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miércoles, abril 22, 2026

DEL RELANZAMIENTO DE LA CONSTITUCIÓN DE MONTECRISTI A UN GRAN ACUERDO NACIONAL

Colectivos Ciudadanos y Populares

22 de abril 2026

Nuestra Constitución ha sido ratificada dos veces en las urnas. La primera, el día 28 de septiembre del 2008, luego de su redacción en la Asamblea Constituyente de Montecristi; y, la segunda, el 16 de NOviembre del 2025. En esta ocasión, en un entorno en extremo adverso, fue posible derrotar al gobierno y su proyecto oligárquico gracias a una gran minga democrática, que convocó una gran diversidad de actores sociales y ciudadanos, que priorizó el bien común, la defensa de la democracia, la soberanía, la paz. Esta doble aprobación popular constituye un hecho histórico que debemos proyectarlo con fuerza.

Este texto constitucional horroriza y turba a las oligarquías, puesto que saben que su real aplicación significaría una grave amenaza para sus privilegios. Lo indignante es que, a pesar de su derrota, el gobierno, con el eco de los grandes medios de comunicación, sigue en su empeño de introducir una serie de medidas y acciones para intentar atropellar -vía leyes económicas urgentes o enmiendas constitucionales- la voluntad popular. Así, entre otros tantas cuestiones, busca reintroducir el trabajo por horas, la presencia de tropas extranjeras y los arbitrajes internacionales; pretende eliminar las medidas de protección ambiental y afectar los derechos de participación de la sociedad. En su mira están las privatizaciones de los sectores estratégicos y de los servicios públicos, tanto como una incontrolada apertura a la megaminería, entre otras aspiraciones neoliberales.

La tarea es defender la voluntad popular y transformar el resultado de la consulta de noviembre pasado en un impulso político sostenido para, al mismo tiempo que relanzamos la Constitución de Montecristi, construimos un gran Acuerdo Nacional.

Relanzarla implica, en primer lugar, conocerla, estudiarla. Reconocer sus aportes y sus límites. Esta Constitución, la número 20 del Ecuador, más allá de su indudable trascendencia jurídica, tiene una enorme relevancia al sintetizar un proyecto político de vida en común, con elementos que auguran un cambio civilizatorio, como son los Derechos de la Naturaleza. A eso se suma el reconocimiento del carácter plurinacional del Estado; la instauración de múltiples mecanismos de participación ciudadana en la toma de decisiones; la defensa de la paz y la soberanía, empezando por la prohibición de la instalación de bases militares extranjeras; entre otros tantos temas de indudable relevancia.

La afirmación popular de la norma en el año 2008 no aseguró el cumplimiento de muchos mandatos constitucionales. Inclusive el gobernante que apoyó el proceso constituyente, pronto se transformó en uno de los primeros violadores de la nueva Constitución. Y todos sus sucesores se han empeñado en desconocerla. Además, los diversos grupos sociales que “escribieron” la Constitución de Montecristi no se empoderaron efectivamente de la misma. Por lo tanto, relanzar la Constitución de Montecristi, sin ocultar algunas de sus falencias, implica, no solo conocerla, sino defenderla y proyectarla.

La tarea demanda asumir la Constitución como una gran red de derechos y garantías, obligaciones y deberes. Los pilares de ese texto constitucional son los Derechos Humanos ampliados y los mencionados Derechos de la Naturaleza. En sus páginas, sumando justicia social y justicia ecológica, radicalizando la democracia, se propone: la participación ciudadana en todos los niveles de toma de decisiones; la plurinacionalidad y la interculturalidad; la justicia indígena y los derechos colectivos; la salud y la educación universal gratuitas; el trato preferente a mujeres, la niñez, personas enfermas y de la tercera edad; los derechos de las mujeres y las diversidades sexuales; la protección a las personas en su calidad de migrantes; la defensa integral de la biodiversidad y del agua; un sistema económico social y solidario; la obligación de impulsar una redistribución de la riqueza y de los ingresos, así como de la tierra y del agua; la defensa de la seguridad social solidaria; el Buen Vivir en tanto alternativa al desarrollo; la cultura de la paz.

Todos estos temas deberán ser defendidos y ampliados fortaleciendo el poder de las narrativas y la creatividad, el potencial de la reflexión y la alegría, la fuerza de la descentralización y las autonomías, la trascendencia de los derechos y las garantías para su cumplimiento, sin marginar el tema fundamental de los deberes y obligaciones. Esto potencia el eco de las diversas luchas que defienden los territorios en contra de todo tipo de atropellos, como los que desatan los extractivismos contra los derechos de la Madre Tierra, los patriarcalismos contra los derechos de las mujeres, los colonialismos contra los derechos de los pueblos, las explotaciones contra los derechos de los trabajadores y los campesinos. Tenemos que levantar una y otra vez la dignidad y la irreverencia frente al poder… sin descuidar nunca la vocación utópica de futuro para construir horizontes esperanzadores.

Cristalizar en la práctica esta Constitución nos demanda una amplia labor pedagógica para que los derechos consagrados en el texto sean conocidos y apropiados por toda la sociedad. Asumamos su texto como un punto de partida y a la vez de llegada, transformándolo en bandera e instrumento de lucha, propiciando la ampliación de derechos y garantías para su cumplimiento, proyectándola como base para una profunda transformación. En definitiva, asumamos la Constitución de Montecristi como la base de un gran Acuerdo Nacional.

Colectivos ciudadanos y populares que impulsaron la gran minga democrática del 16 de NOviembre del 2025

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