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jueves, marzo 5, 2026

Urgen procesos unitarios: no al anticorreĆ­smo obsesivo

Los sufijos ā€œismoā€ e ā€œistaā€ significan, respectivamente: una tendencia, una doctrina o un movimiento; y a los seguidores del mismo.

Por Hugo Noboa

Los términos correísmo y correísta, en sí mismos, no son peyorativos. Quienes se oponen obcecadamente a esa tendencia, generalmente los neoliberales, sus seguidores y afines, pero también alguna gente de izquierda o cercana a la misma, pretenden hacer peyorativos esos términos, pero no necesariamente logran su objetivo, y muchas veces despiertan mÔs bien lÔstima o risa por su obsesión.

Los sufijos ā€œismoā€ e ā€œistaā€ que se aƱaden a algunos sustantivos y los transforman, se usan tanto en las artes, como en las ciencias y la polĆ­tica. Significan, respectivamente: una tendencia, una doctrina o un movimiento; y a los seguidores del mismo.

En Latinoamérica, pocos personajes políticos han sido merecedores de ese sufijo, que da un halo de importancia al personaje, aun cuando en algunos casos se trate de tiranos, como el nicaragüense Anastasio Somoza (somocismo) o el dominicano Rafael Leónidas Trujillo (trujillismo).

En el panorama latinoamericano, cuando un movimiento polĆ­tico ha tenido fuertes y firmes bases ideológicas, generalmente no se utiliza el apellido del lĆ­der mĆ”s el sufijo ā€œismoā€ para caracterizarlo. Tal vez una de las pocas excepciones ha sido el sandinismo, aunque hoy apropiado por una familia que ha traicionado sus principios originarios y que abusa del tĆ©rmino y del poder.

El personaje político latinoamericano tal vez mÔs importante en torno al que se ha generado un movimiento sostenido a lo largo de muchas décadas, sin duda fue el General Juan Domingo Perón (peronismo), gobernante de Argentina en dos períodos entre 1946 y 1974, cuyo último gobierno tuvo continuidad a través de su esposa María Estela Martínez de Perón (Isabelita).

El peronismo (o ā€œjusticialismoā€, como tambiĆ©n se le conoce) es un fuerte movimiento polĆ­tico hasta la actualidad, lo cual lo acerca a casi un siglo de vida. Ha sido capaz de poner diez presidentes de la RepĆŗblica, incluyendo al Ćŗltimo, Alberto FernĆ”ndez. Sin embargo, los movimientos polĆ­ticos fundados en base al fuerte liderazgo de caudillos, tienden a idolatrar a sus lĆ­deres y no necesariamente tienen una identidad polĆ­tica Ćŗnica.

El peronismo ha tenido en su interior diferentes tendencias que van desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda. Al mismo general Perón se le reconoce como colaborador del nazismo, se sabe que brindó facilidades para que varios nazis encuentren refugio en territorio argentino o en otros países latinoamericanos. En el otro extremo, el movimiento guerrillero peronista Montoneros, surgido en la década de 1970, formó parte de la resistencia contra la dictadura militar, fue sin duda una de las alas mÔs radicales de izquierda dentro del peronismo.

Entre las diferentes corrientes del peronismo se puede identificar: el peronismo histórico, el peronismo ortodoxo, el neoperonismo, el ā€œperonismo revolucionarioā€ en el que estuvo incluida la ā€œTendenciaā€, el peronismo sindical, la derecha peronista, el menemismo, el kirchnerismo, el peronismo federal en el que estĆ” incluido el Frente Renovador, el peronismo feminista…

A nadie se le ocurrirĆ­a hablar en serio de ā€œmahuadismoā€, ā€œmorenismoā€ o ā€œlassismoā€, porque se trata de personajes insignificantes. Aunque en algunas ocasiones se use esos tĆ©rminos en tono de mofa.

En el Ecuador, sólo se puede identificar claramente a tres líderes que han dado lugar a corrientes o movimientos políticos fuertes y duraderos, en torno a su figura: Eloy Alfaro (alfarismo), José María Velasco Ibarra (velasquismo) y Rafael Correa (correísmo).

Se ha tratado de dar el mismo sentido a otros movimientos, que han sido sin embargo mÔs exiguos, como el bucaramismo o una pretendida continuidad del mismo como roldocismo. Sin embargo, en esos casos se ha tratado de líderes que no han logrado una importante y sostenida presencia política. Algunas veces se ha usado también los términos febrescorderismo y borjismo, pero a pesar de la importante presencia de León Febres Cordero en la ultraderecha y de Rodrigo Borja en la socialdemocracia, su huella finalmente no ha sido tan trascendente.

