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viernes, marzo 6, 2026

TRATADO DE PLÁSTICOS Y EL RECICLAJE COMO UNA TRAMPA – Ela Zambrano

Un breve diagnóstico de las negociaciones del TGP

Jueves, 23 de octubre de 2025

En medio del ruido mediático y la propaganda verde, las negociaciones del Tratado Global de Plásticos (TGP) pasaron casi desapercibidas. Se trata del intento más ambicioso de poner freno a la avalancha de contaminación plástica que asfixia al planeta. El proceso no avanza por determinadas triquiñuelas: textos ambiguos, países que juegan a dilatar las discusiones y potencias que se niegan a aceptar límites a su industria petroquímica. En las mesas se habla de “reciclaje”, “transición circular” y “acuerdos voluntarios”, mientras se elude lo esencial: un instrumento jurídico que contemple todo el círculo de producción del plástico, obligue a reducir la producción, controlar los químicos y cortar el flujo de desechos hacia el Sur Global.

El resultado de la última ronda de negociaciones en Ginebra, celebrada entre el 5 y el 14 de agosto, fue el desconcierto. Después de casi tres años de reuniones, el proceso no dejó ni un texto base sobre el cual avanzar. En medio del estancamiento diplomático, el embajador ecuatoriano en el Reino Unido, Luis Ignacio Vayas Valdivieso — quien había presidido las mesas de negociación desde el inicio — presentó su renuncia. La salida de Vayas deja al Tratado Global de Plásticos sumido en una incertidumbre que, una vez más, beneficia a los grandes productores y exportadores de plástico. Así, Ginebra dejó la sensación de que el reloj climático sigue corriendo mientras las negociaciones se hunden en su propia burocracia.

En los últimos minutos de la sesión, Vayas jugó su última carta: presentó dos textos distintos, pero ninguno logró el tan invocado “consenso”. El resultado fue una escena digna de tragicomedia diplomática: nadie sabe cuál de los documentos quedó como base para las futuras negociaciones y, para colmo, la sesión permanece “abierta”, como si el limbo fuera una estrategia oficial. Así, la incertidumbre se disfraza de procedimiento y el tiempo se estira para beneficio de los que lucran con el plástico.

Crítica al proceso, Christina Dixon, de la Agencia de Investigación Ambiental, fue tajante: la imposibilidad de llegar a un acuerdo, dijo, “supone un golpe al multilateralismo”. Si el proceso continúa, advierte a The Guardian, será necesario “un nuevo liderazgo, una nueva dinámica y empoderar a los delegados para que ejerzan su derecho a voto… porque seguir haciendo lo mismo y esperar un resultado distinto, es la definición misma de locura”.

El Tratado Global de Plásticos nació como una urgencia impostergable. El 2 de marzo de 2022, durante la Asamblea de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, celebrada en Nairobi, se aprobó la resolución UNEA 5.14, que reconoció la necesidad de un acuerdo jurídicamente vinculante para frenar la contaminación plástica. El mandato era claro: limitar la producción, controlar los aditivos tóxicos y crear un marco global que proteja los ecosistemas y la salud humana. De ese compromiso nació el Comité Intergubernamental de Negociación (INC), encargado de convertir la promesa en un tratado real. Pero tres años después, el límite al plástico sigue siendo un horizonte difuso, atrapado entre discursos, intereses y la diplomacia de los plásticos.

El consenso como trinchera diplomática del norte

En las conversaciones de  agosto en Ginebra participaron 184 países, en medio de ellos, petroestados como Arabia Saudita, Kuwait y otros, que se especializaron en obstruir las negociaciones puesto que su petróleo y gas natural son materiales básicos para los plásticos. Así, el debate se contaminó pronto. El cabildeo político y el discurso de los petroestados se centra en focalizar la solución en el reciclaje, es decir intervenir al final del ciclo de vida de la producción del plástico. Nunca al inicio, donde se decide cuánto plástico se produce.

