12 de octubre 2025
“¿Quién se quiere unir a la iniciativa de separar los orgánicos y entregarlos para que se gestionen?”, así más o menos fue la invitación de una vecina en el chat de mi barrio en Quito, para justificar el servicio debían ser al menos unas 5 familias. Nos apuntamos aproximadamente 20. Antes de este hecho, ya tenía alguna conciencia sobre la necesidad de separar residuos orgánicos, de reciclar y entregar el material limpio a mi reciclador de confianza; de reusar -soy clase trabajadora así que usé la ropa que mis primos y hermano me heredaban- y, lo más importante, reducir el consumismo. Esta invitación vecinal me llevó a un mundo que no sabía que existía: el compostaje descentralizado.
En Quito, Guayaquil, Ambato y Riobamba hay gente impetuosa, joven y medio loca que se ha convertido en la Red de Compostaje del Ecuador, en esta red se encuentran los gestores descentralizados de orgánicos: te dejan un tacho vacío con tapa donde pones tus orgánicos de la semana; a la siguiente se lo llevan; y, te dejan un tacho vacío. Cada cierto tiempo o te entregan o solicitas compost para tus plantas. En esta práctica compostera hay varios beneficios, pero voy a citar sólo dos: 1) Cuando las familias aprenden a separar los residuos, ya no pueden volver a cometer el crimen de mandarlo todo junto; 2) El municipio se evita de recoger esos desechos orgánicos que en lugar de convertirse en un problema en el relleno sanitario, se transforman en más vida.
Una de esas jóvenes impetuosas es Legny Vivas, que a través de Agrovivas es la que más gestiona orgánicos en Quito, según sus propios datos, logra gestionar 35 toneladas de orgánicos de 700 familias al mes. Empezó en su barrio, en la Loma de Puengasí, en pleno 2021 cuando todavía el virus del Covid nos tenía con miedo a salir de nuestras casas. Al inicio fueron 6 vecinos; luego, 60. Junto al colectivo Natura Insurrecta y sus vecinos le dieron vida a terrenos baldíos y los convirtieron en huertos comunitarios.
Legny pasó de recoger orgánicos en bicicleta y en bus, a comprar un camión que logró adquirir con un capital semilla de Conquito y el préstamo de una vecina que confió en su trabajo. Los orgánicos que antes llegaban al patio de su casa, ahora se tratan en un terreno en Guayllabamba y El Tingo, donde el primer proceso es recuperar alimentos para sus gallinas ponedoras y cuyes; lo demás se composta. Aquí nada se desperdicia.
Para Legny, “el compostaje ha sido la forma más directa de agradecer a la tierra todo lo que estamos recibiendo de ella”. Una familia que composta podría estar evitando que una tonelada de orgánicos se entierren en el plazo de año y evita la generación de gases efecto invernadero y metano. Esta sí es una manera de aportar al enfriamiento del planeta, más que dejar de usar sorbetes.
Otro compostador compulsivo es el Galo Sangoquiza, con su emprendimiento MuyuCompost o Semilla de Vida, con el servicio de compostaje descentralizado para el norte y los valles. Desde el 2022, trata los orgánicos de 40 familias, lo que supone una tonelada mensual. Su iniciativa se inspiró en el trabajo de la Legny, con quien ahora son colegas.
“Los orgánicos son vida y pueden ayudar a dar más vida”, explica Galo. En su experiencia, él ha constatado que cuando las familias aprenden a separar los orgánicos, es muy difícil que vuelvan a poner todo junto. Uno de sus proyectos es trabajar con las Juntas Parroquiales Rurales, cree que son los territorios donde se puede incentivar el compostaje descentralizado porque su consumo es básicamente de orgáncios, son espacios más pequeños y todavía hay comunidad.
Ilustración: Imagen tomada de la campaña “Adáptate al cambio climático” de GIZ.
En la Red de Compostaje hay quienes también trabajan en el compostaje domiciliario, te enseñan cómo compostar, te llevan una compostera y te dan asesoría para que puedas dar tratamiento a tus propios residuos. Esta opción es mejor si tienes un patio para dar tratamiento a los orgánicos, aunque no es un requisito indispensable.
Según datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (2024), del total de residuos sólidos producidos en el área urbana y caracterizado por los municipios, en el país “el 55% corresponde a residuos orgánicos y el 45% a inorgánicos”. En un universo compostero, a los rellenos sanitarios sólo deberían llegar ese 45%, que además si se clasificara correctamente, seguramente la mayoría se podría entregar para el reciclaje.
El planeta tiene las horas contadas y las acciones para ayudar a mitigar el cambio climático son urgentes, en ese marco, compostar es un acto político y revolucionario por el cuidado del ambiente, es también una posiblidad cultural de reorganizar la vida desde abajo.
Haz la prueba, te dejo aquí los datos de la Red de Compostaje.
Fotografia principal: Tomada del portal Ecoticias.com



