado 936 millones de dólares a los acreedores de los bonos global; el 28 de agosto cerró un préstamo de 6.500 millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI), endeudando al país a niveles catastróficos. Al mismo tiempo, aumentaba la precarización laboral, que se abre como opción ante la falta de oportunidades y mandaba a la calle a centenas de trabajadores de diferentes áreas del Estado, incluidos médicos, docentes y comunicadores. Si a los ecuatorianos nos fue mal, pregúntese Ud. cómo les va a las familias migrantes.
En medio de bajos índices de credibilidad y popularidad, Lenín Moreno cuenta los días para culminar su mandato. Las protestas y críticas no cesan a pesar de que el régimen consiguió recursos frescos para pagar una parte de los aprietos que arrastra, más esa plata es insuficiente para cubrir todas las obligaciones del Estado.
En tiempos en los que nos acecha el capital a través de su violencia neoliberal, miles de mujeres y hombres con temple de páramo y vestidos de tierra, irrumpieron en aquella indignación popular condenada al silencio, la liberaron. Son los hijos del levantamiento indígena y de las resistencias al ALCA de fines del siglo XX, son de agua y semilla pero también de asfalto y redes sociales.
La desigualdad es la característica del gobierno neoliberal de Lenín Moreno cuyo Frente Económico es comandado por el ex presidente del Comité Empresarial Ecuatoriano, Richard Martínez. En estos tres años se muestran cuantiosos crecimientos en el ingreso de las élites empresariales ecuatorianas, situación paradójica, si se considera que el resto de la población se encuentra sumergida en un mar de desempleo, pobreza, pérdida del bienestar y calidad de vida.
Despensas vacías. Llamadas de los bancos solicitando el pago de las cuentas pendientes y ofreciendo convenios y reprogramaciones para la cancelación de las deudas contraídas. Mandiles blancos colgados a las afueras de los hospitales públicos. Docentes en huelga que decidieron, previa explicación a sus estudiantes, suspender las clases. Servidores públicos de toda índole impagos y, pese a ello, laborando – salvo excepciones y “vivarachos” – más que antes, bajo los alicientes morales de que “al menos tienen trabajo” o “hay que ponerse la camiseta”, aunque el derecho a recibir puntualmente sus sueldos ha sido violentado.
Las urgencias fiscales priman por sobre otras urgencias, como las sanitarias. Y las condiciones impuestas desde la lógica fondomonetarista, tanto como diversos miedos e incluso posiciones dogmáticas, centradas por ejemplo en sostener a la dolarización como un objetivo nacional, bloquean la construcción de alternativas creativas, sobre todo sustentadas en profundos criterios de solidaridad.
La crisis sanitaria provocada por el coronavirus terminó por agudizar y complicar mucho más la recesión económica global que estaba en marcha desde tiempo atrás. Se habla incluso que sería una crisis mayor a la Gran Recesión (crisis financiera internacional de 2007-2009) y comparable a la Gran Depresión de 1929-1939.
En octubre del 2019, el movimiento indígena, junto a sectores populares y barriales, estudiantes, mujeres y población subempleada, logró detener la eliminación del subsidio a los combustibles, el Decreto 883 fue la punta de lanza del acuerdo firmado por el gobierno de Moreno con el Fondo Monetario Internacional (FMI).
¿Qué justifica la desvalorización de los adultos mayores vista en los meses de pandemia, tanto a nivel mundial como en nuestras inmediaciones? ¿Bajo qué argumentos los gobiernos, las empresas y el mercado han discriminado a las personas de la tercera edad?
La centralidad de Europa y EE.UU. suman casi dos siglos. Desde el año 2018, EE.UU y China entraron en Guerra Comercial y en el año pandémico, 2020, China corona la hegemonía económica mundial.
Análisis sobre empleo, subempleo y pobreza en Ecuador, en el marco de la pandemia: cuatro de cada diez ecuatorianos tiene carencias para estar en condiciones mínimas de bienestar y esto en el ámbito rural envuelve a 8 de cada 10 personas.
Las debilidades históricas y estructurales del Ecuador, a nivel económico y social, vuelven a quedar en evidencia ante el contexto crítico planteado por la pandemia por covid-19. ¿Qué respuestas tuvieron estas interrogantes a lo largo de las últimas décadas, y cuáles cabe esperar que se apliquen en el futuro pospandémico?
En momentos que el país necesita volcar todos los recursos posibles a enfrentar la crisis sanitaria del coronavirus, el pago de 1.230 millones de dólares por servicio de la deuda pública simplemente es inhumano. Ninguna obligación financiera puede estar por encima de la urgencia de salvar vidas.