Por Alfredo Espinosa RodrĆguez*
En Ecuador, como en muchos otros paĆses de la región, el periodismo puede ser oficio agencioso de muchos, aunque en realidad es vocación de pocos.
La investigación, criticidad y rigurosidad en el tratamiento de la información no deben perder la batalla frente a un escenario copado por ācelebridadesā, ātodólogosā y ājueces ad hocā que, amparados en su āpopularidadā mĆ”s que en su credibilidad, han convertido sus espacios de visibilidad mediĆ”tica en ātribunales de justiciaā y ābeneficencia comunitariaā.
Frente a esta disyuntiva, los buenos periodistas que todavĆa quedan en el paĆs tienen en sus manos la arquitectura del relato social en tiempos de una compleja transición hacia lo incierto o, lo que es peor, hacia el pasado; mĆ”s aĆŗn cuando luego de la dĆ©cada perdida el oficio de reproductor de discursos sabatinos perdió espacio en los medios de comunicación al servicio del Estado de propaganda; por otro que no visibilizó la brutalidad policiaca de octubre del 2019, ni escudriñó el trasfondo lumpen-subversivo de quienes āa modo de Ć©mulos de Abimael GuzmĆ”n- salieron ilesos jurĆdicamente pese al caos, la convulsión, el vandalismo y la delincuencia.
A un lado quedó el periodismo servil, fabricante de una larga lista de rĆ©plicas y rectificaciones direccionadas por el Estado candidato para contar con publicidad gratuita en los medios de comunicación privados imponiendo su verdad al forcejeo, aunque unos pocos extraƱen ese modus vivendi; lo cierto es que pese a todos los inconvenientes propios de la etapa actual que vive el paĆs, la libertad de expresión ya no es una dĆ”diva concedida por el beneplĆ”cito afrentoso del gobernante de turno.
Ahora nos encontramos ante un ineludible vendaval de posverdades, āverdades relativizadasā o āmentiras emotivasā, que generan mĆ”s incertidumbres que certezas en la opinión pĆŗblica y no solo a travĆ©s del uso de los medios convencionales o los portales digitales. Aunque este escenario no englobe a todos, las redes sociales se han convertido en el espacio predilecto donde anidan los apoyos de periodistas agenciosos que buscan mantener y precautelar su puesto de trabajo en la administración pĆŗblica, devengando su sueldo en la digitalidad bajo la consigna de que un comentario o una tendencia pueden devolver la respetabilidad a quien la perdió; desacreditando a otros, faltando a la realidad y demostrando que viven en un mundo ficcional y paralelo.
Frente a esta bajeza al servicio de la desinformación. Los trabajos del periodismo crĆtico y de investigación que dieron vida a āEl Gran Hermanoā, āArroz Verdeā, āEl SĆ©ptimo Rafaelā, āRehenesā, entre otros; se convierten en baluartes que dignifican una batalla constante contra las zancadillas del poder, la exculpación de quienes no creen en la democracia y los acuerdos contra-natura entre un sector de la clase polĆtica que busca silenciar la estela de corrupción que dejó la dĆ©cada pasada, a costa de cogobernar en el 2021.
La existencia de este periodismo asumido con vocación y sentido de paĆs es el que debemos celebrar cada 5 de enero y serĆ” la contundencia de sus investigaciones ācomo se ha demostrado hasta el momento- la que se mantendrĆ” en la retina de los ciudadanos por sobre cualquier romanticismo convenido con tufo a encubrimiento.
“La investigación, criticidad y rigurosidad en el tratamiento de la información no deben perder la batalla frente a un escenario copado por ācelebridadesā, ātodólogosā y ājueces ad hocā que, amparados en su āpopularidadā mĆ”s que en su credibilidad, han convertido sus espacios de visibilidad mediĆ”tica en ātribunales de justiciaā y ābeneficencia comunitariaā”.
*MagĆster en Estudios Latinoamericanos, mención PolĆtica y Cultura. Licenciado en Comunicación Social. Analista en temas de comunicación y polĆtica.


