15 de agosto 2025
Los gobiernos necroliberales transitan de la reducción del gasto social a su destrucción, un ejemplo claro de esto es el gobierno de Javier Milei y su política de la “motosierra” con la que busca acabar con todo lo que tenga rasgos de política social. El crecimiento cada vez más acelerado del desempleo estructural, que expulsa a millones de seres humanos por fuera del aparato productivo, por fuera del consumo básico y por fuera de sus territorios, se convierte en un problema para las élites económicas que necesitan dar una respuesta a esa inmensa masa de marginalizados. La expulsión de millones de seres humanos del trabajo formal busca ajustar la población a las demandas del mercado global del crimen. Millones de personas son lanzadas como mano de obra sacrificable para el capital criminal (trabajadores del narco, de la minería ilegal, del tráfico de mercancías ilícitas en funciones de productores, cocinadores, comercializadores, seguridad, sicariato, extorsión, etc.) o definitivamente como mercancías ilegales (órganos, cuerpo para explotación sexual, esclavitud). Ya no hablamos de ejército industrial de reserva, sino de peso muerto de capital para el sacrificio.
El desempleo estructural, la ilegalidad, el desorden y el caos laboral son mecanismos clave para reducir costos y evadir regulaciones de seguridad y garantía de la vida. Los trabajadores son convertidos en «muertos vivos» sin derechos humanos, lo que naturaliza su lento aniquilamiento. Me refiero a la necrotización del trabajo.
A través de todos los medios masivos de información tradicionales y las redes digitales se busca captar la atención del público a través de la exageración, la dramatización y la espectaculización de noticias sobre violencia criminal para generar pánico en la sociedad. El objetivo es que la población tenga miedo y reaccione demandando castigo y “mano dura” para el “delincuente”, es decir que acepte una política de seguridad draconiana. No interesa la precisión y el rigor informativo, tampoco la verdad en tiempos de la posverdad y la producción masiva de noticias falsas. La violencia subjetiva se presenta de manera exagerada, alarmista, repetitiva y se focaliza en aspecto morbosos (decapitaciones, cabezas convertidas en pelotas de futbol, etc.). Los noticieros ocupan un aparte importante de su tiempo en noticias de crímenes sin contexto analítico, puro lenguaje emocional y moralista.
La violencia criminal se convierte en un espectáculo macabro que se va naturalizando en medio de una sociedad atrapada en el miedo y en una obsesión enfermiza por la violencia, el castigo y la muerte. Esta técnica informativa genera una distorsión en la percepción de la realidad que abre el camino a la construcción de un imaginario social subsidiario de la necropolítica gubernamental. Los medios que exigen la «mano dura» como solución mágica están promocionando el fetichismo del castigo.
Se impone una práctica institucionalizada y sistémica donde las autoridades militares, policiales, judiciales o de seguridad utilizan estereotipos basados en raza, etnia, clase, apariencia o condición social para identificar presuntos delincuentes, en lugar de evidencias objetivas o conductas individuales. Es una forma de discriminación estructural que criminaliza la pobreza y la identidad. Se asocia delitos a grupos fenotipos étnicos, rasgos culturales, se vincula el crimen a marcadores de clase (lugar de vivienda, vestimenta, tatuajes, peinados, gustos musicales, etc.). La vigilancia, las redadas y las detenciones se hacen enfocadas por este perfilamiento. La guerra contra las drogas aplicada por el gobierno de Estados Unidos en toda América Latina uso este mecanismo, de hecho, se vincula los rasgos físicos y culturales del latinoamericano con el narcotraficante. Al interior de nuestros países son los rasgos del negro, el indio, el migrante pobre los que se vinculan con los grupos criminales. La idea que subyace a este mecanismo es que las identidades culturales racializadas y la pobreza es un síntoma de degeneración criminal.
Las culturas y las clases históricamente oprimidas y excluidas reciben el mayor peso del castigo. Son las poblaciones más perseguidas y vigiladas, encarceladas, torturadas y asesinadas. El perfilamiento es herramienta clave del penalismo necrótico, selecciona quién debe sufrir, marca cuerpos racializados/pobres como «desechables». Alimenta la máquina de muerte: Llena cárceles de «perfiles peligrosos» para su exterminio lento. El perfilamiento no predice el crimen, fabrica culpables para sostener industrias de sufrimiento.
La gubernamentalidad necroliberal usa la crueldad como mecanismo de venganza, tanto en los gobiernos legales como los gobiernos ilegales. Los suplicios premodernos se actualizan sobre la base de que el delincuente debe tener un castigo ejemplar, así se realizan torturas públicas y ejecuciones como espectáculo para una sociedad atrapada en el miedo que irracionalmente aplaude esta barbarie. Las cárceles de exterminio recuerdan a los campos de concentración nazis, observamos como se confinan en cárceles a migrantes o como se convierte territorios enteros en cárceles de aniquilamiento como en Palestina. El hacinamiento calculado de estos centros de reclusión busca causar conflictos, amotinamientos y masacres carcelarias. El capital criminal lucra con el sufrimiento humano.
La normalización de la crueldad conlleva un círculo de violencia donde las víctimas se convierten en verdugos. Pueblos que han sufrido genocidio se convierten en genocidas, familias que han sufrido violencia criminal piden tortura y ejecución de los delincuentes, incluidos niños y adolescentes. Detrás de esto hay un cinismo gubernamental, Estados de derecho que permiten la tortura, las ejecuciones extrajudiciales, masacres carcelarias, muerte por inanición de las personas en las prisiones, estamos hablando de situaciones carcelarias letales. Las cárceles como zonas de no-derecho donde el Estado suspende protecciones es la aplicación del penalismo necrótico.
En la lucha contra el crimen organizado, los gobiernos distorsionan la Constitución o las leyes para hacer un uso permanente de los estados de excepción y la militarización en la perspectiva del control territorial de poblaciones y despojo de territorios hacia las operaciones del capital criminal. Es la época en que el capitalismo impone un estado de excepción a escala permanente regional e incluso global, como fue el de la pandemia, así garantiza su reproducción con prácticas extremas de extracción, depredación y saqueo. El gasto militar se desborda en perjuicio de la inversión social.
Con estos mecanismos el Estado se autoriza a allanar, detener, encarcelar y asesinar sin proceso judicial. Los militares y policías son autorizados” a violar derechos humanos incluido el derecho a la vida, con lo cual terminan en los hechos convertidos en los criminales que supuestamente combaten. El crimen se combate con crimen, con lo cual el círculo de la violencia se consolida. Un Estado que mata legalmente pierde autoridad moral y abre la autodestrucción social.
Esto es apenas el comienzo.
El artículo original fue publicado en desinformémonos: https://desinformemonos.org/como-operan-los-gobiernos-necroliberales-en-america-latina/



Yo me pregunto si cuando gobernó Correa había “necroliberalismo” porque una de las razones para reducir el gasto social es el deficit fiscal permanente que genero su gobierno que se llama “insostenibilidad fiscal”. También me pregunto si hay necroliberalismo en Venezuela o sera necrosocialismo porque la situación de la mayoría de la población es peor que en Ecuador. Y en Cuba hay “necroliberalismo” o “necrosocialismo”, that is the question?