Laura Suárez, cofundadora de la fundación Plástico Project, participó como delegada de la sociedad civil en las conversaciones del TGP, y explicaba en un encuentro en la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales en Quito, que el Tratado Global de Plásticos “es muy ambicioso no solo para el medioambiente”, pero que “las reglas de procedimiento no están claras”. Es evidente que no saldrá por consenso y eso llevó a cuestionar a los grandes países productores de plástico y decirles: “Deja de esconderte detrás del consenso”, explicó. Hace tres años, la ingenuidad,   o la convicción, les llevó a los directivos del INC a plantear el consenso como vía para detener una industria de billones de dólares.

En ese marco, es prácticamente imposible que el TGP sea aprobado por “consenso”. Y, al parecer, este mecanismo asambleario, tan idealista como ineficaz, hizo de las negociaciones una tortura de procedimientos y excusas. La propuesta obvia es que el procedimiento se lleve a cabo como en la mayoría de las sesiones multilaterales: por votación. En la Asamblea General las resoluciones se aprueban por los dos tercios y asuntos sencillos – como el ingreso de nuevos miembros – con la mitad más uno o mayoría simple.

Y mientras se discuten las comas del tratado, los plásticos siguen su curso hacia el océano. The Global Plastic Hub estableció que los tres principales contaminadores  son China, Filipinas e India. El primero ha generado 2,68 millones de toneladas registradas entre 2010 y 2019; el segundo, con alrededor de 1,70 millones de toneladas; el tercero, con casi 1 millón. Le siguen Brasil, Indonesia, Nigeria, Vietnan, Turquía, Tailandia y Malasia.

The Global Plastic Hub lo ha denominado el antiranking.

The Global Plastic Hub lo ha denominado el antiranking.

El problema no son solo los países, también las multinacionales y la campeona por ser la que más contamina es la Coca-Cola. Si no se aplican cambios en sus prácticas empresariales, en la proyección a 2030, producirá más de 4.130 millones de kilos anuales de botellas, un 40% más que en 2018, según la organización Oceana.

Esos plásticos en el mar no se degradan, no se pierden en la inmensidad oceánica, por efecto de las corrientes marinas se acumulan en grandes islas de basura que ya llegan a tener una dimensión similar a Francia y España juntas. La más documentada es aquella mancha ubicada entre California y Hawái, se calculan 80 mil toneladas de plástico acumuladas, que afectan a la fauna marina y a la cadena alimenticia.

Mientras unos no quieren cambios en su industria petroquímica ni se comprometen a modificar sus prácticas empresariales, otras naciones se preparan para su posible extinción. Hace cuatro semanas, el ministro de Cambio Climático de Tuvalu, Maina Talia, solicitó a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco)  que su país se incorpore a la lista de patrimonios culturales de la humanidad, con el objetivo de lograr algún tipo de protección ante el incremento del nivel del mar y la amenaza de ser engullido por el océano. “No queremos ser solo un recuerdo”, explicaba Talia a France Press Internacional, al tiempo que destacaba que el cambio climático “para muchos se resume a cifras, para nosotros es nuestra propia sobrevivencia”. Tuvalu está ubicada en Oceanía, entre Australia y Hawái, a solo un metro sobre el nivel del mar, y es una de las naciones que encabeza la lista entre las más susceptibles de desaparecer por los efectos de la crisis climática. También es uno de los territorios más decepcionados tras las últimas negociaciones del TGP.

La indiferencia también contamina

 A comienzos de 2022 ya se advertía lo inevitable: el plástico había pasado de ser un invento útil a una condena cotidiana. Desde entonces la evidencia se acumuló como las botellas en los ríos: visible, apestosa y, aun así, ignorada. Los peligros de la contaminación por plástico no han logrado la amplificación mediática necesaria para  que llegue a la conciencia del ciudadano de a pie como  cuando décadas atrás se advirtió sobre los efectos de ciertos químicos en la capa de ozono. Entonces, el Protocolo de Montreal (1987) demostró que es posible que nos pongamos de acuerdo y las y los ciudadanos dejaron de consumir aquellos aerosoles que afectaban la casa común. Hoy, en cambio, la comodidad le ganó la partida a la conciencia.

“La excesiva dependencia de los humanos en la comodidad que ofrecen los plásticos ha dado lugar a un aumento exponencial de residuos plásticos. Los desechos acumulados en nuestros océanos y ríos ahora ponen en peligro la vida de las futuras generaciones”,  alertaba el presidente de Corea del Sur, Yoon Suk Yeol, en el INC-5. Los plásticos están presentes en la medicina, en los electrónicos, en la construcción, en los envases de comida, en los deportes, así como han sido un gran aporte, hay daños en cada etapa del ciclo de vida, principalmente de los plásticos denominado de un solo uso.

