Resulta imposible llegar con recetas provenientes de otras realidades y otras circunstancias. Lo que si puede es compartir experiencias, nada más que eso. Experiencias, que para ser provechosas deben partir de lecturas críticas con el fin de ofrecer opciones que podrían ser analizadas en función del actual proceso constituyente en marcha.

Fácil entrar, difícil salir del fascismo

En Bolivia el fascismo atropella. En Chile el fascismo, intacto, aguanta.

Chile y Bolivia viven dos dinámicas revolucionaria y contrarrevolucionaria, opuestas; dicho de otra forma: dos momentos distintos en la lucha de clases o en el enfrentamiento con el Imperio. Por otro lado, los factores, internos o externos, con los que se realizan estas luchas; y las propias coyunturas en las que tienen lugar, son distintos.

Inicio este artículo después de ser parte de varias movilizaciones en el mes de noviembre del 2018: la primera organizada por el movimiento indígena ecuatoriano que atravesó todo el país pidiendo al gobierno de Lenín Moreno se respete el mandato ciudadano y se prohíba las actividades mineras en las áreas previamente definidas. La segunda cuando los estudiantes se levantaron en contra del anuncio del Gobierno: reducir el presupuesto para la Educación Superior en el 2019.

Los acontecimientos político-militares del 11 de septiembre de 1973, puso fin a la presidencia de Salvador Allende, primer gobierno socialista de América Latina, quien venía aplicando políticas de transición desde 1970 hasta 1973, con la finalidad de poner fin al capitalismo chileno e instaurar un modelo económico, político y social, bajo la conducción del doctor Salvador Allende y la Unidad Popular.