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viernes, marzo 6, 2026

Corrupción, lo in-visible de lo visible

Por Alfredo Espinosa RodrĆ­guez*

La nueva normalidad ha revelado como fatalidad perpetua el descalabro del Estado y sus instituciones, muchas de ellas fallidas, a causa de patologías sociales como la corrupción, que a diario hace noticia en el país, por ser usada como modelo de gestión de las élites políticas.

Sin embargo, estas revelaciones no han sido suficientes para provocar escenarios de ruptura con lo que aborrecemos del pasado. Es asĆ­ que la pandemia visibiliza y personifica aquellos conceptos como la corrupción, que reposa Ćŗnicamente en la lingüística de nuestros juicios de valor; pero no llega a impulsar una crisis sistĆ©mica que viabilice la posibilidad de construir ā€œlo nuevoā€, como una reinvención de carĆ”cter disruptivo que atente contra la pasiva naturalización de la impunidad estructural.Ā 

ĀæSerĆ” acaso porque los ciudadanos no ven la corrupción de las Ć©lites, sino solo perciben algunas de sus manifestaciones? Probablemente sĆ­, pues no son testigos de cómo se fraguan los delitos en la administración del poder, aunque intuyan varias formas y seƱales de ello, no estĆ”n presentes en las negociaciones para el reparto clientelar y el trĆ”fico de influencias en la cosa pĆŗblica, por ende, no pueden dar testimonio de algo que resulta in-visible, pese a estar en la cotidianidad. En este sentido, serĆ”n sus percepciones ancladas a los juicios de valor las que dictaminen si hay o no corrupción o, incluso, si creen o no que alguien es corrupto al ser calificado como tal. Esto hace que los ciudadanos pongan de manifiesto el ā€œbeneficio de la dudaā€, ya que la verdad –como sostenĆ­an los griegos – estĆ” ligada a la visualidad.Ā 

“No llega a impulsar una crisis sistĆ©mica que viabilice la posibilidad de construir ā€œlo nuevoā€, como una reinvención de carĆ”cter disruptivo que atente contra la pasiva naturalización de la impunidad estructural”.Ā 

— Alfredo Espinosa RodrĆ­guez

La corrupción –mĆ”s aun la que se gesta desde la Ć©lite polĆ­tica – es una patologĆ­a social que no se muestra plenamente a los ciudadanos. AsĆ­ por ejemplo, los polĆ­ticos de los mĆ”s diversos y confusos matices ideológicos se presentan a sus electores como adalides de transparencia y pulcritud que pugnan entre sĆ­ por posicionarse ante la opinión pĆŗblica –sobre todo en campaƱa- como ā€œsalvadores de la patriaā€.Ā 

ĀæCómo saber que tras esta presentación de la Ć©lite polĆ­tica no hay intereses creados o negociados ocultos? ĀæQuiĆ©n nos puede dar la certeza de que estas personas no son ni serĆ”n un reboot del hombre o la mujer del maletĆ­n? No basta con usar el sentido comĆŗn para seƱalar y decir a viva voz que todos son corruptos por ser polĆ­ticos. La problemĆ”tica es mucho mĆ”s compleja y no se ciƱe a una mera acusación pedestre. Tampoco la ausencia de prĆ”cticas corruptas visibles puede dar lugar a la inexistencia de estas, pues lo oculto no necesariamente es lo inexistente, sino lo in-visible. Vale decir que asĆ­ como las hojas de las plantas tienen un haz y un envĆ©s; las Ć©lites polĆ­ticas exhiben una presentación formal ante la mirada de los ciudadanos, cuyo contraste –privado- se encuentra en la apresentación[1]. Un quehacer oculto y un modus operandi que ha salido a la luz gracias a las denuncias del periodismo de investigación.

Ahí estÔn los casos del ex asambleísta Daniel Mendoza y del legislador Eliseo Azuero, el uno detenido y el otro escondido. Ambos embarcados en la travesía del trÔfico de influencias y posiblemente beneficiarios de la compra de votos para salvar a quienes fueron llevados al banquillo de los acusados en la Comisión de Fiscalización del Parlamento. 

¿Es acaso que esta dualidad entre in-visibilidad/visibilidad sobre la corrupción en el contexto de la nueva normalidad nos ha vuelto indolentes? ¿El autocontrol por el contagio ha desplazado nuestro sentimiento de indignación ante la ruindad de grupos gansteriles constituidos en la élite política del país? Esperar atónitos a que esto cambie no es la solución. Hay que seguir haciendo visible lo in-visible y no arrojarlo al cesto de lo inexistente.

“Vale decir que asĆ­ como las hojas de las plantas tienen un haz y un envĆ©s; las Ć©lites polĆ­ticas exhiben una presentación formal ante la mirada de los ciudadanos, cuyo contraste –privado- se encuentra en la apresentación”.

— Alfredo Espinosa RodrĆ­guez

*Alfredo Espinosa Rodríguez, magíster en Estudios Latinoamericanos, mención Política y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y política.


La LĆ­nea de FuegoFotografĆ­a: www.facebook.com/dalobucaram/

La LĆ­nea de FuegoReferencias:

[1]Ā ā€œTodo aparecer en el mundo se compone de presentación y apresentación, obligando a la presentación a transigir con la apresentación, y a la presencia con la ausenciaā€ (Marion, 2001. 78).

**Para la elaboración del presente artĆ­culo tomo los conceptos de in-visibilidad y visibilidad desarrollados por StĆ©phane Vinolo, en su trabajo, ā€œLa invisibilidad de la visibilidad comĆŗnā€, el mismo que forma parte de su artĆ­culo cientĆ­fico ā€œInexistir. Las Estructuras Discursivas de la Invisibilidad en Jean-Luc Marionā€, publicado en la Revista Escritos de filosofĆ­a. Segunda serie (enero-dic., 2018) NĀŗ 6: 76-90.

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