A nadie se le ocurrirĆ­a hablar en serio de ā€œmahuadismoā€, ā€œmorenismoā€ o ā€œlassismoā€, porque se trata de personajes insignificantes. Aunque en algunas ocasiones se use esos tĆ©rminos en tono de mofa.

En el panorama latinoamericano, cuando un movimiento polĆ­tico ha tenido fuertes y firmes bases ideológicas, generalmente no se utiliza el apellido del lĆ­der mĆ”s el sufijo ā€œismoā€ para caracterizarlo. Tal vez una de las pocas excepciones ha sido el sandinismo, aunque hoy apropiado por una familia que ha traicionado sus principios originarios y que abusa del tĆ©rmino y del poder.

En el caso del gobierno de Salvador Allende en Chile, que, luego de la revolución cubana, fue el ejercicio mÔs importante para construir una sociedad socialista en Latinoamérica; que se sepa, jamÔs se ha usado el término allendismo (ni similares en alusión a personajes), siempre se habló de la Unidad Popular, como un gran frente que aglutinó a partidos y movimientos políticos de izquierda, así como a organizaciones sindicales, campesinas, populares y estudiantiles.

Respecto de Cuba, la derecha detractora de la revolución ha pretendido referirse al régimen cubano como castrista o castrismo, en este caso para referirse a los dos mÔs influyentes personajes de la revolución, los hermanos Fidel y Raúl Castro Ruz. Pero mÔs pesa el enorme legado de la revolución cubana, como un proceso histórico, de masas y único, antes que esos intentos de desprestigiar el proceso con la personalización del mismo.

La LĆ­nea de Fuego
Cienfuegos, Cuba – Foto de Guille Ɓlvarez

En el caso de Venezuela, el peso de Hugo ChÔvez en la llamada revolución bolivariana, es tan fuerte, que luego de mÔs de una década de su fallecimiento, sigue siendo el referente fundamental.

Regresando al Ecuador y al correĆ­smo. Quienes no nos identificamos con esa tendencia, muchas veces hemos usado despectivamente el tĆ©rmino. Incluso en ocasiones un tĆ©rmino como ā€œcorreatoā€, de connotaciones aĆŗn mĆ”s fuertes. Que lo usen malintencionadamente la derecha neoliberal y sus seguidores (paradójicamente algunos procedentes de sectores empobrecidos y clase media), es entendible, en el marco de la ignorancia u obnubilación polĆ­tica. Pero, que sectores de izquierda o cercanos a la izquierda, siete aƱos despuĆ©s de terminado el gobierno de Rafael Correa, obsesiva e insistentemente sigan usando el tĆ©rmino ā€œcorreĆ­smoā€ como un insulto, como que la contradicción fundamental fuera ā€œcorreĆ­smoā€ vs ā€œanticorreĆ­smoā€, no es un buen signo de salud mental.

Los últimos sucesos, como el referendo y la consulta popular del presidente Noboa, o el asalto a la embajada mexicana; permitieron ver que no sólo la derecha neoliberal, sino esos supuestos izquierdistas o ex izquierdistas, haciendo gala de su odio ciego y recalcitrante al correísmo, no tuvieron empacho alguno en alinearse con la derecha, promoviendo el SI irreflexivo y absoluto en la consulta o avalando el asalto a la embajada, bajo un supuesto de soberanía nacional.

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Toma de la embajada mexicana en Quito – Ecuador por orden del presidente Daniel Noboa.

Es cierto que estuvimos furiosos cuando el gobierno de Correa persiguió a dirigentes y organizaciones populares, cuando creó un marco legal represivo para ello, que finalmente sirvió mucho a la derecha neoliberal (ese fue quizÔ el peor e imperdonable pecado de Correa y sus seguidores). Cuando se firmó al apuro el TLC (acuerdo comercial) con la Unión Europea, que benefició únicamente a algunos grupos empresariales importadores y exportadores. Cuando cogobernó con sectores y personajes de la oligarquía y la derecha. Cuando el mismo ex presidente Correa o sus colaboradores cercanos, como ese nefasto personaje Alexis Mera, insultaron a las mujeres de su misma tienda política que tuvieron la valentía de sumarse a la despenalización del aborto en casos de violación; cuando en general muchos de los líderes del correísmo se opusieron y se oponen a derechos sexuales y reproductivos, tanto como a derechos ambientales. Y la enumeración podría continuar.

