En un portal digital que no quiero nombrar cómo se llama pero que empieza con 4 y termina en gatos: espacio periodístico lúcido dizqué, desobediente dizqué y otros dizquémentirosos, donde escriben las plumas más reaccionarias del país, o sea los bolsonarosilustrados, el ex presidente OsgualdoUrtado –sin h porque en su gobierno se feriaron hasta las consonantes- es entrevistado por algún comisario intelectual del portal.

Telón de fondo negro. De luto. Ya no aparecen ni los símbolos patrios. Parece una foto del Cartel de Sinaloa y sus máximos capos. Solo parece. Parece. Se les nota el miedo en la mirada. Huyeron a Guayaquil a que el Nebot los proteja: ¡Por diosito, Jaime, danos una manito y posada para mi gente! Vos sabes, los indios son cosa seria, no hacen caso, me secuestran militares y hasta me queman tanquetas. ¡Qué miedito!

¿Qué será de ellos? ¿Existen? ¿Sí van a clases, seguro?

En la marcha del pasado 7 de agosto los estuvieron esperando. Durante horas. Los artistas y gestores  –en definitiva, los trabajadores del arte y la cultura- marcharon en defensa de sus derechos y cuestionando la forma en que la cultura se ha manejado durante los últimos años. Los siguen esperando.

Con la novedad señora Ministra del ramo que, después de haber indagado a profundidad sobre el felino del señor Assange, debemos concluir que, en efecto, el gato es un espía de peligrosidad A4, que en términos policiales significa amenaza rectangular. A nuestro entender es más nocivo que el sueco hacker que ya fue encarcelado por dar muestras irrefutables de que es amigo de hace muchos años, lo que lo convierte en culpable de coincidencia ideológica externa.