01 de junio 2026

Volvemos una y otra vez a la historia, no solamente porque no podemos salir de la historia, sino que al no salir de la historia estamos como atrapados en sus entramados, en sus estructuras subyacentes y en sus estructuras institucionales, y en el devenir de la historia, inclusive en su devenir de contra-historia. No es que una narración supone la alternativa de otra narración, sino que la experiencia social y la memoria social suponen una contra-genealogía de la contra-historia. Vale decir, la anti-historia desde la mirada de las resistencias. Se ha dicho, una y otra vez, repitiendo e interpretando de distintas maneras, que la historia no se repite, sin embargo, se repiten las analogías, las situaciones parecidas, quizás hay una especie de trascendencia o irradiación de estructuras subyacentes, que no han terminado de periclitar o que están ahí sosteniendo a otras estructuras, las explícitas.

No es que los humanos puedan salir de la historia, porque ellos hacen la historia, por lo tanto, en parte están fuera de la historia, por así decirlo, porque hacer historia implica estar fuera de la historia. Contarla desde afuera. No olvidemos que la historia es narración. La historia recurre a la narración para trabajar representativamente la memoria social. Lo hace siempre desde un presente. Entonces, la historia cambia, cambia el pasado representado, cambia la representación del pasado y cambia la interpretación del pasado, que es, de todas maneras, una interpretación del presente.

¿Como entender el presente sin entender el pasado?

En el caso de América Latina y el Caribe es menester volver, una y otra vez, a la historia, que cambia, y a las interpretaciones de la historia, para entender mejor el pasado y el presente. Porque hay substratos del pasado que no han sido comprendidos, que no han sido asimilados, así como problemáticas que no han sido resueltas. Lo que quiere decir también que si no se resolvieron tampoco se puede resolver el presente. No se puede resolver el presente, puesto que está contenido como conglomerado de espesores en el presente, conglomerado del que forma parte como momento; todo lo que se encuentra en el pasado se hace presente de distintas maneras. El futuro se presenta como proyecto o como porvenir, también como espera. El futuro, en tanto porvenir, depende de como resolvemos los problemas del presente, que significa resolver los problemas del pasado no resueltos.

A propósito del sitio de La Paz y de El Alto, a propósito del conflicto reciente, que comenzó en la coyuntura inmediata reciente, con la marcha indígena contra la ley 1720, que fue el detonante de otras marchas y otros bloqueos. La marcha indígena se retira, una vez que consigue la abrogación de la ley, empero persisten los bloqueos y las otras marchas que piden la renuncia del presidente. Ya casi se está cerca de un mes del sitio de la Paz y de El Alto, ciudades atravesadas por marchas, que buscan llegar a la Plaza de armas, pidiendo la renuncia del presidente, buscando resolver la problemática política incierta. Hasta el momento los bloqueos y el sitio de las ciudades, los bloqueos que se han extendido por todo el país y marchas que se dan de manera esporádica en otros lugares, no han conseguido la renuncia del presidente. Se ha llegado una especie de irresolución por ambos lados. Por una parte, del gobierno no consiguen imponer su proyecto neoliberal. Por otra parte, la movilización y los bloqueos no consiguen la renuncia del presidente. El sitio de la ciudades persiste.

Hay que hacer toda una historia molecular del sitio. Quizás podríamos hablar incluso de una genealogía del sitio. Remontándonos al levantamiento panandino y al sitio de la ciudad de La Paz, que se dio en el siglo XVIII. Desde entonces, los sitios se convierten en una ocupación territorial y, a la vez, en una emboscada a la ciudades, centros de poder. Sin embargo, a pesar de la intensidad y el contenido histórico político de los sitios, desde entonces los problemas inherentes no se han resuelto, la problemática colonial tampoco se ha resuelto, así como no se dio lugar a la resolución del perfil, el contenido y la expresión del poder. El sitio no tomó La Paz, también en lo que respecta al sitio del Cusco no ocurrió la toma de la urbe, que fue el ombligo del mundo, el centro ceremonial y administrado del Tahuantinsuyu. En ese sentido se trata de una derrota militar, aunque corresponda a una explosión magnífica de las resistencias anticoloniales. O si se quiere plantear de otra manera, ala inconclusión de la guerra anticolonial.

