āCuando los medios descubrieron que la información era un negocio la verdad dejó de ser importanteā, anunció hace mĆ”s de veinte aƱos el periodista polaco Ryszard Kapuscinski, frase que en lugar de envejecer con el tiempo estĆ” mĆ”s vigente que nunca. Muertes, violencia, drogas, infidelidades, escĆ”ndalo, estĆ”n en la agenda diaria de los medios de comunicación tradicionales, aquellos que migraron del papel, la radio y la televisión al formato digital en busca de mayor audiencia, pero esto se ajusta a un interĆ©s en particular: el interĆ©s del pĆŗblico, āsuā pĆŗblico. Parece que estos medios de comunicación ya no tienen una agenda de noticias propia, sino que la direccionan al consumo del ciudadano promedio del dĆa a dĆa, que cada vez se interesa mĆ”s en esos temas.
Las redes sociales estĆ”n llenas de titulares llamativos que parecen pensados, o mĆ”s bien estructurados, conforme a una necesidad: la del pĆŗblico que los consume. Dichos medios de comunicación han buscado ganar su parte en un negocio muy rentable, aunque muchos naufragan en el intento por alcanzar el mayor nĆŗmero de clicks al dĆa. Este ejercicio es conocido como clickbait, la acción de abrir enlaces de noticias con titulares llamativos, para generar mayor trĆ”fico en la web del medio digital genera rentabilidad en estadĆsticas virtuales, lo que se transforma en estadĆsticas monetarias. Incluso aunque esos titulares guarden poca o ninguna relación con el contenido de la noticia que encabezan. Si un medio alcanza buenas cifras de āclicksā es mĆ”s rentable para la pauta digital de la empresa pĆŗblica y privada.
Por esta razón ya no se preocupan mucho por la calidad o veracidad de sus notas, sino que su enfoque estĆ” destinado a generar el consumo masivo de sus productos āy muchos editores caen en la tentación de escudarse en ese interĆ©s para producir materiales cada vez peoresā, escribe el periodista argentino MartĆn Caparrós en su libro Lacrónica.
La verdad quedó en segundo plano, el periodismo quedó en el olvido. āEl oficio mĆ”s lindo del mundoā, como lo bautizó en algĆŗn momento Gabriel GarcĆa MĆ”rquez, dejó de ser lo que fue. El dinero es el dueƱo de la verdad: quien tiene dinero puede decir lo que quiera y alcanzar al pĆŗblico que quiera, y aĆŗn mejor, a travĆ©s de este ejercicio generar mĆ”s dinero. El negocio de la información es fructĆfero y cada vez abundan mĆ”s medios digitales plagados de seguidores que dejan comentarios y reacciones que sostienen al canal. Esto nos deja otro problema, la creación de canales digitales āespecializadosā en Fake News que van en cacerĆa de estos clicks. No hay un medidor de comentarios positivos o negativos, cualquier tipo de comentario dejado en las bandejas de la publicación sube sus estadĆsticas.
Parece que el buen periodismo, ese al que alguna vez se respetó y se le dio la seriedad que se merecĆa, ahora vive solamente en el riguroso trabajo de los periodistas anónimos; esos que siguen escribiendo historias sin buscar alimentarse de clicks, sino amplificar las voces de ciertos sectores que hoy por hoy parecen olvidados por la opinión pĆŗblica.
Los medios de comunicación se convirtieron en restaurantes de comida rĆ”pida, como las grandes cadenas norteamericanas, que buscan satisfacer a su pĆŗblico inventĆ”ndose, cada vez mĆ”s, nuevas recetas acordes a los gustos de cada paladar. Los editores han ajustado sus agendas alrededor del pĆŗblico, un pĆŗblico al que antes no necesitaban satisfacer, que no exigĆa lo que se debe escribir o emitir, pero que ahora, es quien marca la agenda de cada medio digital, que compite con el resto ya no con el afĆ”n de informar sino con la intención de ganar, de tener la primicia, de generar el tan ansiado click.
Al igual que estos medios de comunicación que compiten por generar estadĆsticas digitales, los reporteros de estos medios compiten entre sĆ. Se olvidaron que no son ellos los mĆ”s importantes de sus notas, dejaron de lado a las voces y rostros de quienes generan la noticia, su ego pudo mĆ”s y ahora pugnan por premios, que, para variar, es āsu pĆŗblicoā el que los elige, haciendo campaƱas para ganar sus votos; ya lo dijo Kapuscinski: āEl Ćŗnico modo correcto de hacer nuestro trabajo es desaparecer, olvidarnos de nuestra existencia. Existimos solamente como individuos que existen para los demĆ”sā.
La información es un negocio que factura bien, en ocasiones. Mientras la verdad siga quedando en segundo plano, las palabras de Kapuscinski podrÔn seguir vigentes durante veinte años mÔs.


