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jueves, marzo 5, 2026

Imagínese || Hugo el búho

Por Hugo el búho

Que un día sus hijos no llegan a su casa a la hora acostumbrada. Que reciben una llamada avisándoles que están asustados y golpeados y que vaya urgente a verlos.

Imagínese que los busca y no los encuentra. Imagínese, como ya lo dijimos, que son sus hijos. Sus hijos.

Imagínese que no hay rastro de ellos. Pero alguien le informo que unos militares se los llevaron. Usted averigua, pregunta. Nadie le da información. Imagínese que le cuentan que unos narcos se los llevaron. Imagínese que son sus hijos.

Usted pide respuestas al gobierno, y lo único que recibe son mentiras, evasivas. Imagínese que después de tanta presión social al gobierno no le queda más remedio que confirmar que los asesinaron. ¡Los asesinaron! La luna se manchó de rojo.

Ahora, imagínese que le informan sobre sus hijos. Que encontraron unos cuerpos calcinados que, posiblemente sean sus hijos. Sus hijos podrían estar calcinados. A alguien se le ocurrió que era mejor quemar sus cuerpos para no dejar huellas.

Después de tantas noches sin dormir les confirman que, efectivamente, se trata de los cuerpos de sus hijos. Murieron golpeados, con impactos de bala y luego, los incineraron. ¿Cómo será ser madre y recibir esa cruel noticia? Una se debe querer morir. Una desearía quemarlo todo. Sus hijos ya no están. ¡Ya no están sus hijos!

Imagínese que luego de semejante remezón a sus vidas, a unos cuantos hijos de puta -que desean migajas del gobierno- se les ocurre decir que eran delincuentes, que por eso los asesinaron, que tienen pruebas de que eran unos chicos dañados. Que se lo merecen. Y uno de esos mal nacidos es un ministro de Estado. Y (eso que llaman) el presidente no dice ni pío. No es capaz de pedir perdón.

Imagínese que es un padre destrozado y que, en ese momento, tiene unas ganas terribles de buscar uno por uno, a esos hijos de puta, y que le digan en su cara que sus hijos eran delincuentes.

Pasado un tiempo, se logra constatar que sus hijos, antes de ser cruelmente asesinados, fueron golpeados y vejados por los militares. Sus hijos, sus niños fueron torturados por unos despreciables uniformados que, se supone, están para cuidarlos.

Imagínese que su presidente y el ministro de los miliares fingen demencia y prefieren el silencio, el miserable silencio.

¿Qué pasará por dentro de esos padres al enterarse? ¿Cuántas veces al día revivirán los últimos momentos de sus hijos? ¿Cuántas veces al día escucharán una voz lejana de unos niños que les gritan: ¡mamá, papá, ayúdenme, nos quieren matar, y no hicimos nada! ¡Mamá, yo quiero a mi mamá!

Imagínense que no solo fueron cuatro niños, sino que son muchos más. Asesinados para hacerlos pasar por delincuentes. Porque un niño pobre, de “color sospechoso” no importa.

Ahora, imagínese que un día de estos, su hijo, su hija, no llega a casa. ¿Qué haría?


Foto de portada sacada de la web.

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