Pero, luego de ver los tres Ćŗltimos nefastos gobiernos neoliberales de Moreno, Lasso y Noboa, las brutales represiones al movimiento popular en octubre 2019 y junio 2022, el asalto a la embajada de MĆ©xico en el 2024, o en general el incremento desmedido de la violencia (se ha facilitado Āæintencionalmente? el acceso a armas de fuego por parte de grupos violentos), la falta de futuro para la mayorĆ­a de jóvenes de sectores populares y clase media, el retroceso en polĆ­ticas de protección social (cuidado); no queda ninguna duda de que es hora de superar los viejos resentimientos y apuntar a un proceso unitario de diversas fuerzas, que incluyan al ā€œprogresismoā€ ecuatoriano (con o sin Correa), o al menos al sector mĆ”s democrĆ”tico dentro del mismo, para tratar de evitar una mayor calamidad para el paĆ­s y el pueblo ecuatoriano.

Construir esa unidad amplia, es una tarea extremadamente difĆ­cil, pero tal vez nuestra Ćŗltima oportunidad ante el embate de la derecha neoliberal y fascista.

Y no se trata precisamente del próximo proceso electoral del año 2025. Sino de ir mÔs allÔ. Formar un amplio frente diverso donde confluyan todos y todas quienes quieran defender la vida frente a los desmesurados afanes de acumulación de los capitalistas criollos y transnacionales. Un frente de resistencia, que incluya a las organizaciones de pueblos y nacionalidades, a las organizaciones sindicales, feministas, ecologistas, movimientos de derechos humanos, movimientos LGBTI, jóvenes, estudiantes, artistas populares, intelectuales y activistas de izquierda, y todos los sectores populares del campo y la ciudad que estén dispuestos a defender el presente y el futuro de nuestros hijos e hijas, frente a la voracidad capitalista depredadora.

Ya ha habido ejemplos recientes de que sí es posible dar pasos unitarios sobre objetivos comunes. La despenalización del aborto en casos de violación; la protección del Yasuní (por la que votaron muchas de las bases del correísmo, a pesar del llamado contrario de su candidata presidencial); la condena al asalto a la embajada mexicana; la solidaridad con el pueblo palestino ante el genocidio sionista; o el reciente triunfo frente al decreto 645 del expresidente Lasso, que atentaba contra derechos fundamentales y beneficiaba grandes intereses comerciales; son sólo algunos ejemplos de que se puede avanzar sin los prejuicios que descalifican a los aliados y potenciales aliados en esas luchas. Sin embargo, muchos no consiguen o no quieren superar esos prejuicios.

Sin duda, cualquier proceso unitario requiere definir una plataforma común, donde se precise líneas rojas (políticas, éticas, de derechos humanos y de la naturaleza) que jamÔs se podrÔ sobrepasar, las mismas que serÔn en última instancia la garantía de una unidad posible y sostenible, mÔs allÔ de procesos electorales que generalmente desunen.

Construir esa unidad amplia es una tarea extremadamente difĆ­cil, pero tal vez nuestra Ćŗltima oportunidad ante el embate de la derecha neoliberal y fascista.

Sin duda, cualquier proceso unitario requiere definir una plataforma común, donde se precise líneas rojas (políticas, éticas, de derechos humanos y de la naturaleza) que jamÔs se podrÔ sobrepasar, las mismas que serÔn en última instancia la garantía de una unidad posible y sostenible, mÔs allÔ de procesos electorales que generalmente desunen.

 


*Versión editada del texto publicado originalmente en: https://hugonoboacruz.blogspot.com/2024/05/urgen-procesos-unitarios-no-al.html

La LĆ­nea de FuegoFotografĆ­as: Unsplash, blog del autor, web.

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2 COMENTARIOS

  1. Ud. a pesar de ser historiador, tengo entendido con un Ph.D no ha entendido algo fundamental: no existe neo liberalismo en Ecuador ni como ideología ni como tendencia histórica (y mucho menos fascismo). En cuanto al correismo no es mas que un proyecto de una lumpen oligarquía nueva que planea apoderarse del poder para siempre para continuar con la depredación y el empobrecimiento del pueblo como ya lo han hecho otras a las cuales Ud. defiende como el castrismo y el chavismo. Por tanto, esas son las lineas rojas de los que nos consideramos de izquierda.
    Como conclusión: nunca la izquierda racional puede unirse al correismo.
    (en cuanto al asalto de la embajada mexicano, no se lo puede condenar porque se apreso a un delincuente destacado de cuello blanco).

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