Por Hugo el búho
Luis Noboa Naranjo amasó una fortuna. Se volvió el hombre más rico y poderoso del Ecuador. Pero al principio -cuentan sus biógrafos, pagados por su familia- era pobre hasta el dedo meñique del pie, mucho más, hasta el uñero del mismo dedo. Esta es una breve biografía de quien demostró que el pobre es pobre porque quiere, porque si no quisiera ya hubiesen 12 millones de Noboas explotando a los otros… explotando sus talentos.
A propósito de un musical que se va a presentar en Guayaquil, sobre Luis Noboa, su vida, sus tristezas y pesares; y claro, el ascenso meteórico hacia la cúspide de los millones, siempre es importante conocer sus hazañas emprendedoras, porque, sin dudarlo, se trata de uno de los grandes hp del país: hombre poderoso.
Fue el empresario más rico del país, así como lo es hoy su hijo, Alvarito Noboa, quien, a pesar de sus limitaciones intelectuales, logró ese pedestal. Isabel Noboa, otra de las grandes empresarias, también es su hija. Daniel, hoy presidente del país, su nieto. Suegro de Anabella Azín, y padre, hermano, tío, abuelo, primo y amigo de tantos y tantos. Dicen que fue un filántropo, pero hay quienes aseguran que más bien fue un chulcátrico.
Muchos se preguntan, ¿cómo diablos pudo salir un Alvarito de un Luis? No se entiende, si el padre, cuentan era brillante. Y, claro, ahora se comprende que la expulsión de un espermatozoide -aturdido- terminó siendo presidente del país. El talento se lo lleva en el ADN, en la corriente usurera del sistema sanguíneo.
Fue pobrecito dicen. Hasta que se le ocurrió la genial idea de volverse prestamista, es decir, chulquero. Persona que presta dinero y cobra altos intereses. La RAE dice que un chulquero es una persona avara. Así empezó ese pobre hombre, gracias a la usura, a forjar su destino. ¿Cuántas personas quedarían en la ruina por no poder pagarles sus “caritativos intereses”? Eso no importa a los biógrafos. Así es como se progresa y se llega a ser un hombre de bien.
Luis Noboa, primero exportó arroz y luego banano. En poco tiempo se convirtió en el rey Midas del Ecuador. Todo lo que tocaba se convertía en banano. Tuvo miles de trabajadores, a los que él empleó, y quienes debieron sentirse agradecidos por trabajar -con salarios de miseria (tampoco lo cuentan sus biógrafos)- bajo las órdenes de Don Lucho. Porque lo importante es quien tiene el capital, no quienes generan riqueza.
Después de heredar sus millones y empresas a sus seis hijos, se murió a los 76 años, donde suelen morir los patriotas adinerados del Ecuador, en los Yuneites Esteites, producto de un infarto agudo de miocardio. No se sabe si pagaba los impuestos que le correspondía (sus biógrafos tampoco hablan de eso), pero como suele pasar con los pro-hombres que se enriquecen a costa de los trabajadores, ni se debe haber acordado. Y como eso se hereda, su hijo Alvarito siguió la tradición. Y su nieto, Daniel, perfeccionó la técnica: ya no solo no pagaba, sino que se rebajaba lo que nunca irá a pagar.
Para recordar su legado, a alguien se le ocurrió la maravillosa idea de llevar su vida a las tablas, donde, claro, se contarán historias fantásticas de Don Lucho. Los actores, músicos y su director serán, sin duda, futuros Asambleístas de un partido morado. Al estreno de la obra no podrán faltar sus familiares y claro, un pequeño hombre que no se sacará sus gafas negras durante toda la función.
Foto de portada: Captura de pantalla del evento publicado en la página de Ticketshow.