Si nos trasladamos a la historia reciente, por ejemplo, si nos situamos en 1979, en el bloqueo campesino de ese año en el país, bloqueo que tiene que ver con la resistencias y las proyecciones movilizadas, las constituciones ideológicos, políticas interpeladoras, después de la masacre del Valle, en Epizana y Tolata, en concreto, se da lugar a la emergencia de lo que se conoce como el movimiento katarista, que es una expresión ideológico política y sindical campesina. El sitio logra mostrar su fuerza, modificar la correlación de fuerzas, incidir en los acontecimientos venideros, pero no logra de manera inmediata resolver el problema, tampoco cumplir con los objetivos inherentes, salvo los objetivos coyunturales. Ocurre, como hemos dicho, que el desenlace queda contenido, sin embargo, se da lugar al comienzo del ciclo, un ciclo que llamaremos de interpelación indígena-campesina.

En septiembre de octubre del 2000 se da lugar otro sitio, un bloqueo indígena campesino de cuatro ciudades, El alto, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, es cuando se muestra patentemente la potencia social de un movimiento indígena campesino, que tiene un perfil katarista, aunque la expresión y la interpretación del katarismo vaya modificándose en el transcurso histórico. El primer periodo katarista, que comienza con el sitio, el bloqueo campesino de 1979, incluso antes con las resistencias inmediatamente posteriores a la masacre del valle, de alguna manera concluye con la participación en el poder de Victor Hugo Cárdenas, vicepresidente en el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada. Cuando se da lugar la consolidación del ajuste estructural, aunque también se da lugar la Participación Popular, modificando el presupuesto, conformando un nuevo escenario donde las prefecturas y los municipios cuentan con recursos económicos estatales. Podemos hablar de una fractura ideológica y política del katarismo con este desenlace, donde el ideólogo del katarismo, que era Victor Hugo Cardenas, culmina su carrera política participando en la gestión de gobierno neoliberal del ajuste estructural.

La resistencia al neoliberalismo arrecia, se expanden, se intensifica, hasta lograr su caída. En ese transcurso, aparece otra expresión del katarismo, que tiene características más radicales, retomando el perfil de guerra anticolonial y el sitio como espacio táctico de proyección política. En este contexto aparece el colectivo Comuna, que se asume como marxista e indianista, retomando la versión radical del katarismo y la versión crítica del marxismo. Conocemos los desenlaces de este periodo, que consideramos el segundo periodo del katarismo y de la expresión indígena campesina, en su cobertura atmosférica, territorial e ideológica, en sus espesas culturales.

El desenlace tiene que ver con la derrota del proyecto neoliberal y de su modelo de ajuste estructural, con la clausura de dos décadas neoliberales, que se da el 2005. Dando lugar al inicio de dos décadas de gestión neopopulista. Podemos considerar estas dos décadas neopopulistas de gestiones del «gobierno progresista», como parte de lo que hemos llamado el ciclo katarismo, el ciclo indígena campesino, que culmina con la implosión de la forma de gubernamentalidad clientelar en el 2025.

Ahora nos encontramos en un nuevo periodo de resistencias. ¿Será también de un nuevo ciclo ideológico político? Resistencias al neoliberalismo retornado, que quiere repetir la aventura foránea de ajuste estructural. Es en este contexto de resistencias que se vuelve a repetir la figura del sitio. Como hemos dicho, la cobertura, la expansión y la persistencia de los bloqueos y marchas no han logrado hasta el momento su objetivo decantado, la renuncia del presidente. Por otra parte, el gobierno no ha logrado controlar, contener, detener y resolver el problema de la presión social de los bloqueos. Después de la abrogación de la ley que pone condiciones para la declaración del Estado de excepción, ley 1341, tiene las manos libres para acudir a la medida desesperada del Estado de sitio, algo que en otras circunstancias se ha dado, tanto en los gobiernos de la coalición neoliberal, como también sectorialmente durante el gobierno de Evo Morales Ayma, aplicado al departamento de Pando.

