El triunfo de los denominados “independientes” en Chile nos pone ante la pregunta si éste es el comienzo del fin de los partidos políticos, no solo de los partidos políticos tradicionales sino de los partidos políticos como tal y de todo el sistema de partidos que dirigen Chile y el mundo occidental.
Luego de haberse realizado la elección paritaria de candidatos constituyentes en Chile, los días 15 y 16 de mayo, los resultados son realmente esperanzadores para la construcción de un país distinto y que responda a las principales demandas que se han impulsado desde distintos sectores críticos en los últimos 20 años.
El reciente fallecimiento del filósofo, científico y escritor chileno, Humberto Maturana Romesín, el pasado 6 de mayo, no solo es la partida de uno de los científicos más importantes del siglo XX, sino quizás una de las figuras sentipensantes más emblemáticas en lo que refiere a crítica del racionalismo moderno.
El segundo libro de Fernández, Mapocho, es caudaloso y raudo como en los mejores tramos del río. Desde la primera página, nos propone una inmersión profunda en sus aguas, en las capas que lo conforman, en los otros líquidos que se incorporan en él desde siempre; luego en un ritmo sosegado incita a avanzar en su caudal. Hay un ir y volver en sus aguas para arremolinarse en el centro y expulsarnos o arrastrarnos hasta el final de sus 214 páginas, como ese tramo del Mapocho que corre debajo de la carretera.
El denominado “progresismo latinoamericano”, que se alimentó de algunas fracciones de los partidos de izquierda, pero también de corrientes populistas e incluso de políticos de derecha y empresarios que apuntan a un proyecto supuestamente innovador (que en teoría espera superar el neoliberalismo, o al menos desmarcarse de EE.UU. y abrir nuevos mercados en China y otros polos de desarrollo económico), se ha afincado de manera más clara sobre todo en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina, en cada país con su respectivo matiz.
Contra los hijos, un recorrido por las imposiciones sociales que se acompañan de una serie de mandatos que terminan reduciendo la independencia de la mujer y su supuesta libertad de elección. La primera demanda social es ser madres, dice la autora, y además ser buenas madres, y también buenas esposas.
Dos fenómenos han cambiado la vida de los pueblos en estos años: las movilizaciones masivas y la situación pandémica y los dos se corresponden con la fractura del metabolismo natural. Sigo sosteniendo que la estructura del panóptico pandémico fue ideado más para contrarrestar las movilizaciones que para solucionar la emergencia sanitaria. De tal modo que lo pandémico es un nudo de conceptualizaciones filosóficas, sociológicas, políticas, económicas y, en último lugar, médicas. Las transformaciones pandémicas sometieron a la población a los múltiples circuitos gubernamentales: Estados de excepción, reformas laborales, tributarias, de extracción de recursos naturales, de endeudamiento para beneficiar a los capitalistas y de control biopolítico poblacional.
Chile es una constelación de estrellas en movimiento que no soportó más el degüello social. El yo apruebo del 25 de octubre de 2020 por una nueva constitución llegó al 78, 27 %. Así se firmó la sentencia de muerte de la Constitución de Pinochet. El 78% aprobó que se haga una Convención Constitucional con el 100% de sus miembros elegidos por el pueblo de modo paritario entre hombres y mujeres. Recordar que el Levantamiento Popular chileno empezó con los más jóvenes tomándose las estaciones del metro y saltando torniquetes por el alza de 30 pesos (0,04 centavos de dólar). Los jóvenes chilenos tienen una particular sensibilidad política.
Fueron cuatro décadas y en ellas pasaron muchas cosas. El fin de la Constitución de 1980 marca un hito en varios aspectos: cierra la transición pactada de un modelo administrado por la clase política y abre un nuevo período en la historia con un fuerte componente ciudadano. Un hecho inédito en nuestra vida republicana, que desató celebraciones en todo Chile.
El proceso constituyente en Chile, visto desde el prisma de la experiencia ecuatoriana en el tema. Alberto Acosta analiza los posibles beneficios, perjuicios y aspectos de cuidado que una reforma constitucional puede implicar para la democracia de un país.
Chile y Bolivia viven dos dinámicas, revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; y las propias coyunturas en las que tienen lugar, son distintos.
Alberto Acosta, economista y autor de varios libros, advierte del espectro de la militarización en todo el continente y proporciona algunos elementos que considera fundamentales para construir un nuevo momento político positivo para las masas.
Luego de más de una década de vigencia de los gobiernos autoproclamados progresistas, parecía que en Latinoamérica el péndulo electoral cambiaba de orilla al...