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viernes, marzo 6, 2026

El anticorreísmo gobierna al Ecuador

Galo Betancourt*
16 de abril de 2025

El anticorreísmo volvió a ganar. Y no fue un triunfo improvisado. Fue el resultado de una maquinaria política, mediática y emocional que supo reconstruirse tras un inicio incierto en primera vuelta, capitalizando errores e imprudencias ajenas, reforzando símbolos de clase y alineando narrativas con los afectos más básicos del electorado. El anticorreísmo, más que una corriente ideológica, es un sistema emocional y comunicacional profundamente enraizado en la sociedad ecuatoriana.

La imagen de una señora celebrando el triunfo de Noboa con un cartón, en medio de una inundación, resume con crudeza las múltiples contradicciones del Ecuador actual: el país más peligroso de la región, sin empleo digno, sin inversión estatal, pero donde el anticorreísmo sigue ofreciendo una ilusión de pertenencia.

Porque valga decir que el anticorreísmo permite algo poderoso: unir a ricos y a sectores populares contra un enemigo común. La señora que celebra en la inundación y un hombre que vive en la vía a Samborondón pueden estar en orillas opuestas del modelo económico, pero por un instante comparten la misma victoria simbólica.

La clase media, especialmente en Quito y en menor medida en Guayaquil, encuentra también en este relato una especie de alianza emocional con las élites: la lucha contra el correísmo es también la lucha contra “el otro inferior”. El Movimiento Indígena y los sectores progresistas caben en el mismo saco de lo que “no se debe ser”.

Rechazar al correísmo o al Movimiento Indígena no sólo es una postura política, es una forma de mostrarse y así distinguirse del pueblo que aún cree en lo público, en lo redistributivo, en lo colectivo.

Estamos frente a una sociedad que no privilegia los datos ni los proyectos de futuro, sino las emociones rápidas del algoritmo. Como diría Byung-Chul Han, la era digital no produce pensamiento crítico sino reacciones impulsivas. La política ya no se gana con propuestas, sino con frames, con memes, con tendencias. La gente no vota por quien gestiona, vota por quien representa una aspiración. Y vaya que Daniel Noboa, con su juventud, su familia de catálogo, su fortuna y su actitud bully, cumple con ese ideal.

En el Ecuador actual, la aspiración vale más que la gestión. Se prefiere votar por quien supuestamente encarna al éxito, aunque ese éxito lo construya exclusivamente para su familia y para sí mismo. Ahí radica el verdadero poder del anticorreísmo: no en un programa político —porque no lo tiene— sino en su habilidad para representar una identidad aspiracional que se impone frente al miedo de un pasado manipulado, ese que hoy se usa para justificarlo todo.

“Rechazar al correísmo o al Movimiento Indígena no sólo es una postura política, es una forma de mostrarse y así distinguirse del pueblo que aún cree en lo público, en lo redistributivo, en lo colectivo”.

– Galo Betancourt


*Galo Betancourt, documentalista y comunicador audiovisual con más de dos décadas de experiencia en el ámbito público, académico y periodístico. Ha dirigido múltiples proyectos de comunicación institucional y ejercido la cátedra en universidades ecuatorianas. Reconocido con más de diez premios, incluyendo el Premio Nacional de Periodismo Eugenio Espejo, Categoría Institucional (2023 y 2024), ha combinado la creación audiovisual con el análisis político. Su trabajo ha sido distinguido por su enfoque creativo y comprometido con los derechos humanos y las causas populares.

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1 COMENTARIO

  1. Se olvida el articulista que como el correismo es el gobierno de una lumpen oligarquía aliada de los narcos y del crimen organizado, por tanto el anticorreismo es estar contra eso.

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