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jueves, marzo 5, 2026

¡Fuera Noboa, Fuera!

Hugo el búho

Ese era el grito de muchos manifestantes que salieron desde la Villa Flora, al sur de la ciudad, para a los pocos minutos ser emboscados por policías y militares, que tenían la orden de no dejarlos pasar por ningún motivo. Era una marcha pacífica, a la que acompañaban, también, mujeres y niños. Lanzaron gases y granadas aturdidoras como si se trataran de delincuentes, como si se hubieran topado -a eso nunca se arriesgarán los muy valientes- con algunos GDO*. El 12 de octubre del 2025 será recordado como una fecha en la que, un presidente de la República, ordenó sitiar a Quito. Tiene miedo. Obvio.

Ese despliegue de fuerza inusitada jamás se verá en los sitios donde se mata, se extorsiona y se secuestra todos los días. Hay prioridades. A la gente de bien de Quito no se le puede hacer pasar por el mal rato de encontrarse en sus calles con indígenas, y que además tengan el descaro de manifestarse y alzar la voz. ¡Cómo creen! Hasta diablos Humas y comidas ancestrales se acepta, no más. Los indios a sus páramos.

A pesar de la represión innecesaria, los manifestantes se dieron modos para avanzar a su destino: parque el Arbolito. Debían ir en grupos pequeños, porque caso contario, los bravos uniformados les impedían el paso. Cerca de cincuenta personas caminaron por la Oriental, luego tomaron el barrio de la Tola y subieron una gran cantidad de gradas hasta llegar al Estadio. Una señora de 78 años, quien podría llamarse Adriana camina junto a su esposo, de 80 años, quien podría llamarse Antonio -ayudado por un bastón. “Es tanta nuestra indignación -dice Adriana- que a esta edad y con nuestras limitaciones, tenemos que salir para protestar, y así nos tratan”. En el trayecto muchos vecinos mostraban su apoyo, regalando agua, mascarillas y caramelos; otros ponían cara de ADN.

La caminata, acompañada de ¡fuera, Noboa, fuera!, recorrió todo el barrio hasta llegar a la maternidad Isidro Ayora, y de ahí al parque el Arbolito. Adriana y Antonio, a su paso, seguían sin desmayar. Pasó un convoy -hoy que están de moda- por la calle Valparaíso. Ocho automóviles blindados, sin placas y llenos de policías. Un par de ellos filmaba a los manifestantes, mientras sonreían. Felices de hacer su “trabajo”. Como el parque estaba tomado por los uniformados, a quienes les parecía que adueñarse de ese símbolo era importante, los manifestantes se sumaron al grueso de ciudadanos que se ubicaron entre la Avenida Patria y 6 de diciembre.

Carteles, tambores, pitos y consignas llenaron el ambiente. La cantidad de policías y militares era impresionante. Era como si estuviéramos en guerra. Y no, no estaban donde en realidad se los necesita. Llegaron -con órdenes superiores- para hacerse los gallitos y súper machos en contra de hombres, mujeres y abuelos. Todos sabían que más temprano que tarde los iban a reprimir. Y así fue. Las bombas y granadas aturdidoras retumbaban por todo lado. Muchos corrieron hacia el parque El Ejido, otros a la Caja del IESS y un buen número a la Universidad Católica. A poco tiempo una fuerte lluvia hizo presagiar que todo terminaba ahí. Sin embargo, la gente se juntó nuevamente y siguieron manifestándose pese a la mala cara de los uniformados.

La Línea de Fuego
Un militar agrede a un ciudadano en medio de una nube de gas lacrimógeno. Foto: Diego Pallero.

Se abrieron las puertas de la Casa de la Cultura, donde se refugiaron algunos manifestantes, junto a brigadistas médicos, quienes atendieron a personas lastimadas por la represión. Por un momento los uniformados quisieron ingresar por la fuerza a la CCE; pero gracias a la rápida acción de brigadistas, guardias y manifestantes, se logró pararlos. Una pregunta rondó en las instalaciones: ¿Qué hubiera pasado si las elecciones de la Casa de los espejos la ganaban el candidato oficialista de ADN y siempre avalado por alguna ex ministra hípster? Era obvio que hubieran sido desalojados brutalmente. Y quién sabe que las direcciones de la CCE fueran ocupadas por las botas, y los trabajadores sujetos a órdenes quier, dos, quier, dos.

Quienes resistieron hasta el final fueron, finalmente, dispersados con una violencia propia de este gobierno que confunde a ciudadanos con delincuentes. La ciudad sigue sitiada y los GDO felices, porque saben que los policías y militares están en Quito, y que no irán ni de casualidad por allá. En definitiva, saben que Noboa es su amigo.


* GDO (Grupos de delincuencia organizada)

Imagen de portada y dentro del texto: Diego Pallero

 

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1 COMENTARIO

  1. Huguito el Buhito se olvida como siempre de los manifestantes “infiltrados” con cohetes artesanales que intentaron incluso agredir al ministro del interior, ademas de los palos y piedras de siempre. Incluso han usado a perros para lanzar los mencionados cohetes en un claro maltrato animal, pero claro los “animalistas” callaran.

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