No parece que la aplicación de la medida de excepción pueda resolver los problemas que atosigan al gobierno. No parece tener posibilidades para desbloquear mediante el uso de la fuerza y la extensión de la represión. Habríamos llegado, hipotéticamente, dicho de manera provisional, a una situación parecida a un estancamiento circunstancial, que puede modificarse cualquier rato, dependiendo de la correlación de fuerzas. A lo que apuntamos no es tanto al desenlace, sino al análisis del sitio, de la táctica del sitio, de la ocupación territorial y del cerco, que se ha venido repitiendo a lo largo de la historia.

Bloqueo y convocatoria

El bloqueo no se da solo sino al lado de otros procedimientos de presión social, el bloqueo forma parte de un conjunto de tácticas puestas en juego o, en su caso, ausentes, lo que de por sí debilita a la táctica del bloqueo. También las tácticas empleadas requieren estar vinculadas a las estrategias; cuando éstas están ausentes, las tácticas no solamente tienen corto alcance sino terminan siendo provisionales. Por otra parte, las tácticas y las estrategias no pueden ser sólo instrumentos operativos, ocurre esta restricción cuando son ausentes las finalidades, las finalidades en el sentido de los objetivos histórico, políticos, sociales y culturales. Desde esta perspectiva requieren estar vinculadas a las convocatorias para dar curso al compromiso colectivo, al proyecto social, de la que comparte el pueblo, es decir, la totalidad de las multitudes.

Retornando al bloqueo indígena campesino de 1979, que fue dirigido por la CSUTCB, la Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia, a fines del año, podemos decir que este procedimiento táctico fue crucial al momento de remarcar la ruptura con el pacto militar campesino, dando lugar a una efectiva alianza del proletariado con el campesinado, en una coyuntura álgida y represiva de las dictadura militares; esta vez se trataba de derrotar al gobierno perentorio de Alberto Natusch Busch.

La CSUTCB se conformó el 26 de junio de 1979 en un Congreso que llamaba a la unidad, convocado por la Central Obrera Boliviana (COB), adquiriendo de este modo la independencia del sindicalismo, saliendo de la heredada e impuesta tutela del Estado. La CSUTCB estuvo dirigida por el legendario líder campesino Genaro Flores Santos.

En noviembre de 1979, después del golpe de Estado, la CSUTCB y la COB iniciaron un bloqueo nacional de caminos, paralizando al país, provocando la caída de la dictadura militar. En diciembre de 1979, la presidenta Lidia Gueiler lanzó un paquete económico, impuesto por los organismos internacionales. En rechazo a este paquete la CSUTCB retomó a las carreteras. Es destacable la participación de mujeres campesinas, quienes efectuaron vigilias diurnas, rotando y turnando con los hombres.

Los bloqueos indígenas y campesinos de 2000, dirigidos nuevamente por la CSUTCB, formaron parte de la movilización prolongada, que comienza con la guerra del agua en Cochabamba y se extiende hasta el 2005 con la toma de Sucre por parte de los movimientos y organizaciones sociales. Ambas movilizaciones y eventos sociales y políticos, la guerra del agua y el bloqueo indígena campesino del 2000, lograron las primeras victorias políticas de la movilización prolongada del 2000 al 2005. El bloqueo indígena y campesino, el sitio de cuatro ciudades de El Alto, la Paz, Cochabamba y Santa Cruz, estuvo dirigida por el ejecutivo de la CSUTCB, el connotado dirigente aymara Felipe Quispe Huanca, más conocido como Mallku. 

Se puede resumir los pliegos petitorio de la guerra del agua, del bloqueo indígena, de la guerra del gas, pliego que contiene demandas que se hicieron a los gobiernos de turno de la coalición neoliberal. Se trata de un conjunto de demandas condensadas en las movilizaciones por la defensa del agua y de la vida, por la defensa de la tierra, por la defensa del gas. El resumen de las demandas es el siguiente: Abrogación de la Ley de Seguridad Ciudadana; rechazo a la privatización del agua, que implica el apoyo a las demandas de la Coordinadora del Agua de Cochabamba; no exportación de gas, que exigía la no exportar gas natural por puertos de Chile; definición de una política agraria, que pide modificaciones a la Ley INRA, buscando garantizar el acceso y saneamiento de tierras originarias; rechazo al ALCA, declarando abiertamente la oposición a la incorporación de Bolivia al Acuerdo de Libre Comercio de las Américas. 

