#OrangeShirtDay: Los sobrevivientes de los internados hablan, buscan la verdad y la sanación

El 30 de septiembre o el #OrangeShirtDay se ha convertido en Canadá, y lentamente en los EE. UU., en un día de resistencia y resiliencia para los varias generaciones de sobrevivientes de los internados indígenas: una cruel práctica colonial de separación de familias y niños, forzados a una “asimilación” en la sociedad capitalista cristiana blanca, que comenzó en la década de 1860 y duró más de un siglo.

Los pueblos originarios de Abya Yala fueron grandes culturas y civilizaciones (Incas, Mayas, Aztecas,  Guaraníes, entre otros), tuvieron  una clara división social y una cosmovisión precisa muy desarrollada.  Adaptados  a distantes  geografías crearon un arte muy elevado, tecnologías y conocimientos. Aspectos que las historias oficiales siempre  han encubierto por defender  el “ego superior” europeo.

En las academias, cumpliendo con el pronunciamiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) sobre el Año de las Lenguas Indígenas, se ha comenzado a discutir los problemas  que  enfrentan esos idiomas.  Es un hecho que la situación lingüística se caracteriza por el entrelazamiento de relaciones económicas, políticas, ideológicas, étnicas, sociales, culturales.

Ahora que la Organización de las Naciones Unidas ha proclamado el 2019 como el Año Internacional de las Lenguas Indígenas y que la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) ha asumido la labor de sensibilizar a la opinión pública mundial sobre los riesgos que aquellas enfrentan, se constata con gran consternación que el quichua ha ido retrocediendo más y más en las últimas décadas.

Por Véronica Yuquilema Yupanqui*

Runa warmikunapash shullushpa wañunchik” (Las mujeres runa también morimos abortando) y “Kuitzakunapash shullushpa wañunchik” (Las adolescentes runa también morimos abortando) son las consignas que mujeres kichwa han reposicionado dentro de las redes sociales y las marchas convocadas por las organizaciones feministas en Ecuador, no sólo durante estos últimos años, sino hace décadas.