De mantenerse el ritmo actual de generación y consumo, “los residuos plásticos se triplicarán para 2060 causando daños significativos al planeta y a la salud”, advirtió las Naciones Unidas, a menos que nos pongamos de acuerdo en un instrumento internacional jurídicamente vinculante y con metas progresivas.

“Si observamos efectos en las placentas, toda la vida mamífera del planeta podría verse afectada. Eso no es bueno”. –Matthes Campen, profesor regente de la Universidad de Nuevo México.

Manual para no decidir: tecnicismos en vez de tratados

En las discusiones del TGP, relata Yadira Pilco, delegada al INC por el ministerio de Ambiente (ahora Ambiente y Energía), aún no se ponen de acuerdo en las definiciones más básicas y los alcances de algunos términos: “qué es contaminación por plásticos; qué son los  microplásticos; qué comprende el ciclo de vida del plástico; la responsibilidad del productor aguas arriba (actor que opera en la primera etapa de una cadena de valor o proceso). Además, enfrentaron la dificultad de establecer una lista de todos los químicos que le agregan a los plásticos y que los vuelven peligrosos por las sustancias químicas que liberan.

“Sólo 128 de los 3.200 productos químicos plásticos peligrosos –preocupantes– conocidos  están regulados internacionalmente, y la seguridad de al menos 6.000 productos químicos plásticos no ha sido evaluada”, menciona el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, (PNUMA) en el boletín Chemicals in Plastics: A technical Report, elaborado en cooperación con la Secretaría del Convenio de Basilea sobre el control de los movimientos transfronterizos de los residuos peligrosos y su eliminación.

De acuerdo con el informe, “se han identificado más de 13.000 sustancias químicas asociadas a los plásticos y a su producción en una amplia gama de aplicaciones”, que se desarrolla en el ámbito de los juguetes y otros productos infantiles, envases (incluidos materiales en contacto con alimentos), equipos eléctricos y electrónicos, vehículos, textiles sintéticos y materiales relacionados, muebles, materiales de construcción, dispositivos médicos, productos para el cuidado personal y el hogar, y agricultura, acuicultura y pesca.

Las mujeres y los niños son especialmente susceptibles a estas sustancias químicas tóxicas: ya se han encontrado efectos en lo más íntimo de la especie: la placenta y en la leche materna. Los hombres tampoco se libran, y hay evidencia de microplásticos en los testículos. “Si observamos efectos en las placentas, toda la vida mamífera del planeta podría verse afectada. Eso no es bueno”, declaró Matthes Campen, profesor regente de la Universidad de Nuevo México.

No es sólo un problema de desperdicios

El Tratado Global de Plásticos debe incluir el ciclo de vida de los plásticos es de forma insistente el mensaje que se repite desde los países y sectores que buscan una solución integral al problema. Desde la cuna hasta la tumba, desde el pozo petrolero hasta el vertedero. Es la consigna que los países y organizaciones con algo de sensatez repiten frente a una audiencia que parece sorda por conveniencia.

Las cifras no dejan espacio para la duda. Según la red internacional GAIA y la coalición Break Free From Plastic, el impacto climático del plástico comienza mucho antes de que se convierta en botella o envoltorio: el 75 % de las emisiones de gases de efecto invernadero proviene de su producción primaria, es decir, antes incluso de la polimerización.

Sin embargo, el objetivo es que abarque el ciclo de vida completo de los plásticos, desde el diseño hasta la producción y la eliminación, “para promover la circularidad de los plásticos y prevenir su fuga al medio ambiente”, según el texto que guía las conversaciones del Comité Intergubernamental de Negociación en Ginebra.

