¿Qué les hicimos para que nos insulten así? ¿Somos malos, mamá? ¿Por qué quemaron nuestro colchón si no era de ellos? ¿Por qué tenemos que salir corriendo como si fuéramos ladrones, mamá? Dime mamá, no entiendo. ¿Yo también soy un niño malo? Te juro que no hice nada, yo solo dormía contigo y mi hermanita. ¿Es porque no les gusta lo que vendemos? ¿Nos tenemos que ir también de este país? ¿A dónde nos vamos ahora? ¿Por qué no nos quieren? ¿Qué les hicimos, mamá? ¿Qué les hicimos?

Las migraciones forzosas y los desplazamientos humanos son  dinámicas del capitalismo global y cada día son  más frecuentes, pero ahora  las perspectivas des coloniales se presentan como colonización  inversa, los pobres colonizando las naciones de más desarrollo  y  los flujos  migratorios  son parte de una nueva industria que juega con los criterios de residencia  o refugio.

El dramático éxodo de millones de ciudadanos venezolanos hacia diversos países de Sudamérica, entre ellos el Ecuador, debido a la grave crisis económica en que se ha sumido esta nación hermana, ha sacado a flote las repudiables e inhumanas actitudes de la xenofobia y la discriminación, no solamente de algunos sectores de la población sino de los propios gobiernos.

El proceso bolivariano en Venezuela, a partir de la elección de Chávez en el año 1998, comenzó en un momento crítico de la historia del país. En una sociedad que había entrado ya hacía dos décadas en el agotamiento del modelo petrolero rentista y su Estado clientelar, una sociedad que atravesaba una severa crisis económica con un sistema político inestable y profundamente deslegitimado, las propuestas y el discurso de Chávez lograron crear un sentido de rumbo, una esperanza colectiva de que era posible otro horizonte para la sociedad.