Otro bloqueo indígena y campesino se volvió a dar el 2003. La medida del sitio se combinó con movilizaciones sociales a escala nacional, cuyo epicentro fue la guerra del gas en El Alto. El conjunto de movilizaciones obligó a la renuncia del presidente Gonzalo Sánchez de Lozada. La agenda de octubre de los movimiento sociales contenía principalmente la nacionalización de los hidrocarburos y la defensa de los recursos, además se planteó como objetivo la realización de la Asamblea Constituyente. Los bloqueos indígenas y campesinos se volvieron a repetir en mayo de 2005. Esta vez se trató de una medida de presión, de un procedimiento colectivo, combinado con otros, que exigió la renuncia del entonces presidente Carlos Mesa Gisbert, sobre todo debido al incumplimiento de la Agenda de Octubre, que le fue entregada como mandato. Las movilizaciones se intensificaron y se expandieron durante la segunda mitad de mayo de 2005, añadiéndosela a la huelga general impulsadas por la Central Obrera Boliviana (COB). Nuevamente el pliego petitorio exigía la nacionalización de los hidrocarburos, la anulación de la Ley de Hidrocarburos impulsada por Carlos Mesa Gisbert, una nueva Ley Agraria y la convocatoria a una Asamblea Constituyente.

Posteriormente vino la movilización contra el «gasolinazo» de 2010, que consistía en un notable incremento de los precios de los carburantes. El «gasolina» fue decretado por el gobierno de Evo Morales Ayma el 26 de diciembre. Después de una semana de movilizaciones, marchas y paros del transporte, el gobierno abrogó la medida el 1 de enero de 2011. El llamado «gasolinazo» del 26 de diciembre de 2010, decretado por el entonces presidente en funciones, cuando estaba ausente Evo Morales Ayma, presidente nato del Congreso, Álvaro García Linera, nombrado y numerado Decreto Supremo 748, consistió en una norma que eliminó gran parte de los subsidios a los combustibles, lo que provocó que el precio del diésel subiera un 82% y el de la gasolina un 72%. Justificando la medida, el gobierno argumentó que se buscaba frenar el contrabando hacia países vecinos y evitar la fuga de divisas. 

En rechazo al «gasolinazo» los transportistas paralizaron el servicio urbano e interdepartamental, bloqueando calles y carreteras. La Central Obrera Boliviana, COB, declaró huelga general indefinida y convocó a movilizaciones a nivel nacional. Las juntas vecinales y organizaciones sociales, que aglutinan a sectores de las ciudades de El Alto y La Paz, además de otras regiones, efectuaron masivas marchas, llegando a rechazar el decreto en cabildos abiertos. Frente a la radicalización del conflicto y el incremento de la presión social, el presidente Evo Morales Ayma dio marcha atrás, en un mensaje televisivo, el 31 de diciembre de 2010 anuló el Decreto 748. Sin embargo, esta abrogación no devolvió los precios de los combustibles a sus niveles originales.

Ampliando el contexto y la perspectiva de la cobertura social y geográfica, estamos ante un itinerario acumulativo de las marchas indígenas en defensa del territorio; destaca la defensa del Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure, TIPNIS, llamada VIII Marcha indígena, dada el 2011. Esta marcha se dio lugar buscando detener la construcción de la carretera extractivista, que atravesaba el área protegida, sobre todo el bosque intangible. El «gobierno indígena: respondió con una cruenta represión en Chaparina. La VIII Marcha se inicia el 15 de agosto, recorrió más de 600 kilómetros desde Beni hasta La Paz. Exigió la anulación del tramo carretero Villa Tunari-San Ignacio de Moxos por el corazón del parque. La represión en Chaparina se dio lugar el 25 de septiembre de 2011. La policía intervino violentamente el campamento de los marchistas, un hecho catalogado como violación a los Derechos Humanos, además de inconstitucional y anti-indígena, que generó indignación nacional y mundial. Ante la presión y el apoyo masivo de parte de la población paceña a los indígenas al llegar a La Paz, el presidente Evo Morales Ayma promulgó la Ley 180, que declara al TIPNIS «intangible» e inviable la carretera. Sin embargo, la tensión continuó con otras normativas posteriores.

