Gerard Coffey
30 de julio 202
La reciente carta de Marcela Aguiñaga (prefecta de Guayas), Pabel Muñoz (alcalde de Quito) y Paola Pabón (prefecta de Pichincha), dirigida hacia Rafael Correa, y filtrada a través del medio digital LaPosta, expone lo que todos sospechábamos, pero no podíamos confirmar: hay descontento y aprensión dentro de las filas de la Revolución Ciudadana (RC).
Al responder por su cuenta de X (Twitter), además de tachar de ‘traidor’ a la persona que filtró la carta, Rafael Correa expresó sorpresa, ya que en su opinión, ¿quién puede dudar de la RC? También declaró que todo se tiene que debatir casa adentro. Sin embargo, ahora resulta que algunas figuras prominentes del partido sí están dudando, y los motivos no son tan difíciles de discernir.
Perder tres elecciones presidenciales seguidas es cosa seria. Y hoy la RC tiene que enfrentar una situación muy distinta a la del pasado, cuando su bancada era fuerte y podía atenuar los impactos de proyectos neoliberales presentados los gobiernos de Lenin Moreno y Guillermo Lasso. El régimen de Daniel Noboa y su círculo es mucho más capaz políticamente – salto casi de la nada al control de la Asamblea – y además de los recursos del Estado, controla la narrativa política. Es un animal diferente, uno que se mueve con soltura en la selva política del país. Con todo, es difícil argumentar que todo vaya bien para la Revolución Ciudadana, y si bien las elecciones seccionales aún quedan lejos, los firmantes de la carta se muestran preocupados. Y con razón.
Viene una avalancha contra ellos y están inquietos, no solo por su futuro personal – lo que es entendible – sino también por el futuro del partido y de la gente que forma parte de este. Pero no todas las personas que serán afectadas por un posible derrumbe de la RC son miembros del partido mismo. Durante décadas, la RC ha sido la principal – no la única – representante de las aspiraciones de mucha gente, tanto de clase media como popular, lo que explica su capacidad de reunir votos a todo nivel. Y esta gente también importa.
Por tanto, la idea de que ‘todo se debe resolver dentro del partido’ es un error que simplemente confirma que el asunto aquí es quien tiene el control, porque ‘casa adentro’ es Rafael Correa quien ejerce el dominio. Claro está, hay discusión, pero al final todo depende del Mashi. Y en un debate más amplio, en uno que incluya sectores críticos de la RC, se puede perder control. Pero nadie quiere perder control, ni las y los firmantes de la carta, ni Rafael Correa, ni la gente que depende del partido por algún puesto en alguna institución, gobierno regional, consejo o lo que sea.
El problema para la RC es que en el contexto nuevo-actual ese control ya se está perdiendo, y sin un cambio la situación se va a empeorar. Entonces, si el objetivo es ganar y ejercer poder a favor de la gente y no solo a favor de las empresas y de la gente rica, no se puede ignorar los tres fracasos electorales seguidos. Seguir repitiendo lo mismo cuando no funciona es, para parafrasear al inefable Albert Einstein, una locura. Para enfrentar una nueva realidad, es decir el dominio de la ADN, son necesarias nuevas recetas.
¿Y qué significa una nueva receta? Primero, es esencial reconocer que lograron pintar a Rafael Correa como el diablo encarnado, y que lo hicieron con mucho éxito. Que en cierta medida la culpa haya sido del mismo Mashi, no es lo que importa en este momento. Lo que sí importa es que la situación difícilmente se va a revertir y que la presencia de Rafael Correa es cada vez más problemática. No creo que sea posible ganar en las urnas con el Mashi, y ganar es esencial si vamos a frenar los abusos y excesos de Noboa y su asesor el extremista Alberto Dahik, que expresó libremente su satisfacción con el despido de cinco mil servidores públicos, y la posibilidad de despedir a muchos más.
En esta coyuntura, solo veo tres escenarios posibles: Primero, la RC cambia de mando democráticamente y se amplía para incluir sectores críticos – con todas las complicaciones que eso implica – formando una suerte de frente amplio; segundo, hay una ruptura dentro del partido, y se forman grupos más pequeños y menos efectivos; y tercero, no pasa nada, la RC pierde control en todo nivel… y nos quedamos todos en la nada.
Al final, el debate sobre qué hacer no se puede controlar, porque está implicado un sector de la población mucho más amplio que los miembros del partido de la Revolución Ciudadana. A pesar de que Rafael Correa quisiera resolverlo todo puertas adentro, y mantener el control, la necesidad de contar con una fuerte y efectiva representación capaz de enfrentar a una derecha extrema pesa más que cualquier individuo.



Lo primero que hay que demostrar es que la RC es realmente de izquierda porque a mi me da la impresión de que lo único que tienen de izquierda son saberse de memoria las loas al “Che Guevara”.
Segundo es muy dudoso que “el objetivo es ganar y ejercer poder a favor de la gente y no solo a favor de las empresas y de la gente rica” como se refiere el articulista a la RC porque la RC simplemente en los 10 años de gobierno defendió a la gente rica pero a una gente rica diferente del grupo de Noboa y sus aliados y pretendió crear una nueva oligarquía y como es nueva es mas depredadora y delincuencial que la antigua.
Por tanto la RC ni es de izquierda ni defiende a los pobres y Noboa no es tampoco neoliberal (Dahik si es) porque ha subido los impuestos y despedir a 5000 funcionarios es mínimo. Por ahora, Noboa solo esta cumpliendo el recetario del FMI a lo cual se vio obligado por la insostenibilidad fiscal que dejo el gobierno de Correa.
Como conclusion una verdadera izquierda debe empezar desde cero y con cero afiliados o altos directivos de la RC.