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lunes, junio 22, 2026

El racismo y la tentación del Estado monocorde: un debate en tres actos

Por Ela Zambrano

Jueves, 13 de noviembre de 2025

UNO

Trampas culturales

El 22 de septiembre, la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) inició un paro nacional como respuesta al incremento del diésel –de 1.80 a 2.80 dólares por galón– establecido en el Decreto Ejecutivo No. 126. Lo que comenzó como una protesta económica derivó pronto en una confrontación política y moral: la reacción del gobierno no fue abrir el diálogo, sino reactivar el racismo latente, criminalizar la protesta y responder con violencia estatal que dejó 480 heridos (26 de gravedad), dos fallecidos y un país dividido entre quienes exigen justicia y quienes aplauden el castigo.

La exacerbación del racismo durante el paro fue visible en todos los planos: discursivo, simbólico y físico. A los manifestantes se los llamó “terroristas” y “vagos”, y la violencia escaló hasta el punto en el que personal militar cortó las trenzas a dos jóvenes indígenas de Cotacachi: un acto de humillación colonial. Durante los 31 días de paro,no hubo diálogo, hubo castigo. No hubo política, hubo fuerza. La “defensa del orden” dejó una herida más profunda: la de un país que aún no se reconoce en su diversidad. 

El racismo no opera solo con balas o insultos, se cuela en las ideas, en las categorías con las que aprendimos a mirar el mundo. Mientras en las calles se reprimía la diferencia, en el discurso público se acentúo otra forma de violencia más sutil: la del pensamiento colonial que clasifica, separa y jerarquiza. Bajo el barniz de la “modernidad” y los “derechos”, ese pensamiento legitima la exclusión con lenguaje de progreso. Para entender esas formas de dominación que hoy regresan maquilladas de libertad, la socióloga y docente Natalia Sierra habla de las trampas culturales que sostienen este nuevo rostro del poder que se aplica no solo en Ecuador.

Sierra establece que estamos frente al regreso del “hombre blanco” (léase La Conquista de América de Todorov), cristiano o protestante, que reivindica los derechos liberales, son excelentes ejemplos: Donald Trump, presidente de Estados Unidos y Javier Milei, mandatario de Argentina. Explica Sierra que ese modelo libertario ha logrado separar los derechos liberales de los derechos económicos y sociales, vaciándolos de contenido. “Es lo que se llama la cultura woke”, explica, “una cultura que divorció lo social y lo económico de lo cultural, debilitando así a ambos”. El resultado: derechos que se vuelven de fácil administración, porque no cuestionan el poder que los reparte.

Sierra identifica otra trampa igual de eficaz: la exaltación del individuo. El discurso de los “derechos individuales” funciona como anestesia colectiva; desarticula las luchas de clase, de género, anticapitalistas y antirracistas. Divide para dominar. En el reciente paro indígena, esa fragmentación se evidenció con crudeza: las demandas económicas fueron respondidas con insultos culturales, bombas lacrimógenas y toletes. El gobierno no discutió precios ni decretos, respondió con racismo.

“Cuando los indígenas solo reivindican la cultura”, sentencia Sierra, “las derechas están felices”. Y lo están porque una cultura sin justicia social se vuelve folclore, y un pueblo reducido a símbolo deja de ser amenaza.

Otra vez el cuco de la plurinacionalidad

El Estado ecuatoriano en el Art. 1 de la Constitución todavía vigente se reconoce como “un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico”.

En Montecristi, a la Asamblea le tomó más de seis meses acordar esa definición. El miedo a la plurinacionalidad ya rondaba entonces: ¿cómo compartir el poder con quienes nunca fueron invitados a ejercerlo? Sin embargo, se alcanzó un consenso. Diecisiete años después, en la antesala de la consulta popular del 16 de noviembre, los fantasmas regresan. Desde los micrófonos del privilegio, voces como la de la excandidata presidencial Andrea González (PSP) vuelven a cuestionar la vigencia de la plurinacionalidad con los mismos argumentos que hace dos décadas parecían superados: el temor a perder el control de un país que siempre imaginaron homogéneo, mestizo –ojalá blanco– y dócil.

Sierra lo resume sin rodeos: “La plurinacionalidad salió del campo del discurso para volverse realidad”. Ya no es sólo un concepto, dice, “sino la legítima aspiración de los pueblos indígenas a ocupar espacios de poder, administrar el Estado y proteger sus territorios”. La plurinacionalidad se tradujo en presencia, en decisión y en límites al extractivismo. Por eso, la estrategia vuelve a ser la misma: borrar del texto constitucional aquello que incomoda: como los derechos de la naturaleza, la participación popular y la plurinacionalidad, para reinstalar un Estado monocorde donde solo una voz tenga derecho a mandar y nombrar.

DOS

Civilizados vs. bárbaros, orden vs. caos

 

Caricatura tomada del internet. Autor desconocido.

