Por Natalia Sierra*

Llegaron los conquistadores europeos trayendo su culpa judeo-cristiana y marcaron con ella al “indio” y, más aún, a la “india”, que era doblemente culpable por ser “india” y mujer. Culpables de habitar la tierra prometida para los blancos, culpables de ser “indios”, culpables de existir. Convertidos en el mal ontológico fueron instrumentalizados como chivos expiatorios, para que la universitas moderna colonice el planeta. Han sufrido el peso de esa culpa durante 529 años. Esa maldita culpa impuesta ha sido el argumento, primero de los blancos colonizadores luego de los mestizos colonizados y colonizadores, para justificar el despojo sistemático que han hecho y siguen haciendo de los territorios, las culturas y los saberes de los pueblos originarios. Esa maldita culpa ha sido el argumento para el etnocidio de la conquista y la colonización perpetua, de dimensiones mayores que el holocausto nazi, que cometieron y cometen contra los pueblos del Abya-Yala. Esa maldita culpa ha sido el argumento para esclavizarles, explotarles, someterles y humillares, con todo el derecho colonial y neocolonial.  

Por Ileana Almeida*

Los retos de las organizaciones indígenas son muchos: desigualdad de su situación dentro del Estado y la sociedad ecuatoriana, racismo,  instituciones políticas de dominio, indiferencia cuando no complicidad del Estado nacional frente a los daños ecológicos de petroleras y mineras, altísimo índice de desnutrición infantil, necesidad del trabajo de niños,  tierras agotadas, escasez de agua potable, ríos contaminados, abusos de intermediarios en la comercialización de alimentos,  falta de amparo urbano para los migrantes.