La secuencia del conflicto siguió su curso durante las gestiones del gobierno de Evo Morales Ayma. La llamada IX Marcha indígena fue convocada para exigir el respeto a los territorios, rechazando la «consulta previa» gubernamental, que buscaba revertir la intangibilidad del TIPNIS. Sin respetar lo que establece la Constitución, la Consulta Previa Libre e informada.

Las movilizaciones contra el Código Penal en Bolivia, Ley 1005, corresponden a una conjunto de protestas y a una secuencia de paros masivos, protagonizados por diversos sectores sociales durante diciembre de 2017, también enero de 2018. Su principal objetivo fue exigir la abrogación total de la norma. El sector médico inició el paro al rechazar el Artículo 205, que penalizaba la negligencia profesional. Posteriormente, otros sectores identificaron al menos trece artículos polémicos, que criminalizaban la protesta social, el ejercicio periodístico y el trabajo de los gremiales. Lideradas las protestas inicialmente por el Colegio Médico de Bolivia, se añadieron organizativamente la Central Obrera Boliviana (COB), gremiales, transportistas, plataformas ciudadanas y comités cívicos. Las calles de ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz se paralizaron con bloqueos, huelgas de hambre y marchas multitudinarias que duraron más de cuarenta y cinco días, generando enfrentamientos con la policía. Frente a la insostenible presión nacional, el 21 de enero de 2018, el presidente Evo Morales Ayma anunció la suspensión y posterior derogación de todo el Código del Sistema Penal.

Actualmente Bolivia atraviesa una crisis nacional marcada por manifestaciones antigubernamentales; hubieron, en principio, más de cuarenta puntos de bloqueo en seis departamentos, incluso, en el transcurso, ya han sobrepasado los sesenta focos de bloqueo, concentrándose densamente en el epicentro del conflicto, que se encuentra en La Paz y El Alto, ademas de alrededores y entornos de estas ciudades. Las movilizaciones comenzaron a inicios de mayo de 2026, han ocasionado la escasez de alimentos y la falta combustible, aunque ya se contaba con la desaparición del combustible al inicio del gobierno de Rodriguez Paz Pereira, además se dieron lugar choques esporádicos entre sectores sindicales y las llamadas plataformas ciudadanas. Estos choque fueron escasos y evitados.

Se podría decir que el epicentro del conflicto se encuentra en La Paz, El Alto, Oruro, Potosí, con ramificaciones en Cochabamba, que también prácticamente se encuentra cercada, además de Santa Cruz, concretamente en San Julián. Hay lo que podríamos llamar puntos críticos del conflicto, donde los bloqueos incluyen vías claves como La Cumbre, Copacabana, Desaguadero, Konani, Caracollo y el puente Yucumo. Entonces las regiones comprometidas por la crisis se extienden por la geografía de los departamentos de La Paz, Santa Cruz, Oruro, Beni, Potosí y Cochabamba.

En lo que respecta a las demandas económicas y sociales, la Central Obrera Boliviana, maestros, mineros y transportistas exigen mejoras salariales, solución a la escasez de combustible y a la provisión de insumos básicos. El descontento generalizado se desencadenó en el contexto configurado por el rechazo a la Ley 1720, una normativa de conversión de tierras, que desató fuertes protestas de las comunidades campesinas e indígenas del Beni y de Pando, las que derivaron en una larga marcha indígena y campesina por la defensa de la Amazonia, de los bosques, del territorio y de la vida.

Distintos sectores sociales se aglutinaron mientras la marcha indígena y campesina llegaba a La Paz desde el norte amazónico del país. Se manifestaron efusivamente radicalizado sus medidas, pidiendo la renuncia del presidente Rodrigo Paz Pereira. En contraposición otros sectores afines al gobierno, así como plataformas ciudadanas, realizaron contra-marchas exigiendo el desbloqueo de los caminos. Sin embargo, estas movilizaciones son notoriamente menores en comparación con las movilizaciones del congloméralo de sectores contrario al gobierno.

