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viernes, marzo 6, 2026

¿Hasta cuándo será culpa de Correa? | Galo Betancourt

Por Galo Betancourt*

En medio del éxtasis por el triunfo de Daniel Noboa, una publicación en la red social X irrumpió con una duda tan incómoda como honesta. Lo escribió el usuario Alex Francisco:

“Si gana Noboa y siguen los sicariatos, las vacunas ¿la culpa seguirá siendo de Correa?… ¿Hasta cuándo con el mismo discurso”. 

La Línea de Fuego
Captura de pantalla de la cuenta del usuario de ‘X’, Alex Francisco.

No era una crítica destructiva, sino una invitación a mirar hacia adelante, a asumir por fin responsabilidades propias, tanto del gobierno como de la ciudadanía. Sin embargo la respuesta fue reveladora: insultos, llamados a “darle más tiempo” y lo más inquietante, comentarios que naturalizan la culpa perpetua de Rafael Correa.

Llevo días pensando por qué este encuadre se ha instalado con tal fuerza en el imaginario ecuatoriano. Y aunque mi campo es la comunicación, el fenómeno merece primero una mirada desde otros ángulos.

En la psicología, Sigmund Freud definió a la proyección como un mecanismo de defensa mediante el cual los seres humanos atribuyen a otros deseos, culpas o conflictos que no pueden —o no quieren— reconocer como propios. En contextos de crisis, proyectar en un enemigo externo resulta emocionalmente tranquilizador: libera al individuo de asumir su parte de responsabilidad.

Este proceso más personal encuentra un correlato en el plano de lo colectivo, donde se vuelve estructural. René Girard, historiador, antropólogo y filósofo francés, explicó cómo las sociedades canalizan sus tensiones y frustraciones contra un “chivo expiatorio”, de este modo, desvían su violencia simbólica o real hacia un sujeto individualizado que concentra la responsabilidad de los males comunes.

Ya en mi territorio, recuerdo que mi colega y amigo argentino, Mariano Ferreira, decía que la comunicación política funciona como la trama de la película Inception: se trata de entrar en los sueños o mejor dicho en el inconsciente del otro e insertar una idea. Y vaya que en el Ecuador la idea del “culpa de Correa” ha calado hondo.

Ha sabido explotar lo individual (la proyección del malestar) y lo colectivo (el sacrificio ritual del chivo expiatorio). El resultado es una sociedad que pierde toda noción de responsabilidad propia, ya sea al votar, al callar o al aceptar lo inaceptable.

En el gobierno de Noboa esta narrativa se vuelve perversamente conveniente. Sirve para desviar la atención o como excusa frente a la inoperancia y la falta de gestión. Funciona para explicar -sin pruebas pero con efecto- que los apagones son culpa del correísmo porque “dejaron correr el agua en la represa de Mazar”; que los derrames petroleros en Esmeraldas son sabotajes de miembros del movimiento de Correa; que desde México  se está orquestando un magnicidio por parte de los perdedores de las elecciones. Parece absurdo, pero funciona porque el frame ya está instalado en el imaginario colectivo.

La “culpa de Correa” ha dejado de ser una acusación puntual para convertirse en un marco estructural del discurso público en el Ecuador. Organiza el sentido común, alivia el malestar emocional, cohesiona simbólicamente a parte de sectores sociales fragmentados como ricos y pobres y, sobre todo, simplifica la complejidad de los problemas que atraviesa el país.

Pero esa simplificación tiene un gran costo: refuerza la pasividad ciudadana, anula la rendición de cuentas y obstaculiza los verdaderos desafíos que debería tener el Ecuador.

“Mientras todo sea “culpa de Correa”, nada será responsabilidad de Noboa ni de nosotros”.

– Galo Betancourt


* Galo Betancourt, documentalista y comunicador audiovisual con más de dos décadas de experiencia en el ámbito público, académico y periodístico. Ha dirigido múltiples proyectos de comunicación institucional y ejercido la cátedra en universidades ecuatorianas. Reconocido con más de diez premios, incluyendo el Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo, Categoría Institucional (2023 y 2024), ha combinado la creación audiovisual con el análisis político. Su trabajo ha sido distinguido por su enfoque creativo y comprometido con los derechos humanos.

Imagen de portada generada con IA por el autor del texto.

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PENSAMIENTO CRÍTICO
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1 COMENTARIO

  1. NO SEÑOR, la culpa no es de Correa o al menos no toda; la mayor culpa es de los millones de seguidores que votan por su movimiento de cómplices y amigos que si no existiera no nos acordaríamos de Correa sino cuando leamos sobre historia. Por tanto no nos olvidamos de Correa porque existe un importante movimiento político liderado por una lumpen oligarquía delincuencial y aliada de los narcos y liderada a su vez por Correa, de eso no nos olvidamos.

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