Por su parte, el cabildeo y el discurso de los petropaíses es focalizar la solución en el reciclaje. Pero esa es una falsa solución y nuevamente la transnacional Coca Cola es el malejemplo y sus prácticas nos dicen lo que no debemos aceptar:

“En diciembre de 2024, la compañía abandonó su compromiso de aumentar al 25% el uso de envases reutilizables. En su lugar, apostó por impulsar el reciclaje. Pero el análisis del portal de noticias Oceana alerta que este enfoque no frena la sobreprodución de plásticos de un solo uso, más si su producción anual –asegura AJ+– se estima en 120 billones de botellas de plástico.

“No reciclaremos para resolver la crisis de la contaminación por plásticos: necesitamos una transformación sistémica para lograr la transición a una economía circular”, insistió la directora ejecutiva del PNUMA, Inger Andersen.

Reciclar más: la trampa contra el SurGlobal

Si el TGP termina convirtiéndose en un pacto que solo exige reciclar más, sin tocar la producción ni el comercio, el Sur Global podría cargar con la peor parte del desastre:

A día de hoy, hay países ricos que exportan sus residuos plásticos como si fueran “basura comercial”. Sólo para poner en contexto, en el primer semestre de 2025, Reino Unido incrementó sus envíos de desechos plásticos a países en desarrollo en un 84 % interanual, con destinos como Indonesia y Malasia.

En América Latina, la historia se repite con otro empaque: ahora el colonialismo llega en contenedores de plástico. Ecuador, Chile, Brasil, Argentina, El Salvador y México figuran entre los destinos preferidos del Norte Global para “exportar soluciones” que huelen a basura. Entre 2018 y 2024, Ecuador recibió 66.988 toneladas de residuos plásticos, clasificados bajo la partida 39.15. En contraste, el país recicla apenas un 7,7 % de lo que produce. En el fondo, seguimos siendo territorio de descarga bajo el discurso maquillado de economía circular.

Ahora, muchos de esos residuos que no se reciclan: se incineran, se queman al aire libre. Un informe reciente reveló que 70 % del plástico “reciclable” colectado en Gran Bretaña termina siendo quemado en plantas de valorización energética. Novelería que ahora se pretente incluir en la propuesta del Complejo Ambiental para Quito.

En resumen, para el Sur Global, las consecuencias no son abstractas:

  • Contaminación ambiental y sanitaria local: esos residuos importados van donde los controles ambientales son débiles. Comunidades cercanas sufrirán más polvo tóxico, emisiones de dioxinas, suelos dañados y agua contaminada. Para los recicladores, el valor que pagan por los materiales bajan o dejan de comprar.
  • Desigualdad regulatoria y de capacidades: muchos países del Sur no tienen infraestructura suficiente para procesar flujos grandes de residuos —y menos de residuos complejos o mezclados—. Nuestros países se vuelven los destinos naturales de los residuos “difíciles de reciclar”.
  • Cargas económicas ocultas: el tratado parcial deja fuera quién paga por los daños. La factura recaerá sobre sistemas de salud, limpieza ambiental, mitigación de impactos locales y adaptación costosa.
  • Refuerzo del modelo lineal: centrar todo en reciclar incentiva simplemente que se produzca más plástico para alimentar la cadena de reciclaje. No se limita lo que entra al sistema.

Un Tratado Global de Plásticos light implica aceptar las reglas del juego con una mano atada. Un tratado efectivo, vinculante y valiente debe tener límites y obligaciones, poner techo a la producción, obligar a un diseño seguro y reusable, cerrar de una vez las rutas del comercio tóxico hacia el SurGlobal. Esa es la única forma de que el tratado no recicle las viejas injusticias en nuevos contextos.

Si el Tratado Global de Plásticos termina convirtiéndose en un pacto que solo exige reciclar más, sin tocar la producción ni el comercio, el Sur Global podría cargar con la peor parte del desastre

 


El camino recorrido del  Comité Intergubernamental de Negociación (INC)
2022-Nov INC-1 Punta del Este
2023-Junio INC-2 París
2023-Nov INC-3 Nairobi
2024-Abril INC-4 Ottawa
2024-Nov INC-5 Busán
2025-Agosto INC-5.2 Ginebra

 


*Ela Zambrano, comunicadora y periodista. Ha trabajado en los diarios Hoy, El Universo, El Telégrafo y el Quincenario Tintají. Actualmente es investigadora académica en la Alianza Basura Cero Ecuador.  Colaboradora de La Línea de Fuego. 


 

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