El cierre de carreteras ha generado una fuerte preocupación por el desabastecimiento de verduras, productos de primera necesidad e insumos médicos. Las autoridades gubernamentales han intentado intervenir para abrir “corredores humanitarios”, mandando a la policía y al ejército a desbloquear, sin embargo este intento ha fracasado. Ahora el gobierno se entrampa en mesas de diálogo a la que no asisten las principales organizaciones del Bloqueo. También ha fracasado el dialogo.

Un reporte internacional dice que Bolivia atraviesa una de las crisis sociales y políticas más delicadas de los últimos años. Este martes 26 de mayo, el país amaneció con al menos cincuenta y siete puntos de bloqueo, instalados en carreteras estratégicas de cinco de los nueve departamentos, en medio de protestas que exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz Pereira.

Las movilizaciones ocasionan desabastecimiento, enfrentamientos violentos y muertos, en medio del fragor de las protestas; descripción somera que reconoció el mismo gobierno. La tensión aumentó aún más este martes con nuevos choques entre policías y manifestantes en la localidad de Parotani, en la carretera que conecta Cochabamba con La Paz y Oruro. Un contingente policial intentó despejar la vía bloqueada, empero fue repelido con explosivos, lanzados desde los cerros por grupos de manifestantes. Los uniformados respondieron utilizando gases lacrimógenos para dispersar a los movilizados. Los enfrentamientos se produjeron apenas horas después de otro choque registrado la noche del lunes en el mismo sector. Parotani se ha convertido en uno de los puntos más conflictivos del bloqueo indefinido, debido a su ubicación estratégica en una de las principales rutas de conexión entre el occidente y el centro del país.

En toda la geografía del conflicto La Paz se presenta como el epicentro de la crisis. De acuerdo al mapa de transitabilidad, actualizado por la Administradora Boliviana de Carreteras (ABC), el departamento más afectado continúa siendo La Paz, donde permanecen activos veinte puntos de bloqueo. La región se ha convertido en el centro de las protestas debido a su importancia política y logística, ya que allí se encuentra la sede del Gobierno.

Las medidas de presión mantienen prácticamente cercadas a las ciudades de La Paz y El Alto, generando dificultades crecientes para el abastecimiento de combustible, alimentos y productos de primera necesidad. Comerciantes y transportistas alertan sobre el incremento de precios en varios productos básicos de la canasta familiar, mientras largas filas de vehículos continúan formándose en estaciones de servicio.

A los bloqueos en La Paz se suman otros catorce puntos en Cochabamba, doce en Potosí, nueve en Oruro y dos en Santa Cruz. En contraste, las carreteras de Pando, Beni, Chuquisaca y Tarija permanecen transitables.

Entretanto el presidente Paz afirmó el lunes 25 de mayo que el Ejecutivo resolverá la situación y advirtió que “les caerá” la Constitución a quienes rechacen el diálogo y mantengan las medidas de presión. [1]

Reflexiones sobre el campo de posibilidades, la correlación de fuerzas y los horizontes inherentes

Ciertamente el bloqueo no es el mismo, no tiene la misma significación histórico-política en distintos contextos, aunque se trata de la misma figura repetida, que responde a una composición de las fuerzas que cercan a la ciudades y detienen los circuitos, los flujos de movimiento habituales, es vago querer hacer la historia del bloqueo, como si se repitieran los mismos contextos históricos. Sería una narrativa débil, puesto que faltaría explicar la relación del bloqueo con el contexto, por lo tanto la emergencia del bloqueo y su relación con otras acciones, como por ejemplo las movilizaciones y las marchas. Quizás conviene más que todo lo anterior, vincular el bloqueo con la convocatoria. Hablamos de la convocatoria, no solamente a los contingentes que van al bloqueo, que asisten en el bloqueo, sino la convocatoria a los demás, a los que pueden asociarse y aliarse a los del bloqueo, además la convocatoria a todos, cuando se trata de una convocatoria democrática, como ocurre en la historia política de la modernidad. Como ocurre cuando se trata de la revolución, la convocatoria a todos, al pueblo, es una convocatoria necesaria, pues se trata de la liberación de todos. Ese es el discurso político de la democracia, incluso de la democracia radical, que busca el ejercicio pleno de la democracia.