Junto a la narrativa del gobierno, “casualmente” aparecieron otros personajes que ya se les daba por jubilados en la política como el exconcejal de Pachakutik, Antonio Ricaurte, quien protagonizó un performance de racismo disfrazado de “opinión ciudadana”, se presentó durante los días del paro como un defensor del orden y valores que en la vida privada no supo cuidar. Pese a su disonancia ética, su mensaje encontró eco en sectores conservadores y en medios que amplificaron su discurso del desprecio y el disciplinamiento.

Y mientras esas trampas culturales se desplegaban en el discurso público, el moralista reciclado, Antonio Ricaurte, con escoba en mano hizo una puesta en escena perfecta del racismo contemporáneo.

Un breve análisis semiótico:

En las imágenes en tik tok y también X se observa a un hombre de mediana edad, vestido con ropa militar o camuflaje y sostiene una escoba de color rojo intenso. El entorno es doméstico pero cuidado. El personaje habla con tono autoritario y combina gestos didácticos con ademanes de orden o amenaza. En una de las escenas, aparecen juguetes bélicos (tanques, helicópteros, soldados de plástico) reforzando la idea de combate. Visualmente, la puesta en escena combina estética casera y discurso militar: la escoba se convierte en sustituto del arma; el espacio privado (su casa) se transforma en trinchera; la cotidianidad se militariza.

Ricaurte hace uso de varias dimensiones simbólicas, pone en contraste a la ciudad (lo urbano y bello) como lo civilizado frente a la selva o campo como tierra de “los salvajes”.

En línea con el gobierno, tampoco ve la posibilidad de diálogo, porque el indígena no es un interlocutor político, por el contrario, estos “salvajes” (recordando a Mattelart) ,  deben ser sujetos de corrección y no de diálogo. Por eso, hay que barrer al enemigo indígena, que como explica Sierra, aparece despojado de historia, condiciones sociales y sin legitimidad política.

Ricaurte sigue el guion del gobierno y disfraza el desprecio de civismo. Así mismo, se sostuvo discursivamente el gobierno, pues las 2000 operaciones militares y los 12.000 soldados desplegados en las provincias donde se desarrolló el paro, no ejercieron la violencia, “mantuvieron el orden”.

TRES:

Pakta Pakta: memoria, arte y resistencia

Entrevista a Yauri Muenala

Yauri Muenala explica el significado de los pilches. Foto: La cigarra 

En medio de ese clima de negación y hostilidad, surge Pakta Pakta –“juntos, juntas”, en kichwa–, una exposición de los artistas Yauri e Inti Muenala y presentada en el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, la muestra dialoga con la memoria de las luchas indígenas y con la herida abierta que deja la represión en el paro. Frente al ruido del odio, Pakta Pakta propone el arte como resistencia. Muenala habla en esta entrevista sobre la necesidad urgente de imaginar un futuro donde la diferencia no se castigue, sino que se celebre.

En conversación con el artista otavaleño Yauri Muenala, la exposición se revela como un lugar de reconocimiento, un recordatorio de que el Estado plurinacional (Constitución de 2008), es fruto de décadas de organización, pensamiento y movilización colectiva.

Muenala advierte que la actual coyuntura política –marcada por la represión, la estigmatización del movimiento indígena y el avance de intereses extractivistas– amenaza con revertir los derechos conquistados. Frente a la consulta popular convocada para el 16 de noviembre, Pakta Pakta emerge como un acto de resistencia simbólica, una apuesta por un país capaz de escucharse y reconocerse en su pluralidad.

Yauri: ¿Por qué rendir tributo a la lucha, a la resistencia y a la creatividad?

Sí, lo que intentamos es honrar los derechos alcanzados, fruto de procesos que no han sido gratuitos. El Estado plurinacional se reconoce recién en el 2008, y se da a partir de la marcha del 90, esa marcha se produjo porque hubo un proceso anterior de organización. En los años 70s, 80s, hubo un proceso de pensar la organización nacional a nivel de pueblos y nacionalidades. Entonces, honrar esas luchas es honrar los derechos alcanzados, entre ellos,  la educación intercultural bilingüe, que sostiene y da continuidad a la lengua, a la filosofía, a las formas de ver y pensar de los distintos pueblos que habitan el Ecuador.

¿Es posible acompañar estos procesos desde el arte?

Estoy muy convencido que desde el arte podemos también acompañar esos procesos y poner en valor, reconocer las grandes oportunidades que nos da el arte y desde la sensibilidad del arte hablar, como habla la obra de mi hermano, Inti Muenala, sobre la oportunidad de que sigan existiendo esos territorios en donde habita el agua. No pensemos desde la noción de que la naturaleza es un recurso, sino que más bien como espacio sagrado que permite la continuidad de la vida de las distintas especies, incluida la de los seres humanos.

Pensando en la coyuntura reciente, el paro indígena ¿Cómo sientes la marginación?

