Por Ela Zambrano

A inicios de 2020, veíamos como China hacía cuarentena para evitar que un virus se propagara. Era una película de ficción y el virus parecía que estaba lejos. Dos meses después, ese virus llegó también al país y a América Latina. Tiempo después, las restricciones para disminuir el contagio llevaron a las frágiles economías de personas, empresas y países a pique, castigando a los de siempre, entre ellos, las mujeres: 13 millones de ellas, en América Latina y el Caribe, fueron expulsadas del mercado laboral el año pasado, poco más que toda la población de Bolivia. 

Por Julio Oleas-Montalvo*

Visto con la lente del mercado, covid-19 parecía un shock exógeno. Primero alteró la oferta, al diezmar la fuerza de trabajo e interrumpir las cadenas internacionales de manufacturas y suministros. Los confinamientos contrajeron los ingresos, lo que afectó a la demanda y bloqueó el consumo. La alarma sanitaria global perturbó las expectativas y detuvo la inversión. El planeta entero se hundió en la peor crisis de la historia del capitalismo. 

A través de esa lente no se ven las relaciones causales entre el capitalismo globalizado, el cambio climático y la aparición del SARS-CoV-2. Cuando más, las tres crisis -ambiental, sanitaria y económica- habrían, por casualidad, ocurrido al mismo tiempo.

El coronavirus no desnudó un país sobre cuyas intimidades ya teníamos amplio conocimiento; desnudó la inviabilidad de un futuro concebido desde una serie de premisas convencionales. Por ejemplo, que la desigualdad puede ser atenuada dentro del sistema capitalistas; que la informalidad es un terreno propicio para los emprendedores; que la privatización de los servicios incrementa la eficacia del sistema de salud; o que las fuerzas políticas persiguen el bien común cuando de enfrentar una tragedia colectiva se trata. La pandemia levantó el velo de las apariencias.

Con Ulrich Brand* habló Romano Paganini, Quito – Ecuador 

Ulrich Brand es co-autor del bestseller “Modo de vida y trabajo imperial”. El profesor de ciencias políticas de la Universidad de Viena explica la naturalidad en el comportamiento colonial de los países del norte y habla sobre la crisis civilizatoria en los países del sur. Y destaca por qué no es tan fácil romper con la vida imperial.