Si los objetivos del bloqueo no se cumplen, salvo el de ocupar territorialmente, el de la expansión geográfica del sitio y el del cerco, que son en sí mismos tácticas, que si perduran son adecuadas a los objetivos tácticos. Pero para que las tácticas estén vinculadas a la estrategia, sobre todo a la estrategia revolucionaria, se requiere del desenvolvimiento y despliegue de la convocatoria. Ahora bien, la convocatoria no es solamente llamar a apoyar el bloqueo, sino que la convocatoria se refiere a finalidades de transformación, a finalidades revolucionarias. La convocatoria, también habla de las necesidades, de las demandas y los requerimientos de los afectados por el cerco a la ciudades, por lo menos de las mayorías urbanas.

Si se logró el 2003 la caída de un gobierno neoliberal y la caída anticipada del modelo neoliberal, caída que se vuelve a repetir, siendo esta vez contundente el 2005, es porque la convocatoria se convirtió en una figura política de las movilizaciones de cobertura definida. Entonces la movilización adquiere una connotación de mayor alcance, la convocatoria a la nacionalización de los hidrocarburos tenía este alcance, adquirió un sentido de defensa de los recursos naturales, se vinculo a la memoria nacional popular acumulada desde la revolución de 1952. La Agenda de Octubre, presentada por las organizaciones sociales de la movilización prolongada se puede resumir en dos finalidades importantes, la nacionalización de los hidrocarburos y la convocatoria de la Asamblea Constituyente. Esta convocatoria adquiere un alcance histórico al proponerse la descolonización y la transformación estructural e institucional del Estado. Se trata de la convocatoria a todos, a todo el pueblo. No hay aquí la separación entre los que cercan y los cercados, entre los que sitian y los sitiados, si no un anhelo común de las mayorías afectadas por el modelo neoliberal del ajuste estructural y de las privatizaciones.

En los bloqueos y marchas del 2026, de alguna manera, se han repetido figuras que forman parte tanto de la memoria indígena de tierras altas y de tierras bajas, como de la memoria nacional popular, que tienen que ver con la defensa de la tierra y del territorio, que tienen que ver con la defensa de los recursos naturales y las empresas públicas. Sin embargo, en la repetición significativa del anhelo y la voluntad sociales no radica necesariamente el alcance de los objetivos. Se requiere responder a preguntas ineludibles, como por ejemplo: ¿Por qué después de promulgada la Constitución estamos de nuevo en una situación parecida anterior al proceso constituyente, incluso en una situación parecida a inicios del proyecto neoliberal de 1985? La otra pregunta vinculada a la anterior, tiene que ver con: ¿Qué ha pasado con el proceso de cambio, para que implosione después de dos décadas?

No se puede resolver el despliegue y el desenvolvimiento de la convocatoria si es que no se responden a estas preguntas, si es que no hay una autocrítica colectiva de lo que ha ocurrido. Esto es lamentablemente lo que precisamente está pasando ahora. No hay un autocrítica colectiva, por lo tanto, no hay una pedagogía política de las multitudes. Lo que hay es una resistencia heroica a un nuevo proyecto de saqueo, por parte de lo que hemos llamado la burguesía gamonal, el gobierno neoliberal y el imperio de las transnacionales extractivistas.

La problemática y la temática del ciclo, que hemos citado, que tiene que ver con el ciclo katarista, que hemos mencionado, debe ser tratada de manera teórica y, en lo posible, compartida, en términos de pedagogía política y debate social. Ciertamente la problemática no puede ser resuelta de manera teórica, sino para decirlo de ese modo, ya está resuelta históricamente, en el sentido de las estructuras de larga, mediana y corta duración. Lo que ha ocurrido lo sabremos después. Sin embargo, es importante delucidar el tema y la problemática, debido a que hay que buscar los desplazamientos o las rupturas inherentes al ciclo en cuestión. Si el ciclo no ha culminado, entonces se requieren desplazamientos importantes para dar vitalidad a la continuidad del ciclo. Si el ciclo ha culminado se requiere abrir un nuevo ciclo de liberaciones múltiples, que sean interpretadas a partir de una hermenéutica radical, en lo que respecta a tocar las raíces del problema.

