Imbabura, Chimborazo y Cotopaxi ya apuntan hacia la misma mutación: indígenas ansiosos por “triunfar”, aunque eso signifique reproducir el mismo patrón de dominación contra el cual lucharon sus abuelos. Querían libertad; terminaron queriendo poder.
La pregunta no es cuánto progresaron, sino cuánto se deformaron en el proceso. La naturaleza ya no es Pachamama: es “recurso”. El otro indígena ya no es hermano: es mano de obra barata. La comunidad ya no es casa: es un recuerdo que avergüenza (Telmo Punina). Han internalizado al colonizador antiguo y al moderno. Y ahora, sin darse cuenta, son recolonizadores de su propio pueblo. El sueño húmedo del neoliberalismo: indígenas al mando de la máquina que destruye lo indígena."