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jueves, marzo 5, 2026

LA FALACIA DEL MESTIZAJE Y SU FORMA COLONIZADORA – Atawallpa Oviedo

06 septiembre 2025
Atawallpa Oviedo Freire
Introducción
Con frecuencia se nos repite que América Latina es fruto de una hibridación o mestizaje cultural. Esta idea, instalada como discurso oficial, busca presentar el encuentro entre Europa y Abya Yala como una fusión armónica de mundos. Sin embargo, esa narrativa es engañosa.
La llamada “hibridación” solo puede darse entre culturas con ontologías similares, es decir, entre formas de comprender la vida que dialogan en un plano de equilibrio. Cuando dos culturas son profundamente disímiles, lo que ocurre no es hibridación sino asimilación o absorción por parte de la cultura dominante. En otras palabras, lo que se produjo en Abya Yala no fue mestizaje cultural sino un proceso de aculturación forzada.
El mestizaje, tal como se nos enseña, es un concepto colonial: una ficción política e ideológica que buscó legitimar la conquista y la subordinación. Bajo esa categoría se ocultó la violencia de la invasión y se diluyó la memoria de los pueblos originarios en una falsa idea de fusión y armonía.
Lo instrumental y lo ontológico
Una cosa es utilizar herramientas y otra muy distinta es asumir concepciones ontológicas.
Si usas la cruz como adorno pero mantienes tu espiritualidad andina, no has sido colonizado; si en cambio adoptas la cruz como símbolo de fe en un dios cristiano, sí lo has sido.
El error grave ha sido confundir lo instrumental con lo ontológico. Las herramientas son neutras: lo que define la colonización es el uso y el sentido que les damos desde nuestra cosmovisión y filosofía.
La estrategia colonial: del intercambio a la cooptación
La Europa monárquica desplegó una táctica precisa. En una primera fase, presentó el contacto como intercambio cultural: curiosidad, apertura, aparente reconocimiento del otro, incluso otorgando títulos nobiliarios y cargos especiales a algunos líderes. Pero esa apertura inicial derivó rápidamente en cooptación y domesticación, imponiendo lenguas, religiones, instituciones políticas y modos de vida. Por ello, a los 30 años de apenas llegados los invasores se activó el Taki Onkoy, llamando a re-existir las tradiciones que se iban extinguiendo rápidamente, especialmente las espirituales.
El mestizaje fue entonces una herramienta para diluir identidades originarias, romper continuidades históricas y reemplazarlas por un relato único centrado en Europa. La colonización no solo se impuso en lo material, sino también en lo simbólico, afectando profundamente la manera en que los pueblos se pensaron a sí mismos.
Sabemos, que luego de 500 años, la Amerindia hoy es una minoría extrema. La mayoría de la población de origen indígena ha sido colonizada en su mentalidad y forma de vida. Aun así, esa minoría es semilla: porta la continuidad de proyectos iniciáticos gestados durante miles de años antes de la llegada europea.
La tarea histórica: extirpar las concepciones coloniales
Nuestra responsabilidad histórica no es reformar instituciones coloniales con pequeños maquillajes —ya sea desde la derecha o desde la izquierda—, sino expulsar de nuestra mente y de nuestra vida las creencias coloniales que nos atan a un destino ajeno.
Para ello necesitamos una extirpación de las concepciones idolátricas eurocentradas que todavía habitan en nuestro pensamiento y en nuestras prácticas cotidianas. Solo así podremos emprender un cambio estructural profundo, y no una simple modernización de lo mismo.
Hacia un Pachakutik: el renacer de lo originario
La historia nos convoca hoy a iniciar un verdadero Pachakutik: un giro estructural que supere la imitación de las instituciones coloniales y recupere la sabiduría profunda de nuestras raíces.
No se trata de volver al pasado de manera romántica, sino de renovar la vida desde la memoria ancestral para proyectar un futuro propio, descolonizado y digno. Ese es el camino para sanar nuestra relación con nosotros mismos, con la comunidad y con la Madre Tierra.
Hoy el llamado es claro:
No podemos seguir celebrando un mestizaje que nos arrebató memoria y destino, ni repetir discursos que encubran la herida colonial.
Se trata de recordar quiénes somos.
De escuchar la palabra de los abuelos y abuelas.
De honrar la voz de la Madre Tierra.
De mirar el cielo con los ojos de nuestros ancestros.
El Pachakutik no es un sueño romántico. Es volver a sembrar la semilla de nuestras filosofías, encender el fuego de una espiritualidad propia y levantar un mundo donde lo humano y lo natural caminen juntos.
No somos huérfanos de la historia.
Somos herederos de culturas milenarias que aún laten en nuestra sangre, en nuestras lenguas, en nuestros rituales y en nuestra memoria.
Es tiempo de extirpar el pensamiento neocolonial y recolonizador, y permitir que florezca lo originario en nosotros.
No para repetir el pasado, sino para abrir caminos nuevos desde nuestras raíces.
Ese es el verdadero Pachakutik:
Un renacer.
Un giro profundo.
Una invitación a volver a ser plenamente lo que siempre debemos ser: hijos de la Pachamama y no sus propietarios.
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1 COMENTARIO

  1. Como siempre el autor se olvida de que los incas y también los aztecas y otros pueblos fueron a su vez colonizadores de los pueblos preincacicos, preaztecas y otros y no vinieron a convencerlos con banderitas de paz que se incorporen a sus respectivos imperios, usaron violencia extrema como se cuenta en el mito de Yahuarcocha el lago de sangre.
    Entiendo que le pesa a Oviedo que por cierto es también hijo del mestizaje como lo demuestra su apellido y el lenguaje en que escribe. Si escribiera en quechua también usaría el lenguaje de otros colonizadores anteriores.

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