Henos aquí para decirle a la ciudadanía que sí o sí vamos a cobrar esos intereses de las tarjetas de crédito de diciembre y enero. Que el gobierno haya hecho su circo es una cosa pero que nosotros nos hagamos los sensibles es otra. Esa no es nuestra misión. Somos banqueros, fuimos banqueros y siempre seremos banqueros. La Asobanka no se amedrentará ante los gritos, insultos y demás epítetos de los amargados de siempre que vuelcan sus bajos instintos en las redes sociales. Envidiosos porque no son banqueros.

¿Qué les hicimos para que nos insulten así? ¿Somos malos, mamá? ¿Por qué quemaron nuestro colchón si no era de ellos? ¿Por qué tenemos que salir corriendo como si fuéramos ladrones, mamá? Dime mamá, no entiendo. ¿Yo también soy un niño malo? Te juro que no hice nada, yo solo dormía contigo y mi hermanita. ¿Es porque no les gusta lo que vendemos? ¿Nos tenemos que ir también de este país? ¿A dónde nos vamos ahora? ¿Por qué no nos quieren? ¿Qué les hicimos, mamá? ¿Qué les hicimos?

Nota: En este escrito no hay poesía, ni buenas formas ni cortesía. Solo bronca.

Bien decía mi abuelita: “Estos del gobierno son unos canallas. Verás cómo en vísperas de navidad te suben la gasolina o te disparan un paquetazo del tamaño de sus ansias”. No se equivocó la abuela. Y dijo canallas en alta voz, como para que se nos quede grabado. Y claro, no había que ser abuelita o brujo para convencerse de que estos canallas enquistados en Carondelet iban a salir con su domingo 7 o su navidad 24.

¿Qué soñaba Miguel cuando estaba despierto? ¿Cuántas horas dormía, Miguel? Esas ojeras parecían ser el testigo de algún insomnio inconfesable ¿Qué desayunaba, Miguel? ¿Qué noticiero miraba mientras decodificaba sus discursos empresariales? ¿Tuvo algún credo, alguna cábala, un ciempiés en el florero, una herradura en la puerta, un libro de Marx debajo de la almohada?

 

Yo, Antonio de los Acostas, presidente del prestigioso Banco de los pichinchas, quiero agradecer públicamente a ese gran hombre sentado en los Carondeletes, por haber hecho historia. Mientras escribo estas líneas sendas lágrimas de emoción brotan de mis acaudaladas mejillas. Po fin alguien que se atrevió a pensar en los bancos de forma tan clara y transparente. Por fin un alma de dios

Dicen los que lo han visto, sobre todo iluminado en las noches, que el centro histórico es una maravilla, guapeza de iglesias, lindura de calles, maravilla de tejados, y ya mismo de soplar velitas: 40 años hay que celebrarlo a lo grande, tirar la casa por la ventana, contratar chivas ambulantes, hacerse una selfie con la Virgen de El Panecillo de fondo, etc., etc.