"Del mismo modo, la cultura progresista de la posdictadura abreva en Gramsci, con algunos de los mismos nombres mencionados aquí, pero con estrategias de lectura distintas. Un énfasis en el autoexamen de las izquierdas para pensar el tema de la democracia aparece en el Club de Cultura Socialista de los años ochenta y se extiende de diversos modos durante varias décadas. Y en estricta intersección con todo lo anterior: la infinidad de cátedras, los grandes profesores, las bibliografías, las agrupaciones políticas, los cursos y los libros. Una historia sinuosa -evocada aquí apenas superficialmente-, con aproximaciones de toda naturaleza (a su modo, también las aproximaciones de derecha son parte del “éxito” argentino de Gramsci), pero con una densidad innegable."
"Podría decirse, con una referencia aparentemente lejana pero esclarecedora, que la hegemonía se asemeja al principio taoísta de wu wei, «actuar sin actuar». No en el sentido de inacción, sino como una fuerza que opera con mayor profundidad cuanto menos parece una imposición. La hegemonía no se proclama, sucede; no se decreta, se asienta; no se impone a las instituciones, sino que penetra en el sentido común. Cuando es auténtica, no necesita gritar su nombre: se convierte en el lenguaje a través del cual incluso los adversarios se ven obligados a hablar. Por eso la cultura no puede producirse como un plan quinquenal de nombramientos. Por supuesto, las instituciones importan: escuelas, universidades, televisión pública, museos, cine, editoriales, festivales. Pero solo pueden amplificar una fuerza cultural ya existente."
Escribí unas notas a mano alzada para un panel sobre Antonio Gramsci en el Centro Internacional de Estudios Superiores de Comunicación para América Latina...