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viernes, marzo 6, 2026

La desnudez del sistema corporativo de la educación

Por Alfredo Espinosa RodrĆ­guez*

Profesores, sobre todo secundarios, que laboran entre 10 y 16 horas diarias desde sus hogares, fustigando al tiempo para complacer a la familia propia y a la entenada (sus alumnos). Extensas jornadas acadĆ©micas que incluyen tediosas reuniones de planificación para cumplir con objetivos de aprendizaje armonizados con valores que en la vida real son desechados –en buena medida– por la praxis de quienes sin estupor entremezclan con mirada unidimensional a la filantropĆ­a con la solidaridad.

¿Una mano lava a la otra? Posiblemente, porque eso es parte del legado farandulero que a mediano plazo, se convertirÔ en slogan publicitario para que los negocios educativos capten mÔs clientes.

SĆŗplicas con sabor a llamados de atención. Mensajes de los docentes tratando de razonar con sus estudiantes para que comprendan que –posiblemente– si no se conectan a las clases virtuales, si no cumplen con las asignaciones realizadas, ellos perderĆ”n su puesto de trabajo.

ĀæClases virtuales de 15 o 20 alumnos en los que se conectan vĆ­a internet la mitad o menos? ĀæQuiĆ©n es el culpable? ĀæLa familia, la televisión, los juegos de video, el internet o las redes sociales? No, para el sistema corporativo de educación, los Ćŗnicos culpables de todas las desgracias, descalabros y desmotivaciones de los estudiantes, son los docentes. Ā”Sin excusas ni reclamos! Esas mismas personas que hasta este mes tuvieron la certeza –en los colegios particulares– de recibir su salario Ć­ntegro y de continuar trabajando, pero posiblemente no el mes que viene.

El mundo de la seudoconcreción –como decĆ­a Karel Kosik– es el que nos muestra sin mayor complejidad lo que vemos o lo quieren que veamos los demĆ”s, sin inmiscuirnos en la realidad concreta. Sin escrudiƱar los sedimentos que estructuran estas cadenas modernas de esclavitud, en donde los padres de familia sienten a diario que esos mensajes, que esas reflexiones del docente al verdadero compromiso educativo –y no económico institucional– laceran el autoestima de sus retoƱos, muchos de ellos convencidos de que ā€œchiquilladasā€ –como el bullying–  a docentes y compaƱeros son inofensivas por ser ā€œun juegoā€.

Desde aquella ficción que promulga la bonanza económica y caprichuda en la que desean creer algunos retoƱos, por obra y gracia de sus padres que deberĆ”n seguir pagando –pese a la situación económica del paĆ­s– las jugosas pensiones de sus hijos. Estos clientes susurran ser co-propietarios del destino del docente e incluso de la institución educativa que los acoge, en unos casos como un centro de hospedaje por el cual transitan sin mayor trascendencia para sus vidas y, en otros –con mucho pesar– como panóptico al cual son arrojados por sus progenitores, quienes ā€œse liberan por unas horasā€ de uno o varios problemas.

Solo unos pocos se destacan positivamente, pero no son suficientes para adecentar la reputación institucional.

AquĆ­ una breve digresión: ĀæEs esta una lectura atrabiliaria de la realidad? No. Ā”Esta es la cruda y triste realidad! La que no forma parte del relato oficial de la excelencia ni de los aplausos, aunque sĆ­ de las disculpas forzadas que esgrimen los docentes para mantener su puesto, porque ā€œel cliente tiene siempre la razónā€.

Para finalizar, los profesores luchan a diario para que sus alumnos se desliguen de un letargo pueril. De aquel que cuenta los dĆ­as y las horas para visitar un centro comercial (mall), ir al cine, embriagarse y ā€œvacilarā€ para demostrar su incipiente virilidad, y escapar de un trajinar que bien puede resultar ruin para quienes merecen formarse en ambientes sanos y amigables. Pero a la vez insultante frente la tragedia económica y sanitaria que vive la nación. ĀæDónde estĆ” su reflexión y su empoderamiento?

¿Es ese su mundo mejor y mÔs pacífico? Antes del covid-19 y durante esta pandemia, la paz provocada por la desidia siempre ha sido sinónimo de muerte en vida. Preguntémonos entonces. ¿CuÔntos de esos muertos hay en el camino?

”Mi solidaridad con los docentes!

“[…] los profesores luchan a diario para que sus alumnos se desliguen de un letargo pueril.”


*Magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.


La LĆ­nea de FuegoFotografĆ­a: Referencial de fancycrave1 / Pixabay.

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