Ni las mejores teorĆas feministas, ni los discursos polĆticos feministas, ni mi propia experiencia como mujer me revelaron con tanta claridad la lógica de la dominación masculina, como la obra de danza Enter Achilles del grupo DV8. El arte tiene el don de mostrar desde la belleza las peores pulsiones humanas que definen todo sistema de dominación, y tocar mĆ”s que nuestra consciencia nuestro cuerpo sintiente.Ā
Recuerdo que, al acabar de contemplar esa bellĆsima obra, primero sentĆ mucha tristeza e inmediatamente indignación, al darme cuenta que en el juego de la competencia masculina, las mujeres somos el pretexto objetivado para que los hombres compitan por mostrarse, no a nosotras, sino entre ellos quiĆ©n es el mĆ”s fuerte, el mĆ”s macho, el mĆ”s violento, el que se llevarĆ” el privilegio de la dominación. El recurso estĆ©tico para mostrar esta complicidad de la dominación masculina cerrada en sĆ misma era la presencia, no de una mujer sino de unan muƱeca inflable a la cual los machos golpeaban, maltrataban, insultaban y violaban para mostrarse machos frente a los otros machos.Ā Ā La presencia de la muƱeca inflable y no de una mujer real mostraba que, en el mundo de la dominación masculina, la mujer solo es un pretexto para que los hombres se muestren el amor y el odio que sienten, unos por otros, en su juego competitivo por el control de su mundo y sus privilegios. ComprendĆ que sus rituales masculinos de fuerza y violencia no son para mostrarse ante las mujeres, sino ante ellos mismos en una suerte de autorreferencialidad falocĆ©ntrica del mundo masculino. No interactĆŗan con la mujer, interactĆŗan entre ellos con la mediación subyugada de lo femenino, simplemente, las mujeres no existimos en ese universo de dominación y competencia y sin embargo somos las vĆctimas de ese perverso juego de violencia machista.
El debate presidencial fue una repetición mĆ”s de esta prĆ”ctica de violencia propia del mundo dominado por la masculinidad patriarcal. Un grupo de hombres que competĆan por mostrar quiĆ©n es el mĆ”s apto para dirigir el Estado (lĆ©ase el mĆ”s macho, el mĆ”s dominante, el que tiene derecho a llevarse el privilegio del poder polĆtico). La sociedad a la que aludĆan de manera retórica es la muƱeca inflable, un pretexto para realizar su ritual de poder y violencia polĆtica. SentĆ que, en ese ritual masculino de la polĆtica estatal, la sociedad realmente no importa, estĆ” allĆ para que los machos candidatos desplieguen su violencia y poder, para que ostenten su fuerza entre ellos mismos y asĆ, mĆ”s allĆ” de sus peleas y confrontaciones, afirmen la dominación masculina del Estado frente a la sociedad.Ā Ā Cuando acabó el debate presidencial, nĆtidamente un ritual masculino, como parte de la sociedad me sentĆ como la muƱeca inflable golpeada, burlada, estafada, violada en nuestras necesidades, quereres, aspiraciones, esperanzas, angustias y dolores.Ā
Hay que decir que la Ćŗnica mujer que estuvo allĆ, estaba obligada a ser un macho mĆ”s, que obviamente no alcanzaba a desplegar la violencia de los hombres, sobre todo de los que hacen esfuerzo por ser mĆ”s violentos, para mostrarse que son machos de verdad; o, aquellos que por sus prĆ”cticas sociales ya han entrenado su violencia machista dirigiendo grandes empresas financieras, equipos de fĆŗtbol, al frente del mismo Estado al que quieren volver, queriendo parecerse a su macho alfa, etc. TambiĆ©n hay que decir que habĆa algunos otros que se quedaron al margen de esta violenta competencia, que no lograron ubicarse en el centro del poder masculino y por eso no son āverdaderos machosā o no son āimportantesā, la próxima vez tendrĆ”n que mostrar mĆ”s su masculinidad violenta para que tengan chance en esta competencia, con lo cual alimentarĆ”n la dominación masculina.Ā Ā Ā
AsĆ como la mujer tiene que decidir liberarse y dejar de ser el pretexto objetivado del ritual masculino con el que se sostiene la dominación machista que nos oprime como mujeres, y nos impide existir autónomamente en relación de equidad con los hombres y no en dependencia y subyugación; asĆ la sociedad tiene que decidir liberarse y dejar de ser el pretexto objetivado del ritual polĆtico electoral, con el que se sostiene la dominación patriarcal del Estado en contubernio con la dominación capitalista y colonial. Cuando la sociedad, en su diversidad de pueblos y culturas, decida caminar hacia su autonomĆa polĆtica respecto al Estado patriarcal, hacia su autonomĆa económica respecto al mercado capitalista y hacia su autonomĆa cultural respecto a la colonización occidental, entonces habremos trazado las coordenadas de un mundo mĆ”s justo y libre.Ā
“El debate presidencial fue una repetición mĆ”s de esta prĆ”ctica de violencia propia del mundo dominado por la masculinidad patriarcal. Un grupo de hombres que competĆan por mostrar quiĆ©n es el mĆ”s apto para dirigir el Estado”.
*Natalia Sierra es socióloga y académica de la PUCE


