Y Voltaire lo dijo así, como si la sopa siempre fuera primera que el arroz. Con un convencimiento de hombre de ciencia que sugestiona al más incrédulo. Roldán, a quien en Carondelet le llaman el carpintero pobre: porque no tiene ni un metro, debió llorar en silencio como cuando sintió la primera cornada de un becerro en salva sea la parte;la Romo se puso la mano en el pecho y cantó ¡Salve, oh patria! ¡Mil veces Oh patria! ¡Y tu pecho, tu pecho Voltaire! 

En un portal digital que no quiero nombrar cómo se llama pero que empieza con 4 y termina en gatos: espacio periodístico lúcido dizqué, desobediente dizqué y otros dizquémentirosos, donde escriben las plumas más reaccionarias del país, o sea los bolsonarosilustrados, el ex presidente OsgualdoUrtado –sin h porque en su gobierno se feriaron hasta las consonantes- es entrevistado por algún comisario intelectual del portal.

Telón de fondo negro. De luto. Ya no aparecen ni los símbolos patrios. Parece una foto del Cartel de Sinaloa y sus máximos capos. Solo parece. Parece. Se les nota el miedo en la mirada. Huyeron a Guayaquil a que el Nebot los proteja: ¡Por diosito, Jaime, danos una manito y posada para mi gente! Vos sabes, los indios son cosa seria, no hacen caso, me secuestran militares y hasta me queman tanquetas. ¡Qué miedito!

¿Qué será de ellos? ¿Existen? ¿Sí van a clases, seguro?

En la marcha del pasado 7 de agosto los estuvieron esperando. Durante horas. Los artistas y gestores  –en definitiva, los trabajadores del arte y la cultura- marcharon en defensa de sus derechos y cuestionando la forma en que la cultura se ha manejado durante los últimos años. Los siguen esperando.