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22 de julio
Las camisetas de la vergĂŒenza
En tanto los trabajadores textiles que producen camisetas de algodĂłn en los paĂses del Sur ganan salarios miserables, las grandes empresas que las comercializan siguen haciendo fortunas.
Unas 90 millones de personas, en su gran mayorĂa mujeres, trabajan en la industria textil en todo el mundo con salarios que no cubren ni siquiera sus necesidades mĂĄs bĂĄsicas debido a que los gigantes de la importaciĂłn pagan apenas un poco mĂĄs por una camiseta bĂĄsica de algodĂłn tipo t-shirt que hace veinte años. En tĂ©rminos reales, sin embargo, lo que estos gigantes pagan es aĂșn menos cuando se considera el impacto de la inflaciĂłn. A todas luces, una tendencia a la baja lograda a expensas de la mano de obra y de la misma viabilidad econĂłmica de los fabricantes. Problema que afecta muy especialmente al continente asiĂĄtico debido a que dos terceras partes de esta industria se concentran en esa regiĂłn.
De mĂĄs en mĂĄs la producciĂłn textil se descentraliza hacia paĂses del Sur con salarios bajos. FĂĄbrica de ConfecciĂłn Textil en EtiopĂa. Foto OIT. jpgCamisetas a 13 dĂłlares el kilo
Los importadores que abastecen a las tiendas europeas les pagan a los fabricantes en Asia entre 2 y 3 dĂłlares por unidad, y a veces hasta 1 dĂłlar solamente. Si en lugar de unidades se calcula en kilos, el precio promedio que estos importadores pagaron en 2025 fue de 16 dĂłlares por kilo, y tan solo 13 dĂłlares por las camisetas fabricadas en Bangladesh, su proveedor principal.
Sin embargo, los precios mås bajos de estas mismas camisetas en las principales tiendas de Suiza, Francia, España y el resto de Europa Occidental oscilan entre 10 y 20 dólares por unidad. En otras palabras, con la venta de una sola camiseta, las tiendas europeas pråcticamente pagaron un kilo de camisetas. ¿Cómo explicar una diferencia tan grande entre lo que se les paga a los fabricantes y lo que paga la gente que usa esas camisetas?
Una investigaciĂłn conjunta de la organizaciĂłn no gubernamental Public Eye (Mirada Ciudadana) y la Campaña Internacional Clean Clothes (Ropa Limpia) -red de activistas que abogan por el mejoramiento de las condiciones laborales de la industria mundial de la confecciĂłn y de artĂculos deportivos-, provee una respuesta tan sĂłlida como reveladora. Su informe publicado recientemente bajo el titulo Escurridos hasta la Ășltima gota (Squeezed Dry, en inglĂ©s), concluye que, lejos de ser una simple anomalĂa del mercado, el costo de fabricaciĂłn extremadamente bajo de esas camisetas âes decir, lo que los importadores estĂĄn dispuestos a pagarles a los fabricantesâ constituye el mecanismo fundamental mediante el cual las grandes marcas de vestir preservan y reproducen el modelo de ganancias tan cuestionado de la industria textil.
Modelo que perpetĂșa no solo salarios de miseria, sino tambiĂ©n condiciones laborales precarias en toda la cadena de suministros, desde el rĂșstico tallercito con unas pocas trabajadoras en algĂșn remoto lugar de Asia a la formidable fuerza laboral de inmensas fĂĄbricas en zonas francas, donde prĂĄcticamente no pagan impuestos ni deben ajustarse a ningĂșn tipo de convenciones sindicales.
Entre 2001 y 2025, como documenta la investigaciĂłn de Public Eye, la economĂa mundial creciĂł aproximadamente un 3 % anual, mientras que la inflaciĂłn duplicĂł con creces el costo de vida. Sin embargo, en el sector textil los precios de importaciĂłn de una camiseta apenas variaron. En la UniĂłn Europea, por ejemplo, aun cuando dicha variaciĂłn fue de +0,9 % anual en tĂ©rminos nominales, debido a la inflaciĂłn se redujo a -1,4 % en tĂ©rminos reales. Las grandes marcas europeas barajan engañosamente estos porcentajes para justificar sus formidables precios de venta al pĂșblico. En efecto, alegan que durante los Ășltimos 25 años las camisetas se les han encarecido un 25%, cuando en realidad les han costado un 30% menos (https://www.publiceye.ch/fileadmin/img/Mode/2026_Squeezed_Dry/PE_Report_CCC-Pricing_5-26_E.pdf).
Las tiendas de ventas de productos textiles en Europa pagan a los importadores de camisetas de algodĂłn de los paĂses pobres del Sur precios muy bajos, por no decir ridĂculos. Foto Sergio Ferrari. jpgEste panorama podrĂa ser aĂșn mĂĄs problemĂĄtico si incluyera el complejo entramado del muy lucrativo sector de las camisetas de marcas estrictamente deportivas, vendidas con el logo âoficialâ, como las que estĂĄn alcanzando un auge particular con el Mundial de FĂștbol 2026 y en general en todo el amplio sector deportivo.
Todo para lograr precios mĂĄs bajos
Durante las Ășltimas dĂ©cadas, las grandes marcas de ropa han trasladado gradualmente su producciĂłn a paĂses donde los costos de fabricaciĂłn son menores. Como Bangladesh, principal proveedor de camisetas de la UniĂłn Europea y Reino Unido y segundo a nivel mundial apenas por detrĂĄs de China.
