En las academias, cumpliendo con el pronunciamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) sobre el Año de las Lenguas Indígenas, se ha comenzado a discutir los problemas  que  enfrentan esos idiomas.  Es un hecho que la situación lingüística se caracteriza por el entrelazamiento de relaciones económicas, políticas, ideológicas, étnicas, sociales, culturales.

Ahora que la Organización de las Naciones Unidas ha proclamado el 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y que la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha asumido la labor de sensibilizar a la opinión pública mundial sobre los riesgos que aquellas enfrentan, se constata con gran consternación que el quichua ha ido retrocediendo más y más en las últimas décadas.

Afortunadamente, quien declaró que la opción menos costosa para la crisis venezolana son unas elecciones completas, con tutoría de Naciones Unidas, ha sido José Mujica. Si lo hubiera dicho otro mortal, la izquierda boba del continente lo habría acusado de ser agente de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de hacerle el juego al imperialismo yanqui o peor aún, de ser parte de la conspiración mundial de la derecha en contra de los procesos revolucionarios. (Seguramente no faltará algún asalariado de los gobiernos populistas de la región que lo acuse de padecer demencia senil).

Tras recorrer varias comunidades y ciudades del Ecuador durante 11 días, la relatora especial sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas de Naciones Unidas Victoria Tauli – Corpuz, dijo que la Constitución del 2008 declaró que Ecuador era un Estado plurinacional y multicultural y reconoció 21 derechos colectivos de las comunas, comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas en su artículo 57. Sin embargo, precisó que el Estado plurinacional que debía construirse en el país a través del diálogo intercultural “todavía no se ha conseguido”.