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lunes, marzo 16, 2026

De bestias a terroristas – Atawallpa Oviedo

Cinco siglos de desprecio contra los pueblos indígenas

Por Atawallpa Oviedo Freire

Desde que los invasores monárquicos europeos llegaron a Abya Yala, el desprecio contra los pueblos originarios ha sido la herramienta destacada del poder. Primero los llamaron “salvajes” y “bestias”, luego “primitivos” y “atrasados”, y hoy los bautizan como “terroristas”. El lenguaje cambia, pero la lógica colonial se mantiene: deshumanizar para despojar, criminalizar para reprimir.

Cristóbal Colón, en su carta de 1493, describía a los habitantes de las islas como: “Ellos andan todos desnudos… son como bestias, y muy cobardes, y de poco ingenio.”

Décadas después, el ideólogo de la invasión, Juan Ginés de Sepúlveda, afirmaba en el debate de Valladolid (1550): “Los indios son inferiores a los españoles como los niños a los adultos… habiendo entre ellos tanta diferencia como entre las fieras y los hombres.”

El virrey Francisco de Toledo, en el Perú (1572), reforzaba el mismo prejuicio: “Gentes bárbaras y ociosas, necesitadas de doctrina y corrección.”

Así, la colonización no solo se sostuvo con armas y cruz, sino con un discurso racista que convirtió a pueblos milenarios en caricaturas de atraso y barbarie.

La “independencia” no rompió esa cadena. Al contrario, las élites criollas heredaron la misma mentalidad. No hubo ninguna independencia, solo la continuidad del monárquico al criollo. Simón Bolívar: “hordas salvajes”. Así hasta el día de hoy:

Juan José Flores, primer presidente del Ecuador, decía en 1830: “La masa indígena es ignorante y no apta aún para la vida civilizada; necesita tutela y conducción.”

Gabriel García Moreno, en 1861, insistía: “El indio no sabe lo que es libertad; si se le deja suelto, vuelve a la barbarie. Necesita autoridad fuerte que le eduque en la religión y el trabajo.”

Es decir: del virrey al presidente republicano, la cantaleta era la misma. El indígena no era realmente humano, sino medio animal o menor de edad eterno, incapaz de autodeterminación.

DEL ATRASO AL TERRORISMO

Hoy, en pleno siglo XXI, Daniel Noboa repite el guion con palabras nuevas. Ante las protestas indígenas por el alza del diésel, no dudó en calificarlos de “terroristas”. Siguiendo el libreto de Trump contra los latinoamericanos, y de Netanyahu contra los palestinos. No es casual el apoyo de Noboa a Trump, Netanyahu, Milei y Bukele.

“Serán denunciados por terrorismo y se irán presos por treinta años.” (Noboa, 2024). “Que se pongan a trabajar y dejen de molestar la vida.” (Noboa, septiembre 2025). “Ecuador enfrenta actos de terrorismo disfrazados de protesta.” (Noboa, septiembre 2025)

Incluso llegó a insinuar que la CONAIE estaba financiada por el Tren de Aragua, una acusación tan infame como absurda, destinada a sembrar miedo y justificar la represión. En su momento, se anotó que la declaración de “terroristas” a los grupos narcotraficantes, solo era una pretexto para calificar posteriormente a todo disidente como terrorista, tal como lo está haciendo Trump y toda la extrema derecha en el mundo. Pronto seremos los pensadores y escritores.

La continuidad es evidente: Colón los llamó bestias. Sepúlveda los comparó con fieras. Flores y García Moreno los calificaron de incapaces. León Febres Cordero: indio drogado con ayahuasca, indio ignorante. Rafael Correa: atrasapueblos, emplumados, ridículos. Y Noboa los etiqueta de terroristas, una palabra durísima, de gran connotación.

En cada época, la misma táctica: reducir al indígena a un “problema” para poder sofocar su voz, su autonomía, sus demandas legítimas.

El desprecio contra los pueblos indígenas no es un error aislado ni un exceso verbal. Es una estrategia política que atraviesa cinco siglos. Sirvió para justificar la conquista, el despojo republicano y hoy la criminalización de la protesta.

Pero hay algo que el poder nunca aprendió: cada intento de silenciar a los pueblos originarios ha fracasado. Sobrevivieron al genocidio, a la hacienda, a las dictaduras, a los presidentes que los tratan como enemigos, (y ahora también a algunos felipillos con rosto indígena pero con pensamiento colonial). Y seguirán de pie.

Porque lo indígena no es pasado ni folclor, y ahora existimos de todos los colores. Es futuro, es dignidad, es resistencia. Y ningún decreto, ningún insulto ni ningún presidente podrá borrar esa verdad.


Foto de portada generada por IA

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