Si no se trabaja esas temáticas y problemáticas, si se asume de manera mecánica nombres, términos que hacen referencia al carácter histórico de su trascendencia, hay el peligro de vaciar de contenido, sobretodo del contenido referido a las consecuencias prácticas efectivas y operativas, en relación a estos términos usado, que no llegan a ser concebidos o trabajados como conceptos, sino como figuras de la retórica.

El katarismo como el zapatismo hacen referencia a movimientos sociales, donde los nombres de los hombres involucrados en los levantamientos y rebeliones son el referente de los acontecimientos mentados. Sin embargo, un hombre no basta para explicar el acontecimiento mismo, además darle un contenido y un horizonte a los movimientos, levantamientos y rebeliones involucradas. Es necesario estudiar los proyectos inherentes a los movimientos sociales y rebeliones involucradas en estos acontecimientos históricos, político, sociales y culturales. Con posterioridad corresponde hacer la elaboración colectiva de las nuevas finalidades, de los nuevos movimientos sociales, que reclaman o convocan al fantasma de los nombres.

El Ejército Zapatista de Liberación Nacional, los caracoles y el conjunto conglomerado del movimiento zapatista, a partir de una evaluación crítica de las luchas hasta el momento del levantamiento zapatista en 1994, ha convocado a todo el pueblo mexicano, con sus multitudes y singularidades condensadas propias, a construir una nueva potencia constituyente, que liberen y realicen las autonomías indígenas y populares, de esta forma se encamine a los autogobiernos.

Hemos hablado de dos periodos del ciclo katarista, el primero que comience en 1979, el segundo que se da a partir de el bloqueo indígena campesino de septiembre y octubre del 2000. Hemos hablado de las diferencias, no solamente discursivas, sino prácticas e incluso de composición de esos dos periodos del katarismo, que desde la perspectiva de la historia política reciente tienen distintas significaciones. Con la implosión de la forma de gubernamental clientelar hemos sugerido la hipótesis interpretativa, que entre otras hipótesis posibles, otras que no hemos mencionado, de que ha concluido el ciclo del katarismo, que comprende esos periodos que hemos definido.

Ciertamente se da la posibilidad de otra hipótesis alternativa, que se de lugar un nuevo periodo y por lo tanto la prolongación del ciclo katarista. Sin embargo, para que se dé esto se requiere, lo que hemos dicho antes, de un autocrítica colectiva, de una pedagogía política, de la construcción del contenido de la convocatoria y de la visualización de los alcances del nuevo periodo. Si esto no ocurre hay el peligro, de lo que también hemos dicho, del vaciamiento del contenido, del deterioro del sentido y de la semántica contenida en el señalamiento dado en la convocatoria a los nombres. Uno de los peligros es que se termine en una interpretación como las habidas muchas en la historia política de la modernIdad, que se limite a los contornos de un nacionalismo étnico, lo que de por sí se circunscribe en limitaciones de corto alcance, repitiendo la dramática historia estrecha en la que se movieron los nacionalismos, trayendo a colación los desenlaces de nuevas formas de colonialidades y de recolonizaciones, supeditadas a las antiguas metrópolis coloniales o, en su caso ,al nuevo imperialismo anacrónico. En este caso, la política nacionalista se reduce a quién va a ser el mediador subordinado a la metrópoli imperialista.

Entonces, hay dos hipótesis interpretativas, una que dice que ha concluido el ciclo katarista, que se requiere de una convocatoria construida colectivamente, experimentando una pedagogía política, que produzca una ruptura epistemológica y política con las anteriores experiencias políticas y sociales, se lance a las liberaciones múltiples, con un pensamiento propio actualizado, de acuerdo a los desafíos de la civilización moderna en crisis y del sistema mundo capitalista en colapso.

La hipótesis que abre la posibilidad de un tercer periodo del ciclo katarista exige también de un autocrítica a los anteriores periodos, buscando identificar sus limitaciones, persiguiendo superar las limitaciones, para esta vez lograr las finalidades inherentes a la memoria de las luchas sociales y de la descolonización.

Ambas tareas, vinculadas a las hipótesis, son indispensables para salir del atolladero de los bloqueos y las movilizaciones heroicas de resistencias, expansivas e intensas, pero que no logran abrir nuevos horizontes.

Notas

  1. France 24: «Mientras pelean arriba, el pueblo abajo se muere de hambre»: El impacto de los bloqueos.