Era un 30 de noviembre del 2012, mis vacaciones de Navidad y Año Nuevo ya estaban organizadas. Desde mi oficina en la fría Indianápolis estaba ultimando mentalmente detalles sobre lo que habría que preparar para dichas vacaciones; entonces el sonido de una campana digital del email irrumpió en mi computadora con un título que me hirvió el corazón: “Invitación para visitar a Oventik”.

Muchos millones alegres; otros miles disgustados; así es esto de la ideología y la política. Alegres las inmensas mayorías por tener la confianza en que, al fin, les aumentaran los salarios, crecerán sus ingresos, serán menos miserables. Por el contrario, una minoría –la derecha política, los empresarios, los medios de información y sus “intelectuales”- no pueden esconder su disgusto porque esperaban otro fraude electoral (antiAMLO) como los de 2006 y 2012. Sin embargo de manera oportunista muchos de éstos se han alineado, pero tienen la esperanza que la crítica contra el presidente y la oposición crezcan.

Los porros “son grupos que antes eran priístas, o al menos de ahí recibían financiamiento, pero con la entrada del PRD al gobierno local, estos grupos se vincularon con esos nuevos jefes delegacionales. Se volvieron mercenarios, al servicio de quien los financiara”, explicó Hugo Sánchez Gudiño, profesor de las facultades de Ciencias Políticas y Sociales y de Estudios Superiores (FES) Aragón, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).