Por Samuel Guerra Bravo*

El subtítulo de este artículo evoca a “El séptimo sello”, la famosa película de Ingmar Bergman en la que un caballero atormentado que vuelve a su castillo tras diez años de luchas inútiles en las Cruzadas, reta a la muerte a una partida de ajedrez en busca de respuestas a preguntas clave de la vida.

Actualmente vivimos un ajedrez de circunstancias mortales frente a las cuales la filosofía se ve abocada a probar su poder o su debilidad, su actualidad o caducidad. El drama es que debe hacerlo ante la amenaza inmisericorde de la muerte representada por un “enemigo invisible”: el coronavirus.

¿Puede la filosofía decir su palabra coetáneamente a los hechos de la pandemia o debe callar y esperar a que ésta sea superada o solucionada por las ciencias para reflexionar sobre lo ya acaecido? Esta es la cuestión a debatir.