Esta creciente concentraciĂłn del sector textil en paĂses o regiones con menores costos de producciĂłn ha intensificado la relaciĂłn de dependencia entre la industria local y las empresas comercializadoras en el resto del mundo, con resultados sumamente perjudiciales para los primeros. Fundamentalmente, debido a la enorme presiĂłn para que reduzcan sus precios al mĂĄximo. Esta es una de las principales conclusiones de Public Eye tras investigar a fondo y sin tapujos el comportamiento de los gigantes del sector.
Las camisetas de algodón no oficiales y no pertenecientes a las grandes marcas abarrotan las tiendas europeas con precios en torno a 10 dólares. Foto Sergio Ferrari. jpgEntre los actores con precios de venta mås altos -siempre teniendo en cuenta los casos estudiados- se encuentran la japonesa Fast Retailing, propietaria de la marca Uniqlo (que se hizo famosa en gracias a su asociación con el tenista suizo Roger Federer), y el grupo danés Bestseller, propietario de Jack & Jones y Vero Moda. Sin embargo, esas empresas rara vez pagan a sus proveedores en Bangladesh mås de 18 dólares por kilo (aproximadamente 3 dólares por camiseta). En el otro extremo de la tabla, las cadenas de descuento como Primark y el grupo polaco LPP rondan los 10 dólares por kilo. El gigante español de la moda råpida Inditex, propietario de la marca Zara, asà como la empresa sueca H&M se ubican en un segmento intermedio.
Cuando Public Eye las confrontĂł con esta informaciĂłn, varias empresas argumentaron que la diferencia tan llamativa entre precios de producciĂłn y de venta al pĂșblico no habĂa tenido en cuenta factores clave como la gama de los productos, mayor eficiencia, fluctuaciĂłn en los costos de materias primas y tarifas, entre otros. Tampoco los costos asociados con obligaciones sindicales y salariales en Bangladesh que, segĂșn ellas, han respetado puntualmente. Sin embargo, como alega Public Eye, âninguna [de esas empresas] proporcionĂł sus propios datosâ, es decir no abriĂł el juego para pasar de la pura retĂłrica a las cifras de costos y beneficios (https://www.publiceye.ch/fileadmin/doc/Mode/2026_Squeezed_Dry/Squezzed_Dry_Company_Statements.pdf)
Presiones sobre el Sur
Las entrevistas que Public Eye realizó en Bangladesh con gerentes de fåbricas y agentes de compras de las empresas examinadas revelan la magnitud de la presión que estas ejercen sobre los fabricantes, con exigencias de precios sumamente bajos y pråcticamente no negociables. En ocasiones, con demandas de rebajas adicionales de precios después de lo acordado. De una u otra manera, los mårgenes de beneficio para los fabricantes terminan siendo inexistentes.
Para evitar que se frene la lĂnea de producciĂłn, preservar el flujo de caja y continuar pagando los salarios, muchos fabricantes incluso aceptan pedidos a precio de costo, o aun con pĂ©rdidas, especialmente durante la temporada baja. Ante el estancamiento de los precios nominales y el aumento de sus propios costos, los fabricantes recurren a la Ășnica herramienta flexible que les queda: la mano de obra, lo cual resulta en la intensificaciĂłn del trabajo, con jornadas mĂĄs largas y una presiĂłn constante sobre los salarios para reducirlos aĂșn mĂĄs.
De este modo, los precios extremadamente bajos de venta de las camisetas contribuyen a mantener salarios de miseria al tiempo que debilitan la capacidad de las fĂĄbricas para absorber las fluctuaciones de la demanda y limitan las inversiones sociales y ambientales.
Imperativo: precios mĂĄs justos
En la industria textil, dos dĂ©cadas de normas voluntarias, cĂłdigos de conducta e iniciativas hacia precios mĂĄs equitativos no han logrado acabar con la degradaciĂłn del sector. Por lo tanto, como argumenta Public Eye, la fijaciĂłn concertada de los precios que se pagan a los fabricantes debe convertirse en un pilar fundamental del abastecimiento responsable. Estos precios, en otras palabras, deben reflejar los verdaderos costos de producciĂłn, ajustarse a los estĂĄndares de la industria y respetar los derechos humanos y el medio ambiente. De ningĂșn modo ser impuestos por los objetivos de ventas y rentabilidad de los gigantes del ramo.
El informe de Public Eye identifica objetivos de precios mĂnimos como marco para las negociaciones y como herramienta concreta para integrar el abastecimiento responsable en las prĂĄcticas empresariales. Un umbral de 30 dĂłlares por kilogramo, por ejemplo, permitirĂa financiar salarios dignos, condiciones de trabajo seguras y libres de estrĂ©s y una conducta ambiental creĂble. Esta cifra equivaldrĂa a 5 dĂłlares por camiseta, precio que parece totalmente razonable.
En paralelo a estas exigencias, diversos actores sociales europeos bregan con distintos mĂ©todos para exigir mĂĄs justicia y equidad en la industria textil y en las relaciones comerciales Norte-Sur. Una fĂłrmula original es, por ejemplo, la del Premio a la Moda Justa (Fair Fashion Award) que se impulsa en Suiza. Ofrece una plataforma a los pioneros de la sostenibilidad en el sector textil; inspira una producciĂłn y comercializaciĂłn responsables; y representa credibilidad, relevancia y viabilidad futura. Cuenta con el apoyo de la red helvĂ©tica del Comercio Justo, que es la plataforma que reĂșne a todas las iniciativas del intercambio equitativo que existen en el paĂs (www.swissfairtrade.ch).
Camisetas de algodĂłn: sĂmbolo emblemĂĄtico de un comercio estructuralmente injusto y bandera de denuncia de un activo sector de la sociedad civil internacional que confronta a los gigantes del textil y al mismo tiempo exige rectificativos con justicia.



