Por Jaime Chuchuca Serrano

En el incendió de la Catedral de Notre Dame, Colossus, un robot bombero a control remoto, ayudó a apagar el incendio desde lugares impensables para un ser humano. Sin duda la robótica y la tecnología van transformando las operaciones humanas de modo acelerado. Miles de personas a diario son remplazadas por máquinas, pero hay actividades que aún no pueden ser suplantadas ni por robots ni por humanos. Nuestra vida está atravesada por tecnología electrónica.

Por Samuel Guerra Bravo*

El subtítulo de este artículo evoca a “El séptimo sello”, la famosa película de Ingmar Bergman en la que un caballero atormentado que vuelve a su castillo tras diez años de luchas inútiles en las Cruzadas, reta a la muerte a una partida de ajedrez en busca de respuestas a preguntas clave de la vida.

Actualmente vivimos un ajedrez de circunstancias mortales frente a las cuales la filosofía se ve abocada a probar su poder o su debilidad, su actualidad o caducidad. El drama es que debe hacerlo ante la amenaza inmisericorde de la muerte representada por un “enemigo invisible”: el coronavirus.

¿Puede la filosofía decir su palabra coetáneamente a los hechos de la pandemia o debe callar y esperar a que ésta sea superada o solucionada por las ciencias para reflexionar sobre lo ya acaecido? Esta es la cuestión a debatir.

Puedo comprender que las personas de clase media y media alta de Ecuador no entiendan las causas del Paro Nacional –que merecidamente ha trascendido a Levantamiento Indígena y Popular- porque ciertamente su lugar de privilegio veda sus posibilidades de dimensionar el empobrecimiento al que millones de personas en nuestro país han sido conducidas de forma sistemática, por todos y cada uno de los gobiernos que han llegado al poder de la mano de la élite ecuatoriana y los medios de comunicación ligados a un modelo económico, político y social capitalista, colonial y heteropatriarcal.

La extraña relación entre destino y casualidad a la que se hizo referencia en el anterior artículo “La insoportable levedad comunicacional del sillón vicepresidencial” tiene en esta coyuntura un correlato necesario. ¿Qué va a pasar con los contenidos de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC)? Ahora que la Asamblea Nacional dio paso a las reformas que convierten a la LOC en una normativa ‘light’ es justo no quedarse en la superficie y reflexionar sobre los temas de fondo.

16 diciembre 2018

Hay momentos en la vida en que lo casual puede no serlo y lo que parece determinado de antemano en realidad es fruto del azar. Esto, que no es una ley de la vida, aconteció entre el 10 y el 11 de diciembre de este año. Ese día, dos hechos aparentemente extraños entre sí confluyeron para colocar un hito polémico en el ámbito de la comunicación.

George Didi-Huberman en el prólogo de ese potente libro del cineasta alemán, Harum Farocki (1944-2013),  que lleva por título Desconfiar de las imágenes, afirma que: “Todas las imágenes del mundo son el resultado de una manipulación, de un esfuerzo voluntario en el que interviene la mano del hombre (incluso cuando esta sea un artefacto mecánico)”(2013; 13). Es decir, todo trabajo en donde esté inmersa la visualidad supone necesariamente una manipulación, mistificación o una tramoya como parte de sus dinámicas y economías.

Lo de estos últimos meses en Palestina no termina de ser escalofriante. El Estado sionista de Israel continúa su masacre y represión contra los pueblos ocupados, esta vez ante el rechazo y las protestas de los palestinos a la instalación de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén, con lo cual el imperialismo norteamericano toma una posición clara a favor de la ocupación y la desaparición del pueblo palestino.