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jueves, marzo 5, 2026

LA GENERACIÓN DE LOS SUEÑOS – Luis Ángel Saavedra

Carta pública a Jhoel Escudero y Alí Lozada (jueces constitucionales)

15 de julio 2025

Hubo un tiempo en que se soñaba y nos juntamos para soñar. Serán unos treinta años los que han pasado desde esos sueños; algunas de esas personas siguen soñando y peleando por los mismos sueños; algunas personas hicieron de la academia su trinchera de lucha, otras se mantuvieron en el seno de los movimientos sociales; algunas otras creyeron férreamente en un proyecto que prometía un cambio, otras se desviaron en el camino, dejándose cegar por un poder político efímero y otras simplemente se cansaron, prefiriendo alejarse de los problemas que genera la militancia en derechos humanos.

Algunos de esos sueños tuvieron su nido en la Red de Abogados/as por los Derechos Humanos. Eran jóvenes, quizá demasiado jóvenes, pero ahí se gestó la semilla de la que surgirían luego defensores y defensoras del pueblo, direcciones académicas en programas de formación en derechos humanos, jueces constitucionales, asesores gubernamentales y otro tipo de militancias que pugnan para que los derechos humanos sean un elemento que esté presente en el ejercicio del poder.

Ahí, por ejemplo, se forjó la primera propuesta de ley orgánica para la defensoría del pueblo, soñando con una institución independiente que sirva para defender los derechos de las personas, pero que lamentablemente se convirtió en un botín para la negociación política y, aun cuando hubo intentos de rescatarla con un militante histórico y luego con una mujer que fue parte de este mismo nido de sueños, definitivamente cayó en el ostracismo, ya sin que nada pueda moverla de los círculos del poder político y económico. Ojalá no sea para siempre.

Yo escuchaba sus debates. Algunas veces me pedían opinar desde mi condición de no abogado, pues solía salirme de la lógica legal y de la cuadratura de la ley para explicar una realidad que no alcanzaba a enmarcarse en las diatribas universitarias que se enseñaban en esos mismos años, pues esa Red la conformaban personas que recién salían del cascarón, como solían recordárselos con alevosía los viejos e históricos jurisconsultos, para evitar debates que ponían en tela de juicio las convicciones que, se suponía, debían ser inamovibles en el campo del derecho. 

Ustedes, estimados Jhoel y Alí, fueron parte de esos sueños que propugnaban el uso alternativo del derecho porque creían que la ley sirve más al poder victimario y que había que estirarla para que sirva más a la víctima a la que, esa misma ley, buscaba controlarla y silenciarla. Ustedes soñaban con un derecho que permita empoderar la buena justicia, que construya equidad y que reduzca los abismos sociales que ha creado la economía del poder que, desde ese entonces, ya buscaba el control de la institucionalidad para depredar y someter.

Quizá piensen que en ese entonces eran demasiado jóvenes como para entender los entresijos de la realidad, pero ahora es cuando se debe volver la mirada a los sueños originales, a los que dieron vida y enrumbaron sus primeros pasos. Hoy, ustedes son jueces constitucionales y entiendo que estarán presionados por el poder que intenta apoderarse de lo que parece ser el último resquicio de institucionalidad estatal.

Mucha gente piensa que la Corte Constitucional sucumbirá a las ambiciones del poder, y quizá tengan razón mirando a personajes como Nuques; pero el poder también tiene dudas sobre si podrá quebrantar la independencia de la Corte y alinearla con sus intereses. Quizá piensa que no podrá controlarla y ha ordenado a sus corifeos iniciar una campaña para definirla como una entelequia contraria al interés popular, creando imaginarios sociales y así tener el respaldo suficiente para, si no defenestrarla, al menos silenciarla y mantenerla en un limbo jurídico para eternas memorias.

Se ha generado una serie de normativas donde prevalece el capital por sobre lo humano, la depredación por sobre los derechos de la naturaleza, y un burdo esquema de control social que, más que brindar seguridad ciudadana, pretende controlar el pensamiento crítico y reprimir la expresión popular.

El tiempo y las aguas han querido que esa normativa vaya a estar en sus manos. ¿Qué harán ustedes? ¿Se mantendrán en las utopías de sus primeros sueños? ¿Dejarán que el poder nos arrebate los últimos derechos que aún nos cobijan?

Estoy consciente de que, si se mantienen de lado de la gente, en especial de aquellos sectores más empobrecidos y criminalizados, el poder usará todos sus instrumentos para tornarlos impopulares y destituirlos. Es un riesgo, pero ¿acaso no fue un riesgo el pensar diferente cuando apostaron a construir un nuevo derecho?

Estimados Jhoel y Alí, es hora de no tener miedo, de romper la lógica del poder y apostar decididamente por la democracia, la justicia y la equidad.

Un abrazo

Luis Ángel Saavedra

También militante de aquellos sueños y de aquella época

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PENSAMIENTO CRÍTICO
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