Pues es complejo, ¿no? El hecho de que nosotros siempre estemos abiertos al diálogo… Se toma una decisión, se sube el diésel, nos movilizamos para que nos escuchen porque esa medida nos termina afectando, pedimos el diálogo.

Pero nunca hubo intención de diálogo de parte del régimen…

Hay una negación, no te reconocen como un sujeto, como un actor dentro de las decisiones políticas a nivel de Estado. Entonces las negaciones son desde allí, desde el Estado,  son estructurales. El hecho de que no tengan esa voluntad de escuchar al pueblo y sus demandas, es porque hay un desconocimiento, de pensar que no forman parte del Estado. En el marco del paro y la represión, se declaró que no era grata la visita de la vicepresidenta,  María José Pinto, y de algunos representantes del gobierno. La respuesta fue entonces “nosotros los sacamos de acá, de todo el país”.

Es imposible una sociedad mejor si no nos escuchamos todos. Por dos ocasiones se movilizaron cientos de personas a la gobernación de Imbabura, pero sólo se encontraron con la puerta cerrada. ¿Dónde hay la posibilidad de diálogo cuando te desconocen como un actor social que piensa?

Y en medio de la negación hay también la estigmatización

Hay negación cuando se asienta la estigmatización, ¿no? Que nos digan”terroristas”, es un imaginario que no se queda en el Ecuador, que viaja al mundo, porque los Otavalo, somos un pueblo que se ha desplegado por el mundo: Estados Unidos, Europa, Asia, y que ese discurso sea del mismo Estado afecta a quienes somos sus embajadores. Nos tacharon de “terroristas” y los compañeros que fueron detenidos salieron sin ningún cargo porque son gente sencilla, humilde, trabajadora.

Como parte de la exposición, mencionas la Constitución del 2008 y el avance de un estado monocultural a uno plurinacional y pluricultural ¿Cómo ves justamente la consulta popular y estas voces que vuelven a la idea de que el Estado es único?

Es desconocer lo que es el país. En el Ecuador hay 14 nacionalidades con lenguas propias, siempre hemos hablado de la unidad en la diversidad. Nuevamente se quiere desconocer, cerrar los ojos y obviar la riqueza. Pero además, lo que esta ahorita sobre el tapete son los vínculos de poder de las mineras. Lo que quiere el Estado oligarca es facilitar el extractivismo en cualquiera de las comunidades. Yo creería que la gran mayoría si podremos defender nuestros territorios y sus recursos naturales, así como pasó con el Quinto río de Cuenca.

En la exposición está la trenza de Ryo (hijo de Inti Muenala), quien bajo la necesidad de encajar pidió que se la corten. En el marco del paro, militares les cortaron las trenzas a dos jóvenes kichwas, un acto de violencia física y también simbólica.

Los pueblos indígenas tenemos elementos identitarios muy sagrados que la sociedad mestiza no reconoce y no entiende. El hecho de que los dos compañeros sean cortados el pelo por los militares,   fue un acto de humillación a una población en un momento complejo. Fue un acto violento. No fue la ofensa a dos personas, se ofendió al pueblo entero.

 

El derecho a la diferencia. Fotografía tomada del Instagram de Yauri Muenala.

¿Cómo ves el respeto a los pueblos y nacionalidades más allá de la consulta del domingo 16 de noviembre?

Son momentos muy complejos, hay que ser muy creativos para poder imaginar un mundo mejor juntos y juntas (Pakta-Pakta). Hemos tenido ya momentos muy duros desde el 2019, 2022 y ahora en el 2025, se replica una situación y se va complejizando más. El poder empieza a ser como mucho más despiadado, la represión es mucho más violenta, pero creería que desde ahí surge la esperanza.

Estos momentos muy fuertes nos deben llevar a pensar en formas de articulación, vinculación, unidad, por un país que se reconozca en sus diferencias. Esperemos que esas diferencias entren en diálogo y podamos desde ahí pensar un proyecto conjunto.

El hecho de que los dos compañeros sean cortados el pelo por los militares,   fue un acto de humillación a una población en un momento complejo. Fue un acto violento. No fue la ofensa a dos personas, se ofendió al pueblo entero.

–Yauri Muenala


*Ela Zambrano, comunicadora y periodista. Ha trabajado en los diarios Hoy, El Universo, El Telégrafo y el Quincenario Tintají. Actualmente es investigadora académica en la Alianza Basura Cero Ecuador. Colaboradora de La Línea de Fuego.

*Fotografía principal tomada del portal de noticias: https://desinformemonos.org/el-corazon-en-cotacachi/


 

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1 COMENTARIO

  1. Cuando se dice que la plurinacionalidad es “ la legítima aspiración de los pueblos indígenas a ocupar espacios de poder, administrar el Estado y proteger sus territorios” entra en contradicción con la declaración constitucional: “un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico” porque solo los estados tienen territorios, por tanto se implica